Retos para el shale

El desafío de Vaca Muerta: duplicar la actividad a 1.000 pozos anuales exige reconfigurar la cadena de valor

La producción de petróleo creció cuatro veces desde 2020 al 2025 y parece lejos de amesetarse, pero duplicar la actividad demanda un salto de escala. La provincia cuantificó la demanda de insumos y definió una hoja de ruta articulada en seis anillos estratégicos de la cadena de valor.

El desafío de Vaca Muerta: duplicar la actividad a 1.000 pozos anuales exige reconfigurar la cadena de valor
Desde el Ministerio de Energía de Neuquén aseguran clave analizar la dinámica del no convencional de Vaca Muerta registrada entre 2020 y 2026.
Desde el Ministerio de Energía de Neuquén aseguran clave analizar la dinámica del no convencional de Vaca Muerta registrada entre 2020 y 2026.

El desarrollo masivo del no convencional en la Cuenca Neuquina entró en una fase donde los récords de extracción ya no dependen de la cantidad de equipos de perforación y de fractura en campo, sino de la capacidad para abastecerlos de los insumos para su producción. Con la ampliación progresiva de la evacuación de crudo y gas, la atención de la industria y del Gobierno provincial se desplaza hacia un desafío técnico y logístico de duplicar la actividad para alcanzar los 1.000 pozos perforados y completados por año.

Sostener la meseta actual de producción o llevarla a nuevas fronteras requiere una inyección lineal e incesante de insumos críticos. Tubos de acero para casing, agua de fractura, arenas de sostén, combustible, recortes de perforación y repuestos de flota pesada representan una ecuación donde la escala productiva amenaza con chocar contra los límites de las rutas y los servicios locales si no se consolida una articulación eficiente en toda la cadena de suministro.

Para comprender la magnitud de las metas, desde el Ministerio de Energía de Neuquén se resalta necesario analizar la dinámica del no convencional de Vaca Muerta registrada entre 2020 y 2026. Tras la parálisis del año 2020, cuando apenas se conectaron 82 pozos (72 de petróleo y 10 de gas), la actividad experimentó un salto cualitativo sostenido: 260 pozos en 2021, 288 en 2022, 326 en 2023, 400 en 2024 y un pico histórico de 467 pozos conectados en 2025 (395 orientados al petróleo y 72 al gas).

En los primeros cinco meses de 2026, los registros oficiales marcan ya 122 pozos enganchados. Esta aceleración exhibe una marcada asimetría entre el petróleo y el gas natural. En el caso del petróleo, la producción creció cuatro veces desde el año 2020 al 2025 y todavía no alcanzó una meseta por limitaciones técnicas de los yacimientos.

Al contar inicialmente con capacidad ociosa en la red de evacuación existente, la ventana de líquidos capitalizó de inmediato ese espacio de transporte disponible para crecer a tasas muy superiores a las del gas. El gas natural, en cambio, enfrentó sus límites de transporte mucho antes. Durante los picos de invierno, la cuenca opera al tope del sistema de evacuación con unos 120 millones de metros cúbicos diarios. Al no disponer de lugar donde colocar volumen adicional, la curva de producción de gas se amesetó, obligando a la industria a concentrar la mayor parte de las perforaciones en pozos petroleros que, al mismo tiempo, aportan gas asociado.

A esta realidad se le suma la declinación característica de las formaciones shale, que ronda el 50% durante el primer año de producción de cada pozo. En consecuencia, mantener estable una plataforma de producción de entre 850.000 y 900.000 barriles diarios de petróleo exige conectar al menos 500 pozos anuales solo para compensar el declive natural. Si el objetivo estratégico es duplicar la escala y acelerar las exportaciones, la exigencia se eleva a los 1.000 pozos al año. La construcción y completación de pozos no convencionales implica mover masas de insumos de proporciones gigantescas.

