Shale gas, petroquímica e integración regional
El gas de Vaca Muerta se proyecta como la base de una nueva cadena de fertilizantes en la región
El abundante recurso no convencional permitiría abastecer la demanda agrícola del Cono Sur y reducir la dependencia de importaciones extrarregionales. El reciente aval del RIGI a la megaplanta de Pampa Energía en Bahía Blanca puede ser el inicio formal de esa transformación.
En el mapa geopolítico y económico regional, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de insumos agrícolas representan pilares reconocidos que, con Brasil y la Argentina a la cabeza de la producción agroindustrial del continente, enfrenta históricamente el desafío de la marcada dependencia del suministro de fertilizantes nitrogenados, principalmente urea.
El mercado de urea granulada en Sudamérica depende en gran medida de las importaciones, con precios mayoristas que oscilan entre los US$ 600 y US$ 640 por tonelada. Brasil es el segundo mayor importador de urea del mundo y consume anualmente entre 7 y 7,5 millones de toneladas de este fertilizante, de los cuales debe importar alrededor del 90% de su demanda.
La Argentina consume anualmente alrededor de 2,5 millones de toneladas de urea. A diferencia de Brasil, el país cuenta con una importante industria local que cubre un 50% del mercado, aunque sigue dependiendo de las compras externas para completar el abastecimiento en los picos de las campañas agrícolas, en particular a proveedores de Medio Oriente, Nigeria y Argelia.
En este escenario, la abundancia de gas natural de Vaca Muerta se consolida como la gran oportunidad para reconfigurar la matriz petroquímica regional. Este energético constituye la materia prima básica para la elaboración de amoníaco y la posterior síntesis de urea granulada, un nutriente fundamental para elevar el rendimiento de los cultivos de escala.
Tal como destaca el analista internacional de mercados Marcus Volz, hasta el momento, gran parte de los volúmenes requeridos por los productores sudamericanos proviene de mercados alejados con esquemas logísticos expuestos a fluctuaciones de costos y tensiones de abastecimiento. La disponibilidad de un recurso hidrocarburífero abundante y competitivo permite proyectar un polo de industrialización con capacidad de abastecer tanto el consumo doméstico como los requerimientos de los países limítrofes.
Una vía petroquímica complementaria
En la discusión energética sobre el futuro de Vaca Muerta, las miradas suelen concentrarse en los grandes proyectos de Gas Natural Licuado (GNL) orientados a los mercados globales. Sin embargo, la escala y competitividad de los recursos no convencionales permiten configurar una vía complementaria de valor agregado hacia una sólida cadena petroquímica e industrial.
En ese escenario de oportunidad, la transformación del gas en fertilizantes nitrogenados es una inminente oportunidad estratégica para abastecer la demanda agroindustrial de la Argentina y del Cono Sur, reduciendo una vulnerabilidad histórica. El fertilizante no es solo un insumo agrícola, afirma Volz, sino que es la interacción de seguridad energética, seguridad alimentaria, logística marítima, política industrial y márgenes de los agricultores.
En esa ecuación, Brasil es el ancla principal de la demanda. La escala agrícola del mayor socio comercial convierte la seguridad en los fertilizantes en un asunto regional. Así, “el triángulo estratégico tiene a Vaca Muerta como lógica de materia prima, a Bahía Blanca como lógica logística industrial y atlántica, y a Brasil como lógica de la demanda, generando las condiciones necesarias para erigir un polo de escala regional”.
El gas natural no actúa únicamente como fuente de energía para el proceso industrial; es la materia prima fundamental para la síntesis de amoníaco y la posterior elaboración de urea. Por este motivo, el costo de producción de fertilizantes está estrechamente ligado al precio del gas, y la capacidad de producción sostenida del shale garantiza un flujo continuo que se transforma en una ventaja competitiva industrial.
El concepto de consolidar un polo petroquímico de alcance regional sobre la base del gas neuquino cuenta con un antecedente consolidado en el complejo de Bahía Blanca. Allí opera Profertil, la única productora de urea del país abastece un 50% del consumo agrícola argentino. Durante años, la empresa mantuvo en carpeta proyectos para encarar una segunda línea de producción que permitiría duplicar su capacidad instalada actual y posicionarse con mayor fuerza en el mercado.
El nuevo proyecto de fertilizantes
El salto de escala en esta estrategia de industrialización sumó recientemente un nuevo hito a partir del régimen de incentivos para grandes inversiones. El Comité Evaluador del RIGI aprobó el ingreso del proyecto presentado por Pampa Energía para construir una nueva megaplanta de fertilizantes en el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, una iniciativa que demandará un desembolso estimado en 2.700 millones de dólares.
El desarrollo prevé una capacidad de diseño de 2,1 millones de toneladas anuales de urea granulada, orientado a cubrir tanto las necesidades del mercado local como a generar saldos exportables hacia la región. De acuerdo con las estimaciones del proyecto, la operación de este complejo aportará más de 800 millones de dólares al año a la balanza comercial del país por la vía de la sustitución de importaciones y la generación de divisas. La fase de construcción requerirá la contratación de 3.500 trabajadores directos y movilizará a cerca de 10.000 empleos indirectos en la cadena de suministros.
Paralelamente al aval normativo, los equipos técnicos de la compañía y la municipalidad de Bahía Blanca iniciaron las tareas de coordinación logística y territorial para ordenar el impacto del proyecto. El marco de trabajo conjunto busca involucrar a las pymes locales, los centros de formación técnica y el Consorcio de Gestión del Puerto, con la previsión de un incremento en la operatoria naval de hasta 60 buques anuales dedicados al movimiento de insumos y fertilizantes.
Pero el aprovechamiento del gas no se agota en la producción directa de amoníaco o urea. Una etapa crítica para la economía del sector radica en la separación y fraccionamiento de los líquidos del gas natural (LGN) -etano, propano, butano y gasolina natural- que aporta a este proceso en un pilar para la sostenibilidad financiera de los desarrollos.
En ese terreno se inscriben los planes de ampliación de infraestructura de separación y transporte. Proyectos como la expansión de Compañía Mega, que contempla inversiones para incrementar su capacidad de procesamiento de líquidos en Bahía Blanca, y las obras proyectadas por Transportadora de Gas del Sur (TGS) para la separación, almacenamiento y logística en la red troncal, resultan eslabones indispensables.