Evaluación luego de la crisis en Ormuz
La AIE destaca que las reservas y nuevas fuentes de suministro evitaron una crisis mayor
La Agencia Internacional de Energía (AIE) aseguró que el sistema petrolero mundial logró amortiguar el impacto provocado por el casi cierre del estrecho de Ormuz gracias a una combinación de reservas estratégicas, nuevas rutas de exportación, aumento de la producción en otros países y una rápida adaptación de las refinerías internacionales.
En un informe especial, el organismo señaló que el conflicto iniciado el 28 de febrero en Oriente Medio provocó la mayor interrupción del suministro de petróleo registrada hasta la fecha. Desde entonces, el flujo de crudo a través del estrecho de Ormuz cayó desde aproximadamente 20 millones de barriles diarios hasta un promedio de apenas 2,7 millones entre marzo y mayo, mientras que las pérdidas acumuladas de producción de los países del Golfo ya superan los 1.300 millones de barriles.
La crisis generó fuertes alteraciones en el abastecimiento mundial no sólo de petróleo crudo, sino también de gas licuado de petróleo (GLP), combustibles para aviación, diésel y materias primas petroquímicas. Como consecuencia, el precio internacional del petróleo Brent llegó a superar los 144 dólares por barril durante los momentos de mayor tensión, más del doble del valor previo al conflicto.
Sin embargo, la AIE destaca que la situación comenzó a estabilizarse durante las últimas semanas gracias a la reducción de la demanda mundial y, principalmente, al acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán para avanzar hacia la reapertura del estrecho de Ormuz, un paso considerado clave para normalizar el comercio marítimo de hidrocarburos.
El informe revela que la incertidumbre provocó una importante desaceleración del consumo energético global. La AIE estima que durante el segundo trimestre de 2026 la demanda mundial de petróleo disminuirá cerca de cinco millones de barriles diarios respecto del mismo período del año anterior. En promedio, para todo el año la caída alcanzaría 1,1 millones de barriles diarios.
La proyección representa un cambio drástico respecto de las previsiones realizadas antes del conflicto. En febrero, la agencia esperaba que la demanda creciera unos 850.000 barriles diarios durante 2026.
La reducción del consumo obedeció tanto a menores niveles de actividad económica como a políticas implementadas por distintos gobiernos para disminuir el uso de combustibles y amortiguar el impacto del aumento de precios sobre hogares e industrias.
Las reservas estratégicas fueron decisivas
Uno de los principales factores que evitó una crisis de abastecimiento fue el elevado nivel de inventarios acumulados antes del inicio de la guerra.
La AIE recuerda que el mercado petrolero ingresó al conflicto con un importante excedente de oferta. Durante los doce meses previos la producción mundial había superado a la demanda, permitiendo elevar las reservas globales hasta unos 8.200 millones de barriles.
China desempeñó un papel central en ese proceso al incrementar fuertemente sus compras de petróleo durante 2025 para conformar grandes inventarios estratégicos. Posteriormente, entre febrero y mayo de este año redujo sus importaciones en un 40 %, equivalente a 4,6 millones de barriles diarios, contribuyendo a aliviar la presión sobre el mercado internacional.
Ante el agravamiento de la crisis, los países miembros de la Agencia Internacional de Energía aprobaron además la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas de su historia.
En apenas dos semanas desde el inicio del conflicto, el organismo acordó liberar 400 millones de barriles de petróleo. Durante mayo esa decisión aportó alrededor de 2,5 millones de barriles diarios adicionales al mercado internacional.
No obstante, la AIE aclaró que este mecanismo constituye únicamente una herramienta de emergencia y que la verdadera solución pasa por garantizar la reapertura plena y permanente del estrecho de Ormuz.
Nuevas rutas y mayor producción
El informe destaca la rápida reacción de los principales productores de Oriente Medio para mantener sus exportaciones.
Arabia Saudita incrementó significativamente el uso del oleoducto Este-Oeste que conecta sus campos petroleros con el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo, permitiendo elevar las exportaciones por esa vía desde dos hasta más de cinco millones de barriles diarios.
Los Emiratos Árabes Unidos también recurrieron a infraestructura alternativa, oleoductos y terminales ubicadas fuera del estrecho para sostener gran parte de sus exportaciones. Además, utilizaron nuevas rutas marítimas sobre la costa de Omán para mantener el flujo comercial.
En paralelo, productores de la Cuenca del Atlántico aumentaron rápidamente su oferta para abastecer principalmente a los mercados asiáticos.
Estados Unidos lideró ese proceso alcanzando exportaciones récord de 13,1 millones de barriles diarios entre petróleo y derivados durante mayo, un volumen casi 25 % superior al registrado un año antes. También incrementaron sus envíos Brasil, Kazajistán y Venezuela.
La industria mundial de refinación también respondió con rapidez para cubrir la escasez generada por la interrupción de las exportaciones de combustibles desde Oriente Medio.
Las refinerías estadounidenses registraron niveles históricos de producción de combustible para aviación, mientras que Europa alcanzó máximos históricos en ese mismo segmento para abastecer la temporada alta de vuelos.
Al mismo tiempo, la refinería Dangote, en Nigeria, incrementó considerablemente sus exportaciones de combustible para aviones hacia Europa, contribuyendo a evitar una crisis de abastecimiento.
Un mercado todavía bajo tensión
Pese a la mejora observada tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, la Agencia Internacional de Energía advierte que el mercado petrolero continúa atravesando una etapa de elevada incertidumbre.
El rápido consumo de reservas estratégicas y comerciales redujo significativamente el margen de respuesta ante nuevas interrupciones, especialmente de cara al aumento estacional de la demanda durante el verano del hemisferio norte.
Según el organismo, la crisis modificará de manera duradera la estrategia energética de gobiernos y empresas. La diversificación de proveedores, el desarrollo de nuevas infraestructuras, la búsqueda de rutas alternativas de transporte y el fortalecimiento de las reservas estratégicas aparecen ahora como prioridades para reducir la vulnerabilidad frente a futuros conflictos geopolíticos.
Para la AIE, la experiencia de los últimos cuatro meses demuestra tanto la resiliencia del sistema petrolero internacional como la necesidad de acelerar políticas que fortalezcan la seguridad energética en un escenario global cada vez más incierto.