Escenario promisorio
Cada TCF adicional por año le significará a la Argentina US$ 7500 millones en exportaciones
Cuál es el sendero de desarrollo que puede atravesar el país, y los hitos de producción y exportaciones al 2030 para monetizar el gas de Vaca Muerta.
La Argentina se encuentra encaminada decididamente a convertirse a finales de la década en un exportador neto de gas natural proveniente de la formación de Vaca Muerta, pero el camino es largo y con alternativas simultáneas por recorrer.
En ese road map que la industria tiene para los próximos años, el CEO de TGN, Daniel Ridelener, destacó que el valor de los grandes recursos en Vaca Muerta estimados en 308 TCF (Trillones de Pies Cúbicos) están vinculados no sólo a la ventana de gas de la formación, sino también a las inversiones que hoy son foco de las empresas en el campo petrolero que prometen, en forma asociada, una mayor producción de gas que no se debe desaprovechar.
Con un consumo aparente de la Argentina de apenas 1,8 TCF al año, Ridelener precisó en una charla realizada en la sede porteña del Centro Argentino de Ingenieros (CAI) que si se estima el consumo total de la Argentina más las exportaciones regionales por ducto en los próximos 20 años, se llega a los 48 TCF.
Pero si se considera también las necesidades de producción de Gas Natural Licuado (GNL) la cifra trepa a los 36 TCF. Es decir, que la industria prevé posible alcanzar un desarrollo que requiera por las próximas décadas producir un total de 84 TCF, que sólo se podrá lograr a través de una serie de proyectos en marcha y futuros.
En este escenario, el titular de una de las dos principales empresas transportadoras de gas del sistema, reseñó que esta proyección significa que el país puede producir 4,1 TCF por año, y cada TCF adicional que la Argentina pueda generar para sustituir importaciones o abrir nuevas exportaciones permite hablar de una facturación adicional de US$ 7.500 millones al año.
“Todo el gas excedente que se produzca hay que tratarlo y se nos abren además de los proyectos de GNL, la separación de los líquidos del gas natural, para obtener butano, propano gasolina, tenemos que tener poliductos para evacuarlo, plantas para tratamiento y plantas para fraccionamiento y despacho. Cada uno de esos proyectos significa inversiones superiores a los US$ 1.000 millones que hay que afrontar en este camino”, explicó.
Pero el país encara, apenas, la etapa inicial que es la construcción de los primeros gasoductos que están permitiendo año a año incrementar la capacidad de evacuación de Vaca Muerta.
“La segunda etapa del Gasoducto Néstor Kirchner y la reversión del Gasoducto del Norte permitirá incrementar la producción de hoy y permite ver a futuro la posibilidad de retomar la exportación regional. Hoy llegamos al centro y norte de Chile y estamos trabajando fuertemente para llegar a Brasil, pero para saber cuál va a ser el camino más conveniente, además de los recursos del gas, juegan las cuestiones geopolíticas” dijo Ridelener.
Con una vinculación, ya probada, de gasoductos de exportación a Chile desde la región centro al norte del vecino país; la vinculación existente con Uruguay y la inminente reversión del ducto que viene desde Bolivia, el desafío es precisamente definir la mejor vía para alcanzar al atractivo mercado del cordón industrial del sur brasileño.
“A futuro viene la segunda etapa del GPNK, que es permitir llevar a 40 millones la capacidad de transporte, y vemos como futuro el retomar la exportación regional al centro y norte de Chile y llegar a Brasil”, reseñó.
Viendo el sistema regional de ductos hay tres caminos posibles de llegar a Brasil: Uno es el camino a Bolivia con los ductos existentes que en lugar de traer gas de norte a sur podría hacérselo a la inversa.
El otro incluye a Paraguay, país que quisiera un gasoducto paralelo a la ruta bioceánica que tiene como contra una inversión importante porque demandará construir más de 1.000 kilómetros de troncal. O se podría continuar la vinculación ya existente con Uruguayana y cerrar el anillo energético con un tramo de 580 kilómetros.
“En la definición de cuál va a ser el camino juegan factores geopolíticos y la pregunta es si tiene sentido ir por un tercer país para llegar a Brasil, lo que a la luz de las experiencias a nivel mundial no han resultado muy buenas”, definió el experto