Anuario 2025

El bioetanol en 2025: exportaciones en alza y desafíos pendientes en el mercado interno

Con exportaciones en niveles récord, pero con una elevada capacidad ociosa y un marco regulatorio sin cambios, el bioetanol cerró el último año mostrando el contraste entre su potencial productivo y las restricciones del mercado interno.

El bioetanol en 2025: exportaciones en alza y desafíos pendientes en el mercado interno
Las exportaciones de bioetanol crecieron un 55% en el 2025.
Las exportaciones de bioetanol crecieron un 55% en el 2025.

En un mapa regional que apuesta por la transición energética y el valor agregado en origen, la Argentina parece haber puesto el freno de mano al desarrollo de sus biocombustibles, y alarga una reforma legislativa que la industria afirma podría destrabar inversiones millonarias, mayor sustitución de importaciones, mano de obra y un agregado de valor en origen a la producción de las economías regionales.

El reciente Anuario 2025, elaborado por la Cámara de Bioetanol de Maíz y el Centro Azucarero Argentino, reveló una paradoja que ubica al país que supo liderar la vanguardia de los biocombustibles en un lugar rezagado respecto de sus vecinos, que aceleran la transformación de sus matrices productivas.

Mientras las rutas paraguayas y bolivianas ven circular vehículos con mezclas que oscilan entre el 25% y el 30% de bioetanol, y Brasil consolida su esquema de flexibilidad total (flex-fuel) con cortes que llegan al 50%, la industria local permanece encorsetada en un 12% (E12). Esta diferencia, entienden, es una brecha de competitividad que se traduce en dólares que se gastan en importaciones y oportunidades que se pierden en la industrialización de recursos.

Las cifras de 2025 muestran que la producción se mantuvo en torno a los 1,3 millones de m³ anuales, un número que oculta un síntoma de estancamiento. El dato más revelador es la capacidad ociosa, ya que el sector tiene un 25% de su infraestructura instalada sin utilizar. Esto significa que una cuarta parte de las fábricas en Córdoba, Tucumán y Santa Fe está “parada” simplemente porque no existe la demanda legal que permita inyectar ese combustible en el mercado interno.

En términos de precios, el mercado mostró una madurez a lo largo del año y el litro de bioetanol promedió los US$0,63, registrando una leve baja respecto del ejercicio anterior. Esta eficiencia de costos permitió que, ante la falta de tracción doméstica, el sector buscara aire en el exterior y las exportaciones crecieran un 55% en 2025, alcanzando un récord histórico de 130.000 m³.

Sin una norma que garantice un aumento progresivo del corte (el solicitado E15 o E20), los proyectos de expansión quedan en carpetas. El reclamo de las refinadoras es que, en un país necesitado de divisas, se sigan importando naftas con un gasto estimado en US$410 millones anuales, que podrían haberse ahorrado solo con subir tres puntos el corte, además de dar previsibilidad a una industria que procesa maíz y caña argentinos.

Uno de los puntos más disruptivos del informe es el rol del bioetanol como sostén de la estructura de costos de las refinadoras. A menudo presentado como un “gasto” para el sistema, el bioetanol es, en realidad, el socio que subsidia la eficiencia petrolera.

Gracias a su alto octanaje (capacidad antidetonante), el bioetanol reemplaza aditivos importados y altamente contaminantes como el tolueno o el MTBE. El análisis financiero es contundente al señalar que durante 2025, las petroleras compraron bioetanol por US$755,5 millones. Si hubieran tenido que utilizar tolueno para lograr el mismo octanaje en sus naftas, habrían tenido que gastar US$1.992 millones.

En términos netos, el bioetanol les ahorró US$1.236,6 millones en costos de producción. Es una transferencia de eficiencia de la agroindustria hacia el sector hidrocarburífero que rara vez se menciona en el debate público, se destaca en la industria de los biocombustibles. Sin el aporte del campo y las destilerías de maíz y caña, el precio del combustible en el surtidor sería sensiblemente más alto o la calidad del producto, muy inferior.

La parálisis legislativa

Más allá del récord exportador, la industria sabe que no se puede vivir solo de los saldos exportables si el mercado interno no ofrece un horizonte de crecimiento. En ese sentido, 2025 será recordado por el sector como el año de la oportunidad perdida. El intento por modernizar la legislación vigente, hoy percibida como un marco regulatorio agotado, fracasó en el Congreso y la falta de una nueva ley que desregule el mercado y fomente la competencia dejó las inversiones en stand by.

La cuestión legislativa volvió a postergarse el último año, a pesar de contar con un proyecto impulsado por las provincias productoras, encolumnadas en la denominada Liga de Provincias Bioenergéticas —Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Salta, Santa Fe y Tucumán—, que apunta a un mercado más dinámico que complemente el avance del desarrollo de los hidrocarburos desde Vaca Muerta.

Esa propuesta legal busca incrementar de forma escalonada los porcentajes de mezcla de biodiésel y bioetanol, habilitar motores flex y kits de conversión, y permitir la libre comercialización por encima de los cortes mínimos. También se propone reemplazar los cupos y precios regulados por un esquema de licitaciones transparentes entre privados, para mejorar la competitividad del sector.

El Gobierno nacional también contrapuso su postura y, a fines de año, presentó los primeros lineamientos de un proyecto de consenso para modificar la Ley 27.640 del régimen de promoción de los biocombustibles. La iniciativa busca redefinir el marco regulatorio con el objetivo de generar certidumbre, crecimiento y evolución del sector mediante una transición gradual y un mercado de libre comercialización.

Sin embargo, para el Gobierno un punto clave es el costo fiscal de las iniciativas presentadas en el Parlamento. Los proyectos proponen incrementos de corte de hasta el 18% y la aplicación de mecanismos de determinación de precios con referencia a paridad de importación, aspectos que son objetados por la Secretaría de Energía, desde donde advierten que los biocombustibles podrían ser hasta 2,2 veces más caros que sus alternativas fósiles.

Llevar el corte de biodiésel al 18% generaría, según el Gobierno, un incremento de hasta el 10% en el precio del surtidor de manera inmediata. Ese aumento tendría un impacto directo en la logística del transporte, los bienes de consumo y la industria, afectando al conjunto de la economía.

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