Infraestructura energética
Cómo es la obra de TGS para monetizar el gas y expandir exportaciones de Vaca Muerta
TGS impulsa un proyecto de USD 3.000 millones para convertir a Vaca Muerta en un polo exportador de líquidos del gas. La compañía presentó un megaproyecto para procesar y exportar líquidos del gas natural desde Neuquén hacia Bahía Blanca.
Transportadora de Gas del Sur (TGS) presentó los detalles de su denominado “Proyecto NGL”, una inversión estimada en USD 3.000 millones destinada a desarrollar el mayor sistema de procesamiento y exportación de líquidos del gas natural de la historia argentina.
La iniciativa apunta a convertir parte de la producción de Vaca Muerta en productos de alto valor agregado para exportación y consolidar la infraestructura necesaria para el crecimiento de la cuenca neuquina.
La presentación fue realizada por Oscar Sardi durante un webinar organizado por MEGSA, donde el ejecutivo definió al proyecto como “el eslabón que faltaba” para completar el desarrollo integral del shale argentino.
La iniciativa prevé producir casi 3 millones de toneladas anuales de propano, butano y gasolina natural, con exportaciones estimadas en torno a los USD 2.000 millones por año. Para lograrlo, el proyecto contempla una estructura integrada de procesamiento, transporte y salida portuaria diseñada específicamente para acompañar el crecimiento de la producción de gas rico en la Cuenca Neuquina.
El esquema comienza en Tratayén, Neuquén, donde TGS ampliará la capacidad de procesamiento de gas mediante la incorporación de nuevos módulos industriales. Allí se separarán los líquidos contenidos en el gas natural extraído de Vaca Muerta, un paso indispensable antes de que el gas seco pueda destinarse a proyectos de licuefacción y exportación de GNL.
Como parte central del proyecto, la compañía construirá un poliducto de 527 kilómetros que conectará Neuquén con Bahía Blanca. El ducto permitirá transportar líquidos del gas hacia una nueva planta de fraccionamiento y almacenamiento que se instalará en el puerto bonaerense, donde además se desarrollará una terminal marítima propia para carga y exportación.
Según detalló Sardi, la planta de Bahía Blanca tendrá capacidad para procesar alrededor de 90.000 barriles diarios de líquidos, mientras que la terminal incluirá infraestructura refrigerada para operar con buques de gran porte destinados a mercados internacionales.
El impacto económico y laboral del proyecto aparece como uno de los puntos centrales de la iniciativa. Durante los 45 meses estimados de construcción, TGS calcula la generación de unos 15.000 empleos directos, mientras que en la etapa operativa se crearían cerca de 4.000 puestos permanentes.
La compañía buscará encuadrar el proyecto dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta que, según explicó el CEO de TGS, aporta previsibilidad fiscal y regulatoria para obras de gran escala y largo plazo de recupero financiero.
El proyecto también tiene implicancias estratégicas para el futuro exportador de Argentina. El procesamiento del gas rico permite separar componentes valiosos —como propano, butano y gasolina natural— y dejar el gas seco en condiciones para abastecer las futuras plantas de Gas Natural Licuado (GNL) impulsadas por YPF y otros actores privados.
En términos técnicos, el sistema fue diseñado con un esquema modular que podrá ampliarse a medida que crezca la producción de las operadoras en Vaca Muerta. Esa característica no solo permite escalar capacidad progresivamente, sino también otorgar mayor previsibilidad a toda la cadena de proveedores industriales y de servicios vinculados a la actividad hidrocarburífera.
Además, el poliducto proyectado contempla futuras ampliaciones para el transporte de etano, lo que abre la puerta a una potencial expansión del polo petroquímico de Bahía Blanca y a nuevos desarrollos industriales asociados al gas natural.
La iniciativa se suma a una serie de megaproyectos energéticos que buscan resolver uno de los principales desafíos de Vaca Muerta: transformar el fuerte crecimiento de la producción en capacidad concreta de industrialización, transporte y exportación. En ese escenario, el Proyecto NGL aparece como una infraestructura clave para monetizar el gas argentino y posicionar al país como proveedor global de energía y derivados petroquímicos.