Semana de la Ingeniería
El espejo chileno para los desafíos de infraestructura y gestión el despegue minero argentino
El análisis de la experiencia de Chile expone las transformaciones de infraestructura, logística y capital humano que la Argentina debe planificar para impulsar sus megaproyectos de cobre y litio. Los datos clave de un proceso que se puede acelerar con lecciones aprendidas.
La cordillera de los Andes comparte la misma riqueza geológica a lo largo de sus dos vertientes, pero las realidades productivas de la Argentina y Chile muestran una brecha temporal de décadas. Mientras el país vecino consolidó su posición como el mayor productor global de cobre del mundo, el territorio nacional se encuentra ante las puertas de una nueva etapa histórica para la cual el proceso transitado por el modelo chileno ofrece una hoja de ruta invaluable y un catálogo de advertencias explícitas sobre las tensiones que vendrán.
En la primera jornada de la Semana de la Ingeniería dedicada al sector minero, Diego García, socio senior y head de energía y recursos naturales de la consultora Bain & Company, fue el encargado de trazar similitudes y diferencias que se podrán encontrar en el proceso de desarrollo minero de este lado de la formación geológica. En ese sentido planteó en su apertura que el desarrollo minero de gran escala no representa un evento aislado, sino una sucesión de transformaciones estructurales.
Infraestructura para la expansión minera
En la experiencia transandina se identifican con claridad tres grandes olas energéticas y operativas, detalló García. La primera de ellas, extendida entre 1990 y 2005, estuvo marcada por la apertura regulada al capital privado, período en el cual la producción se duplicó con creces al incorporar más de tres millones de toneladas anuales mediante proyectos emblemáticos como Escondida, Collahuasi y Los Pelambres.
La industria trasandina pasó de producir un poco menos de dos millones a rozar los 4,5 millones de toneladas anuales en un proceso que demandó 25 años.
Esta etapa inicial requirió un despliegue masivo en obras de soporte de las que se pueden mencionar desde la construcción de la primera planta desaladora hasta la apertura de cuatro terminales marítimas de exportación, el tendido de 600 kilómetros de concentraductos, la adición de 2600 kilómetros de líneas de transmisión y 2 gigavatios de generación térmica, principalmente en la región de Mejillones, además de la optimización de 300 kilómetros de carreteras.
La maduración del esquema sectorial derivó en una segunda fase, visible entre 2012 y 2017, caracterizada por la necesidad de contrarrestar el declive natural en las leyes de mineral de los yacimientos antiguos. Esta ola de proyectos desde cero, conocidos en la industria como greenfields, llevó al límite las capacidades logísticas e institucionales de Chile.
“El sistema experimentó un estrés severo ante la simultaneidad de obras de gran envergadura, lo que obligó a multiplicar la infraestructura hídrica y de transmisión eléctrica”, resaltó el analista.
Detrás de ese esfuerzo se ejecutaron cuatro grandes desaladoras, tres terminales portuarias adicionales, 2000 kilómetros de líneas de transmisión dedicadas -incluyendo unos 300 megavatios renovables-, junto con la recuperación de 200 kilómetros de ferrovías y otros 200 kilómetros de rutas.
Para equiparar los rendimientos de la región vecina y adicionar cerca de 1,8 millones de toneladas de producción, la estructura logística nacional enfrenta metas de dimensiones inéditas. “El transporte de concentrados proyectado -graficó- demandará la movilización de cinco a seis millones de toneladas al año, volumen equivalente a una décima parte de la totalidad de los granos que se despachan habitualmente desde las terminales portuarias del Gran Rosario”.
Asimismo, el consumo energético residencial e industrial asociado requerirá el tendido de 1500 kilómetros de líneas de alta tensión, el aporte de entre 1300 y 1600 megavoltamperios (MVA) de capacidad en las subestaciones de alimentación, un consumo proyectado de 8 a 10 teravatios hora (TWh) anuales de energía eléctrica y una potencia continua comparable a la de una gran central de ciclo combinado de 1,5 gigavatios.
