Transición energética
Las refinerías de América Latina aceleran su reconversión hacia los biocombustibles de segunda generación
El co-procesamiento de materias primas residuales en infraestructuras existentes se consolida para abastecer la demanda de la minería y la aviación. En la Argentina, las empresas ya inician estudios de factibilidad para sumarse a esta tendencia regional.
Las refinerías de la Argentina y del resto de la región están registrando un cambio de paradigma industrial impulsado por la necesidad de reducir las emisiones de carbono en sectores donde la electrificación total todavía resulta inviable.
La transición hacia combustibles de segunda generación, como el diésel renovable (HVO) y el combustible de aviación sostenible (SAF) es una oportunidad de aprovechar la infraestructura de hidroprocesamiento ya instalada para procesar aceites residuales y biomasa.
De acuerdo con el estudio “Biocombustibles y su adopción en las refinerías de Latinoamérica”, elaborado por Boston Consulting Group (BCG), esta transformación se basa en una decisión estratégica que une la disponibilidad de materias primas con una demanda industrial concreta.
El informe destaca que en América Latina existen al menos 24 refinerías que operan o cuentan con proyectos anunciados para la producción de estos combustibles verdes.
Con una proyección de crecimiento regional cercana al 12% anual para estos combustibles, se espera que hacia 2030 la producción alcance los 40 mil barriles diarios. El desafío para países como la Argentina, destacó el trabajo, será consolidar sus marcos regulatorios y técnicos para no quedar rezagados en una carrera de reconversión hacia una matriz energética más limpia.
La tendencia dominante en el continente es el co-procesamiento, una técnica que permite integrar moléculas de origen renovable dentro de las cargas fósiles tradicionales.
Según explica Camila Apablaza, principal de BCG, esta modalidad representa el camino más eficiente para las compañías del sector: “Para las refinerías, este enfoque de co-procesamiento es el camino más rápido y con menores requerimientos de capital. Permite incorporar moléculas renovables y rentabilizar activos que, de otro modo, quedarían subutilizados ante la futura caída de la demanda fósil”.
Esta vía evita la necesidad de construir nuevas plantas desde cero, un proceso que podría demorar hasta una década, y permite adaptar unidades de hidrotratamiento existentes con inversiones significativamente menores y plazos de ejecución más breves.
El resultado es una aceleración en el time-to-market de productos que responden a las exigencias de sostenibilidad de grandes consumidores, principalmente de las industrias minera y aeronáutica.
El informe de BCG resalta la naturaleza pragmática de esta tecnología frente a otras alternativas: “A diferencia de otras tecnologías de descarbonización aún lejanas, como el hidrógeno verde o la electrificación total de equipos pesados, los biocombustibles drop-in responden a una demanda concreta y de corto plazo en sectores difíciles de electrificar”.
Esto es particularmente relevante en la minería, donde las empresas buscan soluciones compatibles con sus motores actuales, y en la aviación, presionada por compromisos internacionales como el esquema CORSIA, (Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation) que es un mecanismo global diseñado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) para abordar el crecimiento de las emisiones de bióxido de carbono en la industria aerocomercial.
La situación en la Argentina y la región En la Argentina, el avance hacia los biocombustibles avanzados se encuentra en una etapa de análisis estratégico y factibilidad técnica.
La compañía Pan American Energy (PAE) lidera estos esfuerzos en su refinería de Campana, donde realiza estudios preliminares para la producción de SAF. Se estima que esta planta podría alcanzar una capacidad potencial cercana a los 2.000 barriles diarios (kbpd), enfocándose actualmente en los análisis de viabilidad económica que permitan concretar la inversión en el mediano plazo.
YPF impulsa en la ciudad santafesina de San Lorenzo un proyecto centrado en la creación de la empresa Santa Fe Bio tras un acuerdo estratégico con la firma estadounidense Essential Energy.
Con una inversión aprobada de US$ 400 millones, la iniciativa busca reactivar y reconvertir la histórica refinería -inactiva desde 2018- en una biorrefinería destinada principalmente a la producción de combustible de aviación sostenible (SAF) y diésel renovable (HVO).
A nivel regional, el ritmo de adopción es heterogéneo. En Brasil, considerado el mercado más maduro, se concentra más de la mitad de las refinerías operativas o anunciadas en América Latina que producen diésel renovable y SAF, combinando adaptación de activos existentes con proyectos greenfield.
Allí, Petrobras ya produce comercialmente Diesel R en su refinería REPAR utilizando tecnología propia (H-Bio), integrando aceites vegetales y grasas a la carga fósil.
En México, con una nueva Ley de Biocombustibles promulgada en 2025, el país busca priorizar el uso de residuos para evitar la competencia con la industria alimentaria, aprovechando además su acceso preferencial al mercado estadounidense a través del T-MEC.
Pero ese mercado mantiene una ventaja competitiva clave, ya que bajo el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) mantiene su acceso preferencial a sus socios, mientras que sus vecinos del sur podrían verse obligados a redirigir sus productos hacia Europa, Asia o sus propios mercados internos.
En Bolivia, un país que busca sustituir importaciones, YPFB en la Refinería Guillermo Elder Bell, Santa Cruz, puso en operación la Planta de Biodiesel I, en marzo de 2024. A septiembre de ese año, ya había producido más de 5,9 millones de litros, utilizando grasas animales, aceite de cocina usado (UCO) y aceites vegetales, siendo uno de los focos para reducir importaciones de diésel fósil.
En Chile, la estatal ENAP realizó en la Refinería Aconcagua un piloto que validó la viabilidad técnica y económica del modelo, co-procesando 350.000 litros de aceite de cocina usado (UCO) para producir diésel renovable (HVO).
A futuro, ENAP se perfila como el comprador natural de UCO a escala país, mientras actores privados optarían por importar el combustible final. Finalmente, en Colombia, la emprsa Ecopetrol ejecutó pruebas piloto de combustible de aviación sostenible (SAF) en la refinería de Cartagena (0,06 kbpd).
La compañía proyecta escalar el coprocesamiento en Barrancabermeja hasta 6.000 barriles diarios hacia 2030, manteniendo una estrategia gradual. Un factor determinante para el éxito de esta industria es el acceso a materias primas como el aceite de cocina usado (UCO).
El informe señala que, aunque existe una alta disponibilidad en la región, gran parte de estos insumos se exportan actualmente a mercados como Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el escenario comercial está cambiando. A partir de 2025, Estados Unidos impuso aranceles de hasta el 50% a exportadores clave como Brasil.
Esta medida reconfigura los flujos globales y otorga un nuevo valor al procesamiento local de los insumos, para lo cual la transformación de las refinerías en América Latina se está consolidando como una decisión industrial y comercial basada en demanda real y activos existentes.