No convencionales

Vaca Muerta y la brecha que obliga a repensar el futuro de una matriz a dos velocidades

Desde 2019, la producción de petróleo en Vaca Muerta creció un 410%, pero, en contraste, el gas apenas subió un 55%, evidenciando un estancamiento que requiere inversiones urgentes en infraestructura.

Vaca Muerta y la brecha que obliga a repensar el futuro de una matriz a dos velocidades
Vaca Muerta impulsa las exportaciones de petróleo.
Vaca Muerta impulsa las exportaciones de petróleo.

La evolución de la producción de hidrocarburos no convencionales en la Argentina durante el período 2019-2025 revela una trayectoria muy divergente entre sus dos principales recursos. Lo que comenzó como un desarrollo secuencial para validar la viabilidad técnica y financiera de Vaca Muerta, hoy se manifiesta en una brecha de crecimiento que marca la necesidad de orientarse hacia un equilibrio.

Mientras el petróleo experimenta una expansión que puede calificarse de exponencial, multiplicando sus volúmenes por cinco en apenas seis años, el gas natural atraviesa una fase de crecimiento moderado, con signos evidentes de desaceleración de cara al cierre de este ciclo. La situación genera una disociación en el ritmo de producción de cada recurso que se debe atender, de acuerdo con el consultor senior en Oil & Gas, Nicolás Taiariol.

Al analizar la serie histórica, se observa que en 2019 la producción petrolera partía de una base de 36,2 millones de barriles anuales, equivalentes a poco más de 99.000 barriles diarios. El despegue fue inmediato y sostenido: tras una aceleración inicial en 2020, el sector vivió un salto crítico en 2021 y un crecimiento explosivo del 47,7% en 2022, año en el que la producción diaria rozó los 250.000 barriles.

En el análisis del también exdirector nacional de Exploración y Producción, esta tendencia de maduración del sector permitió que para 2024 se alcanzaran los 395.000 barriles diarios, proyectando para 2025 un umbral superior al medio millón de barriles por jornada. Este rendimiento, que representa una tasa de crecimiento anual compuesto del 34%, consolida a la Argentina como un actor con peso propio en el mercado global de crudo.

El petróleo tracciona con infraestructura y salida exportadora

Este éxito del crudo no es casual y responde a una estrategia que la industria en su conjunto priorizó el petróleo por sus menores requerimientos de inversión inicial y su facilidad de inserción en los mercados externos para generar caja. Esa decisión, forzada por la falta de infraestructura para la evacuación del gas y la mayor dificultad para llegar a los mercados externos, recién podrá superarse con la ejecución de los proyectos exportadores de Gas Natural Licuado (GNL).

Para posibilitar este flujo del shale oil, se ejecutó una inversión sostenida en infraestructura de media distancia, incluyendo la ampliación de ductos troncales, la creación de centros de almacenamiento y, fundamentalmente, la conexión eficiente con los puertos de exportación, como Bahía Blanca. La puesta en marcha del oleoducto binacional hacia Chile incrementó la flexibilidad del sistema de evacuación. Gracias a que esta red opera actualmente a casi el 90% de su capacidad, el potencial de los pozos se traduce efectivamente en barriles exportables.

Sin embargo, el panorama del gas natural presenta matices que invitan a la cautela. Si bien la producción diaria pasó de 58,2 millones de metros cúbicos en 2019 a una proyección de 90,2 millones para 2025, el ritmo de avance mostró ser mucho más volátil, de acuerdo con el detalle de las cifras relevadas por Taiariol.

Tras una caída en 2020 y una recuperación posterior, el sector vivió su máximo crecimiento en 2022 con un 23,3%, para luego entrar en una marcada desaceleración. Los datos son elocuentes: mientras el petróleo crecerá casi un 28% en 2025, el gas apenas lo hará en un 2,8%, lo que representa un estancamiento relativo derivado de cuellos de botella específicos.

El gas espera el GNL para destrabar su potencial

El principal limitante para el gas reside en la capacidad de absorción del mercado interno, que ya no justifica por sí solo inversiones masivas, sumado a la carencia de infraestructura de exportación a gran escala. La realización del potencial gasífero de Vaca Muerta depende ahora críticamente de la concreción de proyectos de GNL, que demandan capitales por más de u$s 50.000 millones, teniendo en cuenta las distintas iniciativas hasta hoy conocidas.

Hasta que comience la operatividad de los primeros buques licuefactores, previsto para el segundo semestre de 2027 —tal la previsión de llegada del Hilli Episeyo de Southern Energy—, el gas permanecerá en una fase de espera. Pero a partir de entonces se espera el ramp up de producción con la llegada de la segunda unidad, el MKII, y la puesta en marcha de la primera fase de Argentina LNG, que encabeza YPF con sus socios internacionales.

La conclusión para el sector energético es que la estrategia de desarrollo secuencial, aunque exitosa en sus inicios para acumular experiencia operativa y recursos, se ha vuelto ineficiente a largo plazo. Existe el riesgo estratégico de que el auge del petróleo desvíe los recursos y la atención necesarios para posicionar a la Argentina como exportador global de gas, perdiendo una ventana de oportunidad única.

Por ello, el desafío actual radica en transitar hacia una ejecución en paralelo: sostener la competitividad petrolera mientras se destraba con máxima urgencia el futuro del GNL, habilitando así toda la cadena de valor que permita capturar el valor total del activo y transformar a la Argentina en un actor resiliente en el escenario global de las próximas décadas.

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