Un mapeo técnico de la Subsecretaría de Hidrocarburos de Neuquén revela que sostener un ritmo de 500 pozos anuales requiere más de 175.000 toneladas de casing de acero, 30 millones de metros cúbicos de agua, 7 millones de toneladas de arena de fractura, 200 millones de litros de diésel, 600.000 metros cúbicos de recortes de perforación y genera el desgaste de 15.000 neumáticos de flota pesada. La arena de fractura representa el insumo con mayor crecimiento lineal respecto a la cantidad de pozos. Un pozo no convencional promedio requiere entre 10.000 y 12.000 toneladas.

Con camiones de 20 toneladas de capacidad, cada pozo demanda 500 viajes de ida cargados y 500 viajes de retorno vacíos, sumando 1.000 viajes por pozo. Multiplicado por 500 pozos, el sistema logístico absorbe entre 600 y más de 700 millones de kilómetros recorridos por año. La estructura de costos revela la distorsión del modelo: de un valor total de la tonelada de arena puesta en pozo que oscila entre los 120 y 130 dólares, cerca de 110 dólares corresponden exclusivamente al flete y transporte.

A diferencia de las cuencas norteamericanas como Permian, donde las formaciones permiten usar arenas de cercanía a 6.000 PSI de resistencia, el reservorio de Vaca Muerta exige arenas de alta especificación técnica capaces de soportar presiones de hasta 9.000 PSI antes de pulverizarse. Esto limita el uso de arenas locales a menos del 10% del consumo actual, obligando a traer el resto desde regiones distantes como Entre Ríos.

Para bajar los costos, resultará clave desarrollar vías de transporte más eficientes, incorporar camiones bitrenes y buscar alternativas de cercanía validadas. Frente a la perspectiva de duplicar estos volúmenes con 1.000 pozos anuales, la provincia de Neuquén impulsa una estrategia de articulación basada en la división en anillos de la cadena de valor, buscando garantizar coordinación tanto vertical como horizontal entre los distintos actores. En el primer anillo se ubica la provincia como Autoridad Concedente, encargada de regular el acceso al recurso, otorgar licencias ambientales y fiscales, y promover infraestructura estratégica.

Le siguen las Empresas Operadoras e Inversores, que administran el capital, coordinan los proyectos e impulsan esquemas de perforación masiva en plataformas compartidas. En el tercer nivel operan los Integradores y Empresas de Servicios, dueños de los equipos de perforación y sets de fractura, enfocados en reducir los tiempos no productivos.

Luego se encuentran los Servicios Especializados, dedicados a la provisión e inspección de equipos específicos desde talleres y nodos de mantenimiento instalados en la zona operativa. Los últimos dos eslabones resultan decisivos para el impacto local: las Empresas y Soporte de Cercanía, encargadas del suministro de insumos masivos como arena, acero y productos químicos; y la Infraestructura con el Desarrollo Social, que abarca rutas, redes eléctricas, agua industrial y el crecimiento urbano de las ciudades clave de la cuenca.

Es que la duplicación de la actividad no solo plantea un reto industrial y logístico, sino también un compromiso con el entorno comunitario y el medio ambiente. El volumen de residuos generados por la actividad exige estructurar procesos eficientes de tratamiento y economía circular, abordando desde el reciclaje de los neumáticos fuera de uso hasta la disposición responsable de los recortes de perforación.

La gestión hídrica se ubica en el centro de las prioridades. Frente al elevado consumo de agua en completaciones, la implementación de tecnologías de filtrado y tratamiento de agua de retorno permitirá reutilizar los efluentes en nuevas fracturas o destinarlos a otros fines productivos, aliviando la presión sobre los recursos hídricos provinciales.

Al ser una de las primeras cuencas no convencionales desarrolladas con éxito fuera de los Estados Unidos, todo lo que se ejecuta en la Cuenca Neuquina adquiere visibilidad internacional. Esta proyección exige consolidar un desarrollo integral que combine excelencia técnica, formación de profesionales locales y altos estándares de sustentabilidad social y ambiental.

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