El desafío del frente exportador de Neuquén
Vaca Muerta opera a menos del 5% de la escala de EE.UU. y busca romper su techo industrial
Con 23.894 etapas de fractura en 2025 frente a 545.000 del US Land, el desafío de la cuenca neuquina para acelerar la producción no es la roca, sino financiar la escala industrial. Las estimaciones de 30.170 millones de barriles recuperables están a la par de los grandes plays.
El debate sobre la velocidad de desarrollo en Vaca Muerta suele plantearse desde la riqueza geológica, pero el verdadero cuello de botella de la cuenca no proviene del subsuelo. Los registros de actividad confirman que la brecha respecto de los grandes polos no convencionales responde a un desafío de escala industrial, equipamiento disponible y flujo de capitales hacia la cadena de valor.
Durante 2025, la formación no convencional neuquina completó 23.894 etapas de fractura hidráulica. En el mismo período, el segmento US Land en los Estados Unidos contabilizó alrededor de 545.000 etapas. Esta relación implica que la actividad en la Argentina opera actualmente a un nivel equivalente al 4,4% del volumen desplegado por la industria onshore estadounidense.
Tal como destaca Luciano Fucello, Country Manager de NCS Multistage, la desproporción operativa no guarda correlación con el volumen del recurso hidrocarburífero atrapado en la roca.
De acuerdo con el recálculo encargado por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG) para la Secretaría de Energía, Vaca Muerta alberga 30.170 millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables. Las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) asignan 20.000 millones de barriles para Wolfcamp en la subcuenca Midland y 46.300 millones de barriles para la secuencia Wolfcamp-Bone Spring en Delaware.
Esto permite afirmar que la cuenca neuquina se ubica en el mismo orden de magnitud que los principales desarrollos del Permian. La brecha real aparece en la capacidad operativa desplegada en la superficie. El Permian registra 267 torres de perforación (rigs) activas, mientras que en contraste, Vaca Muerta opera con cerca de 42 equipos, con unas primeras proyecciones que prevén alcanzar las 56 unidades hacia 2027.
La brecha de escala industrial
Incluso de cumplirse esa expansión, la relación mantendría casi cinco rigs en el Permian por cada uno presente en el no convencional argentino, destaca Fucello. Para cerrar esta diferencia, el financiamiento no puede quedar retenido únicamente en el balance de las grandes empresas operadoras. La expansión requiere canalizar capital de trabajo hacia el segundo y tercer anillo de la cadena de suministros: empresas de perforación, servicios de completamiento, mantenimiento técnico, logística pesada, provisión de repuestos e infraestructura de soporte local.
El término US Land (o US Land Operations) identifica al mercado de exploración y producción upstream desarrollado en tierra firme (onshore) dentro del territorio continental de Estados Unidos. En el análisis energético y financiero global, esta etiqueta delimita la dinámica de las operaciones continentales frente a los proyectos marítimos (offshore) u otras cuencas no convencionales.
Este segmento se caracteriza por su enfoque exclusivo en formaciones de shale oil y tight gas mediante perforación horizontal y fractura hidráulica, con epicentro en cuencas de alta densidad como Permian (Texas y Nuevo México), Bakken (Dakota del Norte), Eagle Ford (Texas) y Marcellus (Pensilvania). A diferencia de los proyectos marítimos de prolongada maduración, el segmento US Land se mueve con ciclos de capital reducidos. Esto permite a los operadores ajustar la cantidad de torres activas (Baker Hughes Rig Count) con rapidez en respuesta a las fluctuaciones del precio internacional del crudo WTI y Brent.
Con el objetivo de incrementar el volumen extraído, la actividad en la Cuenca Neuquina proyecta una aceleración sostenida hacia los próximos años. Las estimaciones operativas del sector prevén alcanzar un ritmo anual de 39.000 etapas de fractura para 2027, lo que supondrá un salto cuantitativo respecto de los promedios históricos del yacimiento.
Avanzar hacia ese nivel exige resolver cuellos de botella logísticos que afectaron el desempeño operativo en períodos anteriores. Las desviaciones entre los programas teóricos de completamiento y la ejecución de campo no se debieron a limitaciones de la roca, sino a tensiones logísticas en la provisión de insumos críticos, congestión en las rutas de acceso provinciales, disponibilidad de puntos de recarga de agua para las bombas de alta presión y la coordinación de esquemas de operaciones simultáneas.

El desafío de sostener el crecimiento
El impulso por ampliar el parque industrial coincide con la actualización de las métricas geológicas del yacimiento. La reevaluación técnica encomendada al IAPG elevó la estimación de recursos de petróleo técnicamente recuperables a 30.170 millones de barriles. El cálculo previo de referencia, publicado en 2013 por la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA), fijaba ese volumen en 16.000 millones de barriles.
Este incremento del 89% se fundamenta en tres pilares: un aumento del 22% en la superficie prospectiva útil (al incorporar áreas de Río Negro y Mendoza), un crecimiento del 39% en el espesor útil identificado gracias al conocimiento de nuevos niveles de navegación, y un salto del 54% en el factor de recuperación por la optimización del diseño de pozos y la densidad de etapas de fractura. El volumen total equivale a unos cien años de producción al ritmo actual de extracción.
Para sostener la meta de las 39.000 etapas anuales, la industria deberá multiplicar el suministro de insumos esenciales. Pasar de las cifras actuales a esa escala demandará un incremento exponencial en el consumo de arena de cercanía y provisión de agua, obligando a duplicar las flotas de transporte pesado y a construir nuevas plantas de acopio y tratamiento en las zonas de mayor densidad de pozos.
A la par del desarrollo del upstream, la infraestructura de transporte (midstream) resulta indispensable para evacuar la producción creciente sin generar cuellos de botella. El despliegue proyectado se encuentra supeditado a la puesta en marcha de obras de envergadura, como la construcción del oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) con su terminal de exportación profunda en Punta Colorada, Río Negro. Esa obra se da inmediatamente después de una serie de ampliaciones en el sistema Oldelval que permitió el crecimiento exportador de los últimos años.
El salto de escala de la cuenca no depende de demostrar la calidad de ese recurso, ni del conocimiento técnico de cómo encarar la roca, sino de estructurar esquemas financieros que permitan importar y fabricar los equipos necesarios para equipar a la industria de servicios. Solo con una máquina industrial financiada y dimensionada en todos sus eslabones, Vaca Muerta podrá transformar el potencial de sus reservas en un flujo de exportación de escala global.