Aporte para la generación eléctrica
Yacyretá retoma las obras de Aña Cuá y la primera turbina comenzará a funcionar en 2028
El Proyecto Aña Cuá, la ampliación de la central hidroeléctrica confirmada por la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), reinició sus obras tras casi dos años de paralizados los trabajos.
La continuidad de los trabajos se concretó tras la resolución de trámites administrativos y técnicos que habían demorado su avance y obligó a rediseñar el cronograma de puesta en marcha de la primera turbina, ahora previsto para 2028.
La reactivación de Aña Cuá, uno de los brazos del complejo hidroeléctrico construido sobre el Río Paraná, permitirá la incorporación de más de 270 megavatios (MW) de energía limpia al sistema eléctrico binacional.
Esta adición se traducirá en un 10% adicional de capacidad de generación para Yacyretá, y el aumento en la producción no solo fortalecerá la estabilidad del interconectado de ambos países, sino que también generará un significativo aporte financiero para la EBY.
La maquinización del brazo Aña Cuá contempla la instalación de tres turbinas tipo Kaplan, de eje vertical, de 90,20 Mw de potencia unitaria, un salto neto de 19,9 metros y generación anual total del orden de 2.000 GW/hora.
Es capaz de verter hasta 40.000 m3/s con el embalse a cota 84,5 metros sobre el nivel del mar, orientado de forma que disminuya en todo lo posible los daños en la costa norte de la parte occidental de la isla Yacyretá.
En este brazo del Paraná de 25 kilómetros y 2 de ancho, el vertedero de Aña Cuá mantiene el llamado “caudal ecológico”, para preservar la fauna ictícola. Cuenta con 16 compuertas radiales de 15 metros de ancho, 17,3 de altura y una longitud aproximada de 300 metros.
Es decir que por tratarse de un caudal ecológico -el cual no puede ser regulado sino que es de paso libre- el no aprovechamiento del mismo significó durante decadas la pérdida de cientos de millones de dólares en generación.
La Central Hidroeléctrica Yacyretá, núcleo de este proyecto, contemplaba en su diseño original el brazo Aña Cuá pero nunca llegó a concretarse. La obra tiene sus orígenes a principios de la década de 1970, aunque los estudios iniciales para el aprovechamiento del río Paraná en esa zona se remontan a mucho tiempo antes y la construcción comenzó recién en 1983 y culminó con su inauguración oficial en 1994.
Tras años de ampliación, puesta en marcha de todas sus unidades, y modernización parcial, actualmente opera con una potencia instalada de 3.100 megavatios (MW). Este complejo es responsable de un aporte fundamental a la estabilidad del sistema eléctrico interconectado, siendo una de las principales fuentes de energía para la Argentina y el Paraguay.
Los responsables del proyecto Aña Cuá, que en principio demandará en total una inversión de US$450 millones, señalaron que los componentes electromecánicos presentan un grado de avance muy significativo, lo que permitirá que la primera de las tres turbinas Kaplan entre en funcionamiento durante 2028.
Se estima que el incremento de generación implicará el ingreso de aproximadamente US$80 millones adicionales por año para la entidad binacional, de acuerdo a los nuevos valores de la energía aprobados por ambos gobiernos. Estos recursos son clave para robustecer la capacidad operativa y la solidez financiera del complejo hidroeléctrico, garantizando su sostenibilidad y capacidad de inversión futura.
El empleo que genera la obra
Uno de los efectos directos e inmediatos del reinicio de las obras es la generación de 1.000 nuevos puestos, lo que se distribuirá de manera equitativa entre operarios argentinos y paraguayos, además de la movilización de proveedores locales de bienes y servicios. Este volumen de demanda tendrá un impacto directo en la dinamización de las economías regionales del NEA y el sur paraguayo.
El proyecto, al generar nuevas oportunidades de empleo y desarrollo, consolida su carácter de motor productivo y social. Este factor es considerado estratégico, dado que fortalece el tejido social y económico de las comunidades que comparten la frontera.
La oferta de empleo y la actividad productiva asociada a la obra impulsarán la calidad de vida de los habitantes de estas comunidades, se destacó en el reciente encuentro de anuncio de reinicio de obras.
La mayor parte del empleo será cubierta en la zona de influencia del complejo, con un beneficio específico para las ciudades de Ituzaingó (la Argentina) y Ayolas (Paraguay), además de otras localidades cercanas.
Otro aspecto destacable de esta obra es el bajo impacto ambiental que produce, ya que no genera nueva superficie inundada ni requiere relocalizar familias. La reanudación fue posible gracias a una serie de gestiones conjuntas que se desarrollaron durante las últimas semanas entre las autoridades de ambos países y representantes del consorcio Aña Cuá WRT —integrado por las empresas Webuild, Rovella Carranza y Tecnoedil—.
Estas acciones permitieron resolver las cuestiones administrativas y técnicas que habían generado la demora y destrabó la etapa final de planificación y la continuidad de los trabajos civiles y electromecánicos.
El proyecto Aña Cua, tenía un avance del 40% al momento de la paralización en diciembre de 2023, y tras ello llegaron cientos de despidos y no se retomaron los trabajos. Desde la Entidad Binacional, operadora de la central hidroeléctrica y que está a cargo de ambos países, se explicó en su momento que las constructoras frenaron la obra porque no les rendía el margen económico.
Pero la obra quedó envuelta no solo en el precepto de “no hay plata” que llevó adelante el Gobierno de Javier Milei que paralizó toda la obra pública, sino también fue parte del desacuerdo entre ambos países por las históricas deudas que se reclamaban. Las obras para el aprovechamiento hidroeléctrico tenian un plazo de ejecución original de 50 meses.