Infraestructura clave en la ventana de transición
Shell pone en marcha una nueva planta en pleno auge del shale oil de Vaca Muerta
El nuevo sistema de procesamiento en Bajada de Añelo permitirá ampliar la capacidad de producción y optimizar la eficiencia energética, con foco en seguridad y ambiente.
Bien hacia el fondo, el volcán Auca Mahuida entre nubes. En plena estepa patagónica, a unos 40 minutos en camioneta desde Añelo, surge imponente un laberinto de tuberías, tanques y motores que ya hacen su aporte en plena expansión del petróleo no convencional argentino. Shell sigue sumando su parte con este nuevo hito. La gigante global, que acaba de confirmar la continuidad de sus desarrollos en la Cuenca Neuquina, puso en marcha esta semana un sistema de procesamiento modelo en su bloque Bajada de Añelo.
Todo el dispositivo puede procesar hasta 20.000 barriles diarios de petróleo y 2,5 millones de metros cúbicos de gas. Se denomina Early Processing System (EPS) e incluye una planta EPF (Early Processing Facility). Esto comprende sistemas de separación y gathering, dos plantas de recuperación de vapor, abastecimiento energético, oleoductos y gasoductos de evacuación, y wellpads dentro de la infraestructura que permitirá la expansión del bloque.
Las EPS como visagra del desarrollo shale
En la jerga de Vaca Muerta, una EPS es una suerte de bisagra. Divide aguas hacia una etapa de desarrollo estable. Permite tratar el fluido en superficie con estándares industriales, eliminar incertidumbre operativa y, sobre todo, conocer más sobre un bloque determinado mientras se perfora y se completan pozos. También es el imperio de una mayor cantidad de datos sobre el terreno, lo que incide en los futuros niveles de inversión.
“Este hito es fundamental en nuestros planes de desarrollo de Bajada de Añelo, ya que nos permitirá ampliar la capacidad de procesamiento y producción de petróleo y gas en el área y profundizar nuestro conocimiento de la ventana de transición de Vaca Muerta”, explicó Germán Burmeister, presidente de Shell Argentina, Chile y Uruguay, durante la visita a las instalaciones de la que participó Mejor Energía.
Escala, ambiente y eficiencia operativa

Buena parte de las empresas del segmento no convencional están buscando, principalmente, dos logros principales. Optimizar sus operaciones, algo que redunda en mejores costos y competitividad ante los vaivenes del precio del crudo -el petróleo manda en este momento de Vaca Muerta, de donde sale el 70% de la producción nacional-. Y también buscan mejorar el impacto que se mide en la huella de carbono. Es un paso central: al margen de la mejora del proceso, la arista ambiental talla en el amplio espectro que va desde la política energética hasta un mejor acceso al mercado de capitales y las chances exportadoras. Países importadores avanzan en regulaciones que ponen bajo la lupa a quienes atienden y no este frente vinculado al cambio climático.
En el plano del negocio, la lectura de fondo es bien conocida en la Cuenca. La capacidad de tratar y evacuar es la que ordena la escala -es verdad: siempre está la macroeconomía- en uno de los mejores subsuelos del mundo oil and gas. En una ventana de transición como Bajada de Añelo, la ecuación es algo más sensible. La proporción petróleo-gas cambia en pocos kilómetros y obliga a diseñar flexibilidad desde el inicio.
En este caso, a través de un innovador sistema de automatización, el diseño de la planta busca optimizar la performance de procesamiento y producción de petróleo y gas, maximizar la eficiencia energética y lograr un óptimo cuidado de la seguridad y el ambiente.

La construcción demandó algo más de tres años. Hubo que sortear varios obstáculos, desde coletazos de la pandemia del COVID hasta ignominiosas demoras de equipos en la aduana, cuando había límites a la importación y al acceso al mercado de capitales.
En la construcción trabajaron unas 1.500 personas, si se contempla el empleo directo e indirecto. Hubo más de 140 contratistas y subcontratistas, la mayoría de ellos locales, informan en Shell Argentina.
El bloque está en pleno desarrollo. Es una etapa temprana de todo el proyecto. Bajada de Añelo es un área de unos 200 km2 en la ventana de transición entre crudo volátil y gas húmedo. Se pudo ver: los enormes tanques que reservan el hidrocarburo dan muestras, a tiro de canilla -literalmente-, de un crudo casi transparente, que huele a expendedora de combustibles. (Es conocida la gama de colores, densidades y rendimientos que caracterizan al shale oil de Vaca Muerta. Van desde esta transparencia hasta casi el negro más oscuro. Ese es el Medanito, la “marca” histórica del petróleo de la Cuenca Neuquina, un blend que hoy incluye, si se toma toda la producción provincial, solo un 4% proveniente de los campos convencionales, todo lo que no es Vaca Muerta).
El área tiene un potencial amplio de recursos técnicamente recuperables. Se calcula en unos 300–400 millones de barriles y 2 TCF (trillones de pies cúbicos) de gas. Shell es la operadora y cuenta con el 50% de participación; YPF es su socia con el otro 50% del bloque.
“En esta etapa el bloque produce unos 15.000 barriles diarios. Es el resultado de 15 pozos perforados. Esperamos llegar a la capacidad total de la planta hacia finales de 2027”, expresó Sebastián Regis, gerente de operaciones de Shell en Neuquén.
El tipo de crudo varía dentro del acreaje en este yacimiento, que se convierte en uno de esos nuevos polos de desarrollo, ampliando el margen de injerencia más allá de Añelo. Es ahí donde toma mayor sentido aquello de “ventana de transición”. Es la transición entre dos polos, para simplificarlo. En uno sale más gas y hacia otro más petróleo. En medio, diferentes tipos y densidades de shale. “La planta está preparada para distintos tipos de petróleo y, en base a lo que vayamos probando, ahí cobrará sentido la siguiente expansión dentro del área”, afirmó Burmeister durante la visita.
El plan en este momento de comprobaciones incluirá siete pozos más durante 2026, y se espera sumar otros cuatro en 2027. La operación en Bajada de Añelo está demandando hoy un solo rig (perforador).
Durante la recorrida, el ritmo de la planta se entiende más por gestos que por números: checklists, radios, válvulas, señalización por sectores y una automatización que reduce la exposición humana en tareas críticas. El aprendizaje temprano también se mide en procedimientos y en cómo se administra el riesgo cuando la escala empuja.
En el reino de la perforación, cada bloque es una historia. De hecho, cada pozo es una historia, suelen decir algunos ingenieros. En este caso, se trata de perforaciones que llegan primero a unos 3.000 metros de profundidad y, desde allí, se extienden, esta vez de manera horizontal, por otros 3.200 metros (en Vaca Muerta se llegan a perforar pozos horizontales que superan los 4 kilómetros de longitud). Se trata de las ramas laterales que caracterizan a los pozos de la industria shale. “Hoy nos sentimos cómodos con esta fórmula”, señala Daniel Núñez Mata, líder del proyecto Bajada de Añelo.