Panorama político de Vaca Muerta
Vaca Muerta en el mapa del caos: cómo la crisis de Medio Oriente redefinió el valor estratégico de la cuenca
El conflicto profundizó el imponderable político sobre el abastecimiento global. El mundo necesita garantías de aprovisionamiento de petróleo y gas. El aval legislativo al acuerdo Neuquén-YPF para el GNL apuntala la apuesta exportadora de los no convencionales.
A finales de febrero pasado el conflicto en Medio Oriente volvió a escalar con ataques sobre infraestructura estratégica y restricciones de transporte. El mercado energético global tardó apenas horas en reaccionar. Las principales entidades financieras revisaron al alza sus proyecciones para el petróleo y algunas llegaron a contemplar escenarios en los que el barril de Brent alcanzaría los USD 150 durante 2026.
La dinámica previa llevaba a varios organismos a anticipar una sobreoferta global que presionaría los precios hacia abajo (la IEA estimaba un exceso de hasta 4 millones de barriles por día sobre la demanda, y se proyectaba un Brent promedio de cerca de USD 58 por barril). El presupuesto de Neuquén, de hecho, se proyectó con un barril por debajo de 60.
La guerra lo cambió todo, al menos por un tiempo.
Y para Vaca Muerta, el momento llegó en un contexto favorable. Argentina había alcanzado en enero un nuevo máximo histórico en producción de petróleo con 882.200 barriles diarios, un incremento del 16,5% interanual, con Vaca Muerta creciendo un 35,5% en términos interanuales. Y la curva no se detuvo: en mayo de 2026, Neuquén volvió a correr su propio techo y llegó a 634.802 barriles diarios, su mayor registro en más de 100 años de historia petrolera provincial, con Vaca Muerta explicando el 97% de ese volumen y casi el 72% del total nacional.
Con el mercado interno abastecido y exportaciones ya consolidadas por encima de los 300.000 barriles diarios, cada dólar de suba en el Brent se tradujo casi de inmediato en divisas.
Según las primeras estimaciones, la suba de precios permitió elevar la previsión de la balanza comercial energética para 2026 a un piso de USD 10.000 millones, con potencial de sumar entre USD 800 y USD 1.300 millones adicionales por cada USD 10 de incremento en el barril.
El dato más revelador llegó con los números de mayo: Neuquén exportó USD 1.037 millones en ese mes. En el acumulado enero-mayo, la provincia sumó USD 3.450 millones, equivalentes al 8,55% del total exportado por Argentina. Una provincia que sostiene ese volumen exportador apoyada casi por completo en un solo recurso, y que lo hace en un contexto de precios al alza por la crisis geopolítica, difícilmente pase desapercibida en el mapa energético global.
La desescalada diplomática -¿bélica tambien?- entre Estados Unidos e Irán llegó con la misma velocidad que la escalada. El crudo retrocedió y volvió a la brecha de los USD 80 por barril, borrando parte del salto que lo había llevado por encima de 100.
Para Vaca Muerta, la reversión del precio abrió un contexto que el sector viene procesando desde hace meses: la cuenca puede ser competitiva con precios moderados; sostener el ritmo de expansión implica un desafío financiero que excede la cotización del barril.
La clave está en el acceso al crédito. Con un precio elevado, las compañías financian parte del salto que viene con caja propia. Con un precio más bajo, la ecuación se vuelve más dependiente del financiamiento (y la pregunta de dónde se obtiene ese crédito, a qué costo y con qué plazo, se vuelve tan relevante como el valor del Brent).
Aun así, un Brent en torno a los USD 75 para el resto del año implica un nivel que representa una señal positiva tanto para la rentabilidad de la cuenca como para el ingreso por exportaciones. En gobierno provincial afirman que los 70 dólares por barril implican un valor con el que se siente “cómodo”.
La volatilidad implica también un empuje adicional al posicionamiento previo del shale argentino. Cuando al mercado le “duelen” los daños en infraestructura energética, bloqueos marítimos o cortes de suministro en Medio Oriente, los productores alternativos ganan relevancia estratégica.
Por eso Vaca Muerta dejó de ser solo una historia de producción para convertirse en un argumento geopolítico: transita el camino para consolidarse como un proveedor confiable, con crecimiento sostenido, alejado de las zonas de conflicto y con capacidad de respuesta rápida ante disrupciones globales.
La respuesta institucional
Mientras el mercado dirige la volatilidad de precios, Neuquén tomó esta semana una de esas decisiones que pueden marcar parte de su historia económica. Y la del país.
La Legislatura aprobó por 27 votos contra 8 la ley 3566, que avala el acuerdo entre la provincia e YPF para el desarrollo de Gas Natural Licuado. El proyecto contempla una inversión de USD 25.000 millones, cinco áreas no convencionales en Cutral Co y Plaza Huincul como fuente del gas, estabilidad fiscal por 30 años y un esquema de regalías escalonado -entre el 7,5% y el 12%- según el precio internacional del GNL.
La decisión se venía gestando desde hace meses y es un paso clave para el salto del gas no convencional hacia el Atlántico de Río Negro. El crudo puede subir y puede bajar, pero el gas natural licuado puede marcar la presencia de más largo plazo para Vaca Muerta en el mercado mundial. El primer barco con GNL argentino está previsto para 2027 en el contexto del proyecto de Southern Energy.
Vaca Muerta completa en tiempo récord el salto de ser una historia de producción a convertirse en una plataforma exportadora de escala global. Y ese posicionamiento, más que cualquier precio puntual del barril, es lo que está definiendo el valor de largo plazo del shale neuquino.