Contexto climático
Argentina mantiene una postura prudente ante una COP30 marcada por la falta de acuerdos
Con una delegación reducida y sin definiciones claras sobre su compromiso ambiental, Argentina participa en la cumbre de Belém, que busca reimpulsar la agenda climática global en medio de tensiones geopolíticas y escaso liderazgo internacional.
Brasil es nuevamente epicentro del debate climático global. Del 6 al 21 de noviembre, la ciudad amazónica de Belém recibe la COP30, la conferencia de la ONU sobre cambio climático, con la presencia de unos cincuenta jefes de Estado y la ausencia de los principales líderes mundiales, entre ellos Estados Unidos y China.
En un contexto de lentitud en los compromisos internacionales y creciente escepticismo sobre la efectividad del multilateralismo, el anfitrión Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, pidió “una COP de la verdad” y llamó a redirigir los fondos del petróleo hacia energías renovables, en un intento por reposicionar a Brasil como referente ambiental.
“El conflicto en Ucrania revirtió años de esfuerzo para reducir las emisiones”, advirtió Lula, criticando la falta de coherencia entre el gasto militar y la acción climática. “No habrá seguridad energética en un mundo en guerra”, sentenció ante un auditorio que incluyó al secretario general de la ONU y líderes europeos.
Los expertos advierten que el límite de 1,5 °C de aumento global de temperatura ya está fuera de alcance, y pidió a los países “elegir entre liderar o ser llevados a la ruina”.
En ese escenario, Argentina adoptó una posición discreta. Pese a que inicialmente se había especulado con que el país no enviaría representantes, el gobierno de Javier Milei finalmente confirmó una delegación reducida, centrada en aspectos técnicos más que políticos.
“El año pasado la delegación argentina se retiró en medio de las negociaciones, pero esta vez envió una representación mínima”, explicó Joaquín Bernardis, analista del Observatorio de Política Internacional (UCSF), en diálogo con la prensa. “La posición argentina se alinea con la mirada escéptica de Estados Unidos, observando de reojo las negociaciones”, señaló.
Bernardis destacó que Argentina presentó recientemente su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), el plan climático que cada país debe actualizar cada cinco años, aunque con retraso respecto de los plazos fijados por Naciones Unidas. “De los 198 estados parte, solo 70 cumplieron en tiempo y forma. Esto demuestra una lentitud preocupante del sistema internacional”, afirmó.
En declaraciones recientes a la prensa francesa, el presidente argentino, Javier Milei, volvió a poner en duda la narrativa global sobre el cambio climático. “No es una posición en contra ni a favor. Primero los datos. Yo no hago política desde la emocionalidad”, dijo el mandatario, relativizando la urgencia de la agenda ambiental.
Expertos advierten que la COP30 llega sin un liderazgo global definido. Ni China ni Estados Unidos participaron de la cumbre de líderes previa, lo que debilitó el impulso político. “El gran problema es que no hay un líder que se haga cargo del costo político de encabezar la transición energética”, sostienen los expertos.
La reunión en Belém se desarrolla en medio de un “tira y afloje” entre el norte y el sur global: mientras los países desarrollados presionan por metas más estrictas de reducción de emisiones, las economías emergentes reclaman financiamiento internacional y reconocimiento de las “responsabilidades comunes pero diferenciadas”.
Lula propuso crear un fondo para bosques tropicales y otro que canalice parte de los ingresos del petróleo y el gas hacia energías limpias, en un intento por materializar la “justicia climática” que reclaman los países del sur.
Sin embargo, la falta de avances en los compromisos financieros asumidos en la COP29, y el bajo cumplimiento de las metas 2030, refuerzan la sensación de estancamiento. “Esta COP evidencia la lentitud del sistema internacional y la ausencia de un liderazgo real”, resumen los especialistas.