Datos de la Secretaría de Energía
Energía y minería podrían generar hasta US$75.000 millones anuales en exportaciones hacia 2031
Las proyecciones plantean que el petróleo de Vaca Muerta, el gas natural licuado y el desarrollo de proyectos mineros podrían impulsar un salto exportador. El resultado, sin embargo, dependerá de inversiones, infraestructura y de que los beneficios se extiendan al resto de la economía.
Argentina podría multiplicar sus exportaciones de energía y minería hacia comienzos de la próxima década, de acuerdo con proyecciones oficiales de la Secretaría de Energía y estimaciones difundidas por empresas del sector.
El escenario combinado prevé ingresos anuales de entre US$70.000 millones y US$75.000 millones hacia 2031, aunque su concreción estará sujeta a la puesta en marcha de grandes proyectos y a inversiones en producción, transporte y procesamiento.
En energía, YPF planteó que las exportaciones podrían superar los US$50.000 millones anuales a partir de 2031. La estimación contempla un crecimiento de la producción de petróleo de Vaca Muerta y la incorporación progresiva de gas natural licuado (GNL).
Para sostener ese desarrollo, calcula inversiones acumuladas cercanas a los US$130.000 millones entre 2025 y 2031, destinadas a producción, ductos, terminales e instalaciones de GNL.
La minería también podría ampliar de manera significativa su aporte. Las proyecciones de la Secretaría de Minería citadas en el informe estiman exportaciones del sector por entre US$15.400 millones y US$18.500 millones hacia 2030. Para 2035, el rango asciende a entre US$36.000 millones y US$41.700 millones.
El crecimiento proyectado estaría impulsado principalmente por el litio y el cobre. Para este último, las estimaciones ubican las exportaciones entre US$4.600 millones y US$5.300 millones en 2030, y entre US$17.800 millones y US$18.700 millones en 2035. En el litio, calculan unos US$4.500 millones para 2030 y US$11.500 millones para 2035.
El oro tendría una trayectoria distinta: alcanzaría un pico estimado de US$5.700 millones en 2030 y bajaría a unos US$3.400 millones en 2035. La plata y otros minerales, en cambio, pasarían de alrededor de US$600 millones a US$2.600 millones en el mismo período.
Las cifras están condicionadas, especialmente, por la entrada en producción de grandes proyectos de cobre y litio, además de la disponibilidad de infraestructura energética y de transporte. Por eso, se trata de escenarios posibles y no de resultados asegurados.
En 2025, Argentina exportó minerales por unos US$6.100 millones, equivalentes a aproximadamente US$131 por habitante, según los datos del documento. Si se cumpliera el escenario combinado para comienzos de la década de 2030, las exportaciones de energía y minería representarían entre US$1.500 y US$1.600 por persona.
La comparación internacional muestra, sin embargo, que ese nivel seguiría por debajo de los valores estimados para Chile, con unos US$3.160 por habitante en exportaciones mineras; Arabia Saudita, con US$6.100 en petróleo; y Australia, con US$9.100 en recursos y energía.
El informe advierte que las categorías no son equivalentes y que la comparación sirve para observar órdenes de magnitud, no como una medición contable directa.
Un aumento de las exportaciones podría fortalecer la disponibilidad de divisas, la inversión y la recaudación. Pero esos efectos no se traducen automáticamente en mejoras de ingresos o una reducción de la pobreza. Su alcance dependerá de la creación de empleo, la productividad, la infraestructura y los vínculos con proveedores locales, además del desarrollo de otros sectores de la economía.
El caso de Arabia Saudita también requiere matices. El país generó una renta petrolera elevada por habitante y, al mismo tiempo, incorporó millones de trabajadores extranjeros.
Argentina enfrenta otra escala demográfica: tiene más de 46 millones de habitantes y el desafío de transformar la expansión de sus recursos en oportunidades y productividad para su población.
El potencial exportador, así, abre una oportunidad de cambio estructural, pero el impacto social dependerá de cómo se distribuya y se articule la nueva riqueza con el resto de la economía.