Transición energética
Argentina suma renovables y baterías, mientras crece el desafío de transportar la energía
Un informe de la Fundación Torcuato Di Tella analiza la evolución del sistema eléctrico argentino y advierte que la capacidad de transmisión comienza a convertirse en un factor clave para incorporar nueva generación renovable.
El sistema energético argentino atraviesa una etapa de transformación en la que el crecimiento de la demanda, la incorporación de energías renovables y la necesidad de nuevas redes de transmisión avanzan al mismo tiempo.
La principal señal de alerta aparece en la infraestructura: cada vez existen más proyectos de generación, pero menos capacidad disponible para conectarlos al sistema.
El diagnóstico surge del último informe de la Fundación Torcuato Di Tella sobre acciones de descarbonización en el sector eléctrico, que registra una recuperación de la demanda y un avance sostenido de nuevas tecnologías de generación y almacenamiento.
En julio, la demanda eléctrica creció 1,3% interanual, impulsada principalmente por el consumo residencial y la gran industria. En cambio, la pequeña y mediana industria abastecida por distribuidoras continuó mostrando una caída.
La generación acompañó el aumento del consumo, aunque las importaciones desde países vecinos todavía representaron alrededor del 7% de la demanda total.
El límite está en la transmisión
Uno de los datos más relevantes del informe es la creciente dificultad para incorporar nuevos proyectos renovables a la red existente.
En la segunda ronda de 2026 del MATER, fueron adjudicados 230 MW en diez proyectos, entre iniciativas solares y eólicas. Sin embargo, el informe advierte que las posibilidades de sumar nueva generación están cada vez más condicionadas por la falta de ampliaciones en las líneas de alta tensión.
El Gobierno nacional comenzó a avanzar sobre este problema con la licitación del proyecto AMBA I, que contempla una inversión estimada en US$800 millones, 270 kilómetros de nuevas líneas y una estación transformadora en Plomer, provincia de Buenos Aires.
La obra aparece como una primera respuesta a una necesidad que excede al área metropolitana: una red más robusta será indispensable para que la nueva generación pueda llegar a los grandes centros de consumo.
El almacenamiento gana protagonismo
La transición energética incorpora además un nuevo actor: las baterías. Entre agosto y octubre se espera el ingreso al Sistema Argentino de Interconexión de 547 MW de nueva potencia entre renovables y almacenamiento, de los cuales 229 MW corresponden a sistemas BESS y 318,6 MW a generación solar y eólica.
El avance del almacenamiento puede contribuir a administrar mejor la intermitencia de las fuentes renovables y darle mayor flexibilidad al sistema.
El movimiento ya despierta interés inversor. MSU Green Energy, por ejemplo, obtuvo financiamiento por US$100 millones de bancos de desarrollo para proyectos que contemplan 182 MW solares y 150 MW de almacenamiento.
El desafío de infraestructura eléctrica también adquiere relevancia para las provincias productoras.
El crecimiento de Vaca Muerta y la expansión de la minería demandarán nuevas capacidades de generación y transporte. En el caso minero, distintos proyectos de cobre avanzan hacia etapas de construcción y requerirán soluciones energéticas de gran escala.
La conexión eléctrica de nuevos emprendimientos mineros ya comenzó a convertirse en una obra estratégica. El desarrollo de Los Azules, en San Juan, busca asegurar su abastecimiento desde Mendoza, mientras que otros proyectos trabajan en definir sus esquemas energéticos y financiamiento.
Para Argentina, el desafío es doble: producir más energía y contar con la infraestructura necesaria para llevarla hasta donde se necesita.
Un sistema en transformación
El informe también registra avances en nuevos modelos de comercialización de energías renovables distribuidas, con experiencias en Córdoba y Mendoza, mientras la electromovilidad comienza a ganar espacio en el transporte urbano.
En paralelo, los biocombustibles buscan ampliar su participación en el mercado y la minería de minerales críticos gana peso frente a la competencia internacional por recursos estratégicos.
En este escenario, energía, minería e hidrocarburos empiezan a compartir una misma necesidad: infraestructura.
Para Neuquén y la Patagonia, donde Vaca Muerta concentra buena parte del crecimiento energético argentino, el desafío representa también una oportunidad. La expansión de la producción requiere rutas, ductos y servicios, pero cada vez más también redes eléctricas capaces de acompañar una economía que busca producir más y diversificar sus exportaciones.
La transición energética, en definitiva, ya no pasa solamente por sumar megavatios renovables. El próximo salto dependerá de cómo Argentina conecte, almacene y transporte esa energía.