Transición energética
Latinoamérica: la capacidad instalada de almacenamiento de energía alcanza los 2,5 GW
Baterías y bombeo hidráulico lideran las soluciones actuales, aunque enfrentan desafíos técnicos y regulatorios.
América Latina y el Caribe (ALC) experimentan una acelerada incorporación de generación eléctrica basada en fuentes renovables no convencionales, principalmente solar y eólica, que aprovechan el abundante potencial energético de la región.
Sin embargo, estas tecnologías enfrentan un desafío inherente: su variabilidad, dado que producen electricidad solo cuando hay viento o sol.
Frente a esta realidad, el almacenamiento de energía se presenta como una solución imprescindible para garantizar un suministro continuo y eficiente.
Actualmente, la capacidad instalada de almacenamiento en la región alcanza los 2,5 GW, pero su desarrollo es aún desigual entre países.
La X Nota Técnica de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), titulada “Almacenamiento de Energía en América Latina y el Caribe”, ofrece un análisis exhaustivo de las principales tecnologías de almacenamiento, sus ventajas, costos y nivel de madurez.
Entre las tecnologías más difundidas en ALC destacan los Sistemas de Almacenamiento en Baterías (BESS), valorados por su modularidad, desarrollo tecnológico avanzado y reducción progresiva de costos.
En segundo lugar, aparece el bombeo hidráulico, más eficiente pero con mayores requisitos geográficos y costos de inversión, lo que limita su expansión en la región.
Otras tecnologías emergentes como el almacenamiento térmico, por volantes de inercia o gravitacional, aunque prometedoras, aún demandan mayor desarrollo. Además, se destacan el hidrógeno y el amoníaco de bajas emisiones, cuya aplicación abre nuevas expectativas para el sector energético regional.
El informe resalta que, salvo excepciones como Chile, Brasil y México —países donde el almacenamiento crece con rapidez— la mayoría de las naciones latinoamericanas aún enfrenta limitaciones técnicas, normativas y regulatorias para su desarrollo.
Para superar estas barreras, la nota técnica propone estrategias clave: diseñar políticas específicas, fomentar la inversión, impulsar la investigación, fortalecer las cadenas de valor locales y promover alianzas público-privadas. También se destaca la importancia del almacenamiento distribuido y las microrredes, especialmente para zonas rurales e insulares.
Dado que los sistemas eléctricos de los países de la región presentan condiciones muy diversas, el documento enfatiza la necesidad de realizar estudios técnicos y económicos que permitan dimensionar con precisión las demandas individuales de almacenamiento.
“El almacenamiento de energía debe ser entendido no solo como un soporte técnico para las renovables, sino como una herramienta estratégica para avanzar en la transición energética, garantizar la seguridad del abastecimiento y optimizar los recursos energéticos de América Latina y el Caribe”, conlcuye el informe.