Matriz energética
Renovables en expansión: récord de generación y expectativas de inversión hasta 2027
Con más del 50% de la generación eléctrica proveniente de fuentes limpias en 2025, la Argentina atraviesa un punto de inflexión. El desafío ahora es destrabar las inversiones que definirán la próxima etapa del sector.
El año 2025 marcó un antes y un después para la matriz energética argentina. Según datos de CAMMESA, en octubre la generación renovable superó por primera vez el 50% del total nacional, alcanzando picos cercanos al 52% hacia noviembre.
El hito no solo consolida el peso de las fuentes limpias en el sistema eléctrico, sino que posiciona al país en un nivel histórico de integración renovable.
Este salto se explica principalmente por la maduración de los parques eólicos y solares instalados en la última década, junto con mejores factores de despacho y una mayor eficiencia operativa.
En paralelo, el sector cerró 2025 con fuertes señales de dinamismo: estimaciones oficiales y privadas proyectan inversiones por más de US$ 4.500 millones en nueva capacidad renovable para el período 2024–2026, con foco en proyectos eólicos en la Patagonia y solares en el NOA y Cuyo.
El crecimiento no es improvisado. Viene respaldado por años de desarrollo de proyectos, aprendizaje tecnológico y reducción de costos. A lo largo de 2024 y 2025 se reactivaron iniciativas que habían quedado en pausa, impulsadas por una mayor demanda corporativa de energía limpia, esquemas de abastecimiento privado y expectativas de mayor estabilidad macroeconómica.
Empresas industriales, grandes usuarios y desarrolladores comenzaron a cerrar contratos de abastecimiento renovable a largo plazo, reforzando un mercado que ya no depende exclusivamente de licitaciones públicas. Esta diversificación de la demanda se convirtió en uno de los motores silenciosos del crecimiento del sector.
A pesar de los avances, el desarrollo renovable enfrenta limitaciones estructurales que podrían frenar su potencial si no se abordan a tiempo. El principal cuello de botella sigue siendo la capacidad de transmisión eléctrica, insuficiente para absorber nuevos proyectos en regiones con alto recurso eólico y solar.
A esto se suma la necesidad de previsibilidad regulatoria, un reclamo persistente de los actores del sector, y la urgencia de avanzar en modernización tecnológica, especialmente en soluciones de flexibilidad de red y almacenamiento energético. En un sistema donde la oferta renovable crece más rápido que la infraestructura, estas tensiones se vuelven cada vez más visibles.
Las proyecciones sectoriales coinciden en que el bienio 2026–2027 será decisivo. Los especialistas anticipan una nueva fase del desarrollo energético argentino, marcada por tres ejes centrales:
- Obras de transmisión como condición indispensable para habilitar el ingreso de nuevos megavatios renovables.
- Actualización del marco normativo para sostener la confianza inversora y facilitar el financiamiento de proyectos de largo plazo.
- Integración progresiva de sistemas de almacenamiento, clave para acompañar el crecimiento de la energía solar y mejorar la estabilidad del sistema. Si bien comenzó en el segmento residencial, su adopción ya se extiende a parques e industrias y promete convertirse en una tendencia dominante.
“La agenda 2026–2027 estará definida por la ampliación de infraestructura y la modernización del sistema energético”, señalan analistas del sector. Solo así los anuncios de inversión podrán traducirse en capacidad instalada real.