Carrera por el LNG
Vaca Muerta mira al Permian: menos desarrollo, más potencial y una ventana global inédita
En un webinar de la Argentina-Texas Chamber of Commerce, expertos señalaron que la Argentina gana terreno en el tablero energético global y se posiciona como nuevo jugador clave en el negocio del gas natural licuado.
La Argentina empieza a capitalizar el nuevo desorden energético global. Impulsada por tensiones geopolíticas y cuellos de botella en la oferta de gas natural licuado (GNL), Vaca Muerta se posiciona como uno de los polos con mayor potencial de crecimiento fuera de Estados Unidos y comienza a achicar la brecha con la cuenca del Permian Basin.
Esa fue la principal conclusión del webinar “Vaca Muerta Outlook in the New Global Landscape”, organizado por la Argentina-Texas Chamber of Commerce (ATCC), donde Ernesto Diaz, vicepresidente senior para América Latina de Rystad Energy, trazó un escenario en el que la disrupción global abre una ventana inédita para el país.
El punto de partida es la crisis en el mercado de GNL. A diferencia del petróleo donde la infraestructura global se mantiene relativamente estable, los daños en instalaciones clave de exportación, especialmente en Qatar, podrían restringir la oferta durante años.
En ese contexto, Argentina aparece como un beneficiario directo: menos competencia global implica mejores condiciones para avanzar con contratos de exportación y decisiones finales de inversión en proyectos de licuefacción.
Con ese contexto de fondo, las proyecciones son agresivas. Según Rystad, la producción en Vaca Muerta crece a tasas de entre 26% y 31% anual desde la pospandemia.
Para fines de la década, el shale argentino podría alcanzar entre 1,2 y 1,4 millones de barriles diarios de petróleo, con escenarios optimistas que lo elevan hasta 1,8 millones.
En gas, el país se encamina a liderar ampliamente la producción regional y a convertirse en exportador relevante de GNL, con una capacidad potencial de hasta 30 millones de toneladas anuales en diez años.
Pero el salto no está garantizado. El principal cuello de botella es la escala operativa. Para sostener ese crecimiento, la industria deberá ampliar la cantidad de equipos de perforación, incrementar los sets de fractura y, sobre todo, expandir la infraestructura de transporte.
En ese esquema, el proyecto VMOS aparece como clave para destrabar la evacuación de crudo, mientras que también será necesario triplicar la capacidad de procesamiento de líquidos de gas.
Aun así, el diferencial estructural juega a favor de Argentina. Mientras el Permian ya perforó más del 30% de su inventario de pozos, Vaca Muerta apenas desarrolló cerca del 8%, lo que la ubica en una etapa temprana pero con amplio margen de expansión.
Esa “juventud” del recurso, combinada con mejoras en productividad que ya superan en términos normalizados a pozos estadounidenses, es lo que explica por qué empieza a ser vista como un competidor real.
El trasfondo es más amplio: el reordenamiento energético global está generando nuevos ganadores. Y en ese mapa, la Argentina dejó de ser una promesa para convertirse en un actor en ascenso, con capacidad de disputar mercados tanto en petróleo como en gas.
El desafío ahora es político y financiero: sostener reglas de juego, garantizar infraestructura y asegurar inversiones. Si lo logra, Vaca Muerta podría no solo acercarse al Permian, sino consolidarse como uno de los motores energéticos clave de la próxima década.