Una transición con una marcha menos
El mundo crece en las renovables pero alertan sobre un freno en el progreso
A pesar de un récord en capacidad de generación en 2024, la transición energética mundial se estanca y está lejos de la meta 2030. Cuáles son las razones que identifica REN21.
En 2024 se sumaron 740 gigavatios de nueva capacidad de energía renovable, el mayor incremento anual registrado hasta la fecha, y más de tres cuartas partes de esta cifra correspondieron a la energía solar fotovoltaica, impulsada por la caída de los costos tecnológicos y la creciente demanda. Aun así, este avance récord no es suficiente para cumplir con la meta global de triplicar la capacidad renovable para 2030.
El nuevo informe de la Red de Políticas de Energía Renovable para el Siglo XXI (REN21) reveló una realidad más preocupante: aunque el despliegue de energías renovables está en auge, la transformación sistémica se está estancando. A pesar de la ambición de triplicar la capacidad esta década, las proyecciones actuales indican un déficit de 6,2 teravatios —más que toda la capacidad renovable desplegada hasta hoy— y actualmente, solo la solar fotovoltaica está en camino de cumplir con su parte del objetivo.
Es necesario mirar más allá del sistema eléctrico: la calefacción y los combustibles representan más de tres cuartas partes del consumo final de energía (CFE), pero las renovables solo cubren el 5,7 % de esta demanda, y la electrificación en los sectores de uso final es lenta y desigual. Se requiere planificación energética a largo plazo y reformas institucionales para lograr una transición energética a nivel económico y acelerar el cambio hacia un modelo basado en renovables.
El aumento de la demanda energética mundial (+2,2 % en 2024), sumado a señales políticas mixtas y a la incertidumbre del mercado, están obstaculizando el progreso en un momento crítico. “Estamos desplegando energías renovables en cifras récord, pero no estamos construyendo los sistemas necesarios para una economía basada en renovables”, afirmó Rana Adib, Directora Ejecutiva de REN21.
En 2024 se invirtieron 728 mil millones de dólares en renovables, pero los fondos siguen muy concentrados en unos pocos mercados, especialmente China, la UE y EE.UU. Combinado con el aumento y la desigualdad del costo del capital —que suele ser el doble en los países de bajos ingresos en comparación con los desarrollados—, esto está dificultando gravemente el escalamiento de las renovables en muchos países. Además, existe una brecha de inversión de 772 mil millones de dólares para alcanzar el objetivo anual de 1,5 billones de dólares.
“Sin políticas coherentes, planificación coordinada e infraestructura resiliente —incluyendo redes y almacenamiento—, ni siquiera un despliegue récord podrá garantizar una transformación rápida y duradera. Las renovables deben ser consideradas infraestructura económica esencial: clave para la seguridad energética, la resiliencia y la prosperidad”.
Una transición en riesgo
Durante 2024, varias economías importantes revirtieron o aplazaron medidas climáticas y energéticas sostenibles: desde el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, hasta la decisión de Nueva Zelanda de anular la prohibición de exploración de petróleo y gas en alta mar y el anuncio del Reino Unido retractándose de su plan para prohibir la venta de nuevas calderas de gas para 2035, pasando por la fuerte reducción del mandato de biocombustibles en Suecia.
Solo 13 países cumplieron con el plazo de febrero establecido por la ONU para presentar sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) actualizadas para el periodo 2025–2035. Esto refleja una tendencia más amplia de disminución de la ambición climática, provocada por dinámicas políticas cambiantes, presiones económicas y decisiones a corto plazo.
Al mismo tiempo, el número de medidas comerciales que afectan a las renovables y sus tecnologías asociadas pasó de 9 en 2015 a 212 en 2024 —incluyendo 51 relacionadas con la solar fotovoltaica, 32 con la energía eólica y 51 con baterías—. Aunque estas medidas pretenden fortalecer los mercados e industrias locales, también están generando incertidumbre en la cadena de suministro y retrasando la implementación de proyectos en todo el mundo.
Las empresas petroleras y los bancos están retrocediendo en sus compromisos y pausando inversiones vinculadas a la transición, lo que pone en duda la fiabilidad de las contribuciones voluntarias al cambio energético.
“Gobiernos, inversores y organizaciones deben actuar ya. El pensamiento a corto plazo no permitirá lograr los cambios sistémicos que desbloquearían todo el potencial de las energías renovables, y postergar la acción solo aumentará los riesgos y costos —climáticos, económicos y de seguridad—”, añadió Adib. “Debemos alinear políticas, planificación y financiamiento ahora para transformar plenamente nuestras economías y sociedades”.
Muchas empresas, especialmente en los sectores tecnológico e industrial, aumentaron sus compras de renovables a través de PPA, sumando 69 GW —un incremento del 35 % respecto a 2023—, lo que confirma que las renovables son una opción económicamente sólida. La demanda se mantiene fuerte: desde el auge del solar en tejados en países como Pakistán y Sudáfrica, hasta las cifras récord de ventas de vehículos eléctricos (VE) a nivel global, que en 2024 representaron más de uno de cada cinco automóviles vendidos.
Sin embargo, las ventas de VE se desaceleraron en algunas partes de Europa debido a la reducción de subsidios, y el despliegue de la energía eólica y las bombas de calor se estancó o disminuyó en varios mercados.