La mirada de los economistas
"No es descabellado pensar que las exportaciones hidrocarburíferas se acerquen al tercio las agrícolas en los próximos dos años"
Las oportunidades de crecimiento del sector y los mecanismos de fomento se reflejan también en inversiones ingentes, según DVC Consultora.
Argentina se adentra en una etapa de expansión de exportaciones impulsada por el shale de Vaca Muerta
Pablo Besmedrisnik, Director VDC Consultora, afirmó que “no es descabellado prever que las exportaciones hidrocarburíferas se acerquen al tercio las agrícolas en los próximos dos años, y que las igualen en un lustro”.
En opinión del especialista la Argentina está ingresando en un período de recuperación económica que promete ser distinta de otras oportunidades.
Luego de un extenso período de estanflación cerrará el 2024 con un PIB per cápita un 15% más chico que hace 14 años, pero se adentra en una etapa de expansión que augura ser más sana y robusta que en los anteriores ciclos de ilusiones efímeras que irremediablemente siempre decantaron en desencanto. En este marco, la producción de gas y petróleo juega un rol neurálgico.
“El proceso de estabilización está entrando en la etapa de final, y los cimientos para la recuperación y el progreso económico lucen sólidos. En 2024 se rompería una racha de 14-15 años consecutivos de déficit fiscal, y 2025 será un año definitivamente de equilibrio apuntalado por un conjunto de políticas públicas claras. El superávit comercial de 2024 será notable (más de 17.000 millones de dólares), y aún en un contexto de mayor demanda doméstica, apreciación cambiaria y normalización del comercio exterior, se sostendrá en 2025”, explicó.
Para el economista, la gran novedad que ofrece la economía argentina modelo 2025 es que estará encarando una fase ascendente con un cambio estructural sustantivo. Surge un nuevo campo, potente, con entidad y escala, que le permitirá eludir la gran y eterna limitación argentina para alcanzar un crecimiento sostenido y creíble: la restricción externa, es decir, la “falta de dólares”.
Cuando logra mejorar el nivel de actividad rápidamente deteriora su balanza comercial por un salto inmediato en las importaciones de insumos y bienes de consumo, desembocando en síntomas archiconocidos: devaluaciones de la moneda, restricciones a la importación o endeudamiento.
Actualmente, las exportaciones energía, aún en plena etapa de despegue, ya representan un quinto de las ventas externas del agro. Los incrementos en las etapas de fracturas anuncian una mayor producción inmediata, y los planes de inversión centrados en la evacuación y exportación de gas y petróleo anticipan un enorme potencial para el mediano plazo.
“No es descabellado prever que las exportaciones hidrocarburíferas se acerquen al tercio las agrícolas en los próximos dos años, y que las igualen en un lustro. El abastecimiento de dólares para sostener el consumo y la producción, que hasta ahora recaía casi exclusivamente en el agro, comenzará a ser compartido por la energía, y probablemente también por la minería en el futuro cercano. De todas formas, el aporte del sector energético no se agota en la contribución de dólares vía exportaciones incrementales. Las oportunidades de crecimiento del sector y los mecanismos de fomento se reflejan también en inversiones ingentes”, comentó.
En la actualidad, el gas y el petróleo de Vaca Muerta son los protagonistas centrales de los casi U$S 12.000 millones de dólares en proyectos canalizados a través del Régimen de Incentivo a las Inversiones en Energía (RIGI).
“Por otro lado, -aclaró Besmedrisnik- el aumento en la oferta de energía permite mejorar la ecuación fiscal, tanto por la mayor capacidad recaudatoria como por una menor necesidad de compensar los altísimos costos de importación (por ejemplo, del gas natural licuado) con subsidios. En relación al 2023, las transferencias de recursos de las arcas públicas asociadas a la energía se redujeron entre un 20% y un 30%. El sector hidrocarburífero es, sin dudas, un factor transformador para la economía argentina de los próximos años”.