Panorama regional

Gas, electricidad y renovables: la región prepara una nueva etapa de inversiones

Un informe de Moore Business Embassy advierte sobre el declive del gas en Bolivia, los riesgos de cortes eléctricos en Colombia y Ecuador y las necesidades de infraestructura en Chile y Uruguay. Brasil, México y Perú apuestan a nuevas inversiones para ampliar su capacidad energética.

América Latina enfrenta un escenario energético cada vez más exigente, con problemas de abastecimiento de gas, riesgos de cortes eléctricos y fuertes necesidades de inversión en infraestructura.

La transición hacia fuentes renovables avanza, pero las limitaciones de las redes, la falta de almacenamiento y las dificultades para atraer capital amenazan con condicionar el suministro y la competitividad industrial.

Así lo advierte un informe estratégico regional elaborado por Moore Business Embassy, que analiza la situación de diez países y expone las principales tensiones que atraviesan sus mercados energéticos.

El diagnóstico identifica situaciones críticas en Bolivia, Colombia y Ecuador, mientras que Brasil, México y Perú buscan ampliar su capacidad productiva y captar nuevas inversiones.

Bolivia, la mayor alerta por la caída del gas

Uno de los casos más preocupantes es Bolivia, cuya producción de gas natural cayó más de 54% entre 2014 y 2025, mientras que las exportaciones retrocedieron 78%. Según las proyecciones oficiales citadas en el informe, en 2029 la oferta podría dejar de cubrir la demanda interna.

El problema tiene consecuencias sobre todo el sistema energético, ya que aproximadamente dos tercios de la electricidad del país se generan en centrales termoeléctricas que utilizan gas.

Frente a este escenario, el Gobierno habilitó excepcionalmente la importación de gas natural y gas natural licuado para consumo propio y generación eléctrica.

En Colombia, una falla en la terminal de regasificación de Cartagena obligó a aplicar recortes de hasta 35% en el suministro de gas a industrias durante una semana. La prioridad quedó concentrada en los hogares y el comercio, en un contexto de preocupación por la disponibilidad de energía para la generación eléctrica.

Ecuador también enfrenta dificultades para garantizar el abastecimiento. La sequía afectó la generación hidroeléctrica de complejos como Paute y Coca Codo Sinclair, por lo que el Gobierno trabaja en la incorporación de 110 megavatios de generación térmica alquilada.

La infraestructura, clave para atraer inversiones

En Chile, el crecimiento de las energías renovables plantea la necesidad de ampliar los sistemas de almacenamiento para evitar el vertimiento de electricidad y garantizar la estabilidad de la red. El informe destaca el desarrollo de proyectos de baterías vinculados con parques solares y eólicos.

Brasil, por su parte, combina la expansión de la refinación y los hidrocarburos con el desarrollo de biocombustibles y energía eólica marina. Las importaciones de diésel de Petrobras disminuyeron 85,2% durante el segundo trimestre, en paralelo con un uso récord de sus refinerías.

México busca incorporar más de 24.000 megavatios de generación eléctrica hacia 2030, con inversiones estimadas por la Comisión Federal de Electricidad en 509.000 millones de pesos.

Perú, en tanto, apunta a recuperar capacidad de inversión en hidrocarburos y proyectos energéticos, con iniciativas como el desarrollo del Lote 207 en Talara, que contempla desembolsos cercanos a US$ 400 millones para perforar 250 pozos durante la próxima década.

En Uruguay, el crecimiento de los vehículos eléctricos comienza a exigir una mayor infraestructura de carga.

Según el reporte, estos modelos representaron el 48% de las ventas del mercado en septiembre. Además, la empresa estatal UTE proyecta un corredor de transmisión de 500 kilovoltios, con una inversión superior a US$ 300 millones.

Paraguay, por su parte, tiene en la negociación del Anexo C del tratado de Itaipú uno de sus principales desafíos económicos y energéticos, especialmente por las condiciones futuras de acceso a la electricidad y las posibilidades de industrialización.

El diagnóstico regional deja una conclusión: la transición energética latinoamericana necesita mucho más que sumar generación renovable.

La expansión de redes de transmisión, los sistemas de almacenamiento, la previsibilidad regulatoria y el financiamiento serán determinantes para garantizar el abastecimiento y sostener el crecimiento industrial.

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