Inversión global

China redobla su apuesta energética en los países emergentes

Mientras la inversión global en energía crece de forma desigual, el país asiático se consolida como uno de los principales financiadores de proyectos energéticos en economías emergentes, según la Agencia Internacional de Energía.

China redobla su apuesta energética en los países emergentes
Desde 2015 se comprometieron más de US$ 55.000 millones anuales para proyectos energéticos
Desde 2015 se comprometieron más de US$ 55.000 millones anuales para proyectos energéticos

La inversión mundial en energía superó los US$3,3 billones en 2025, pero el flujo de capital sigue mostrando fuertes desequilibrios. Los países emergentes y en desarrollo —excluida China— captaron el 27% de la inversión energética global y solo el 18% del gasto en energías limpias, a pesar de concentrar casi dos tercios de la población mundial y gran parte de la futura demanda energética.

En ese escenario que revela la Agencia Internacional de Energía (AIE), China mantiene un rol central como financiador clave de proyectos energéticos en economías emergentes, tanto por el volumen de inversión doméstica como por su creciente despliegue de capital en el exterior.

Desde 2015, las instituciones oficiales chinas comprometieron en promedio más de US$ 55.000 millones anuales para proyectos energéticos en estos países, un monto equivalente a cerca del 8% de toda la inversión global en energías limpias destinada a mercados emergentes.

Históricamente, ese financiamiento estuvo dominado por bancos de política estatal y actores soberanos que otorgaban principalmente deuda y, en algunos casos, subsidios directos. Sin embargo, el esquema comenzó a cambiar en los últimos años.

Tras la caída provocada por la pandemia, los compromisos financieros volvieron a crecer, aunque con una reducción marcada del crédito de los bancos de desarrollo y un giro casi total hacia tecnologías limpias.

En paralelo, empresas estatales, bancos comerciales públicos y agencias de crédito a la exportación asumieron un rol más activo, con instrumentos cada vez más sofisticados. Aumentaron las inversiones de capital, las garantías y los esquemas de reparto de riesgos, lo que refleja un modelo más competitivo, aunque todavía fuertemente guiado por el Estado chino.

Este cambio no implica un retiro de China del financiamiento energético internacional, sino una adaptación a nuevas condiciones domésticas y globales. Para los países emergentes, el nuevo patrón abre oportunidades relevantes —como mayor participación accionaria y esquemas más flexibles— pero también desafíos, especialmente por la menor disponibilidad de financiamiento concesional o de largo plazo.

El informe analiza esta transformación a partir de una base de datos sectorial que cubre el período 2015–2024, y examina cómo el modelo chino está redefiniendo los instrumentos financieros, las instituciones involucradas y la asignación regional del capital. También evalúa las implicancias estratégicas para la transición energética en los países en desarrollo.

Un ejemplo concreto de esta dinámica es el proyecto de waste-to-energy (WTE) de Palembang, que muestra cómo la creciente competencia dentro del mercado chino de tratamiento de residuos impulsa a las empresas líderes a buscar oportunidades en el exterior. La firma estatal Zhejiang Energy Jinjiang Environment, que opera 27 plantas WTE en China, es una de varias compañías que expanden su presencia internacional.

En 2024, una directiva del Consejo de Estado alentó a las empresas chinas de tratamiento de residuos a “salir al mundo”, alineando sus capacidades industriales con los objetivos de desarrollo verde de los países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Para mediados de 2025, empresas chinas participaban en 43 proyectos WTE en 13 países, con 16 nuevas iniciativas lanzadas solo en el primer semestre del año.

El Sudeste Asiático se consolidó como una región prioritaria, favorecida por esquemas tarifarios más previsibles y la urgencia por reducir la dependencia de rellenos sanitarios. Al mismo tiempo, comienzan a surgir oportunidades en Asia Central y Medio Oriente.

Para los países emergentes, el caso Palembang demuestra que la conversión de residuos en energía puede complementar de manera efectiva a las energías renovables tradicionales, especialmente en mercados con redes eléctricas limitadas y crecientes desafíos ambientales.

También evidencia que la combinación de financiamiento bancario de largo plazo con seguros de riesgo respaldados por Sinosure puede hacer viables asociaciones público-privadas en mercados con poca experiencia previa.

Más allá del proyecto puntual, el modelo refleja una característica distintiva del enfoque chino: la integración de inversión, ingeniería, provisión de equipos y seguros de crédito en un mismo esquema. Esa coordinación reduce riesgos, acelera los cierres financieros y ofrece un modelo replicable para ciudades que enfrentan simultáneamente presiones energéticas y ambientales.

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