El recurso hídrico plantea, en otro de los ejes del análisis comparativo, un vector crítico similar y el abastecimiento de agua fresca estimado para estas operaciones mineras se ubica en torno a los 250 millones de metros cúbicos, una cifra diez veces superior al requerimiento del vector de fractura en yacimientos no convencionales como Vaca Muerta.
Proveedores y capital humano
Más allá del soporte físico, el verdadero factor de sostenibilidad y arraigo económico radica en la creación de un ecosistema de proveedores calificados. Durante las últimas dos décadas, el entramado corporativo especializado en minería dentro de Chile se cuadruplicó, alcanzando las 8000 firmas activas. El consultor comparó este esquema con el caso de Perú, que hoy cuenta con 6000 empresas proveedoras dedicadas, y advirtió que a estos países de la región les tomó entre 20 y 25 años consolidar tales niveles de especialización.
En este punto, consideró que “la Argentina cuenta con una ventaja comparativa decisiva: la curva de aprendizaje y la base de contratistas desarrollada en el sector del petróleo y del gas de Neuquén y el Golfo San Jorge provee una plataforma de capacidades transferibles en áreas como mantenimiento operacional, logística de precisión, automatización y remediación ambiental”.

Sin embargo, persisten cuellos de botella severos en segmentos de nicho como los laboratorios metalúrgicos y la obra civil especializada en altura, pero sobre todo esta demanda expansiva impactará de forma directa en el mercado de capital humano. Las proyecciones sectoriales encienden alertas tempranas que superan la tradicional escasez de perfiles de ingeniería, tal como vienen alertando las consultoras de recursos humanos.
Las mayores fricciones de contratación se concentrarán en dos áreas críticas. Por un lado, los mandos técnicos orientados al control de gestión, la planificación de contratos complejos y el abastecimiento estratégico (procurement), disciplinas poco habituadas al manejo de presupuestos de miles de millones de dólares; por el otro, la mano de obra operativa altamente calificada, que abarca desde soldadores mecánicos de montajes industriales hasta operadores de grúas de gran tonelaje y especialistas en perforación y tronadura.
El cumplimiento de las metas fiscales y corporativas representa el examen definitivo para las operadoras que apuestan por el cobre y el litio en el norte y la zona cordillerana del país. Los registros estadísticos internacionales relevados por consultoras globales revelan una tendencia preocupante, dado que “un 80% de los megaproyectos de infraestructura en el mundo registra desvíos significativos en sus presupuestos de inversión (CapEx), mientras que la mitad incumple los plazos originales de puesta en marcha”.
Sorprendentemente, resaltó García, “menos del 1% de los emprendimientos globales logra la convergencia perfecta de concluir las obras dentro del presupuesto pautado, en el tiempo estipulado y alcanzando el rendimiento técnico prometido en el diseño original”.
La mitigación de estos riesgos operativos encuentra hoy un aliado estratégico en la incorporación de herramientas tecnológicas de vanguardia. La ingeniería predictiva y los modelos de analítica avanzada e inteligencia artificial permiten simular escenarios climáticos, geológicos y financieros antes del movimiento de la primera palada de tierra. Esto facilita la optimización de los suministros hacia lo que el sector denomina el “mínimo viable”, evitando la sobreinversión en activos secundarios y focalizando cada dólar en la eficiencia extractiva.
La transición hacia la tercera ola minera chilena, caracterizada por las ampliaciones de yacimientos existentes (brownfields) y la reconversión de matrices energéticas hacia fuentes renovables, constituye el destino final de un proceso largo. Para la Argentina, “la oportunidad histórica reside en la asimilación temprana de estas lecciones transandinas, coordinando los esfuerzos entre los gobiernos provinciales, las comunidades locales y el sector privado”, reseñó el especialista con el propósito de transformar el potencial mineral en un motor de desarrollo industrial previsible, sustentable y eficiente.