El shale en plena expansión
Neuquén busca producir más arena para Vaca Muerta y bajar el costo de la logística
El crecimiento de la actividad no sólo aumenta la demanda de arena, sino también la presión sobre la logística. Neuquén busca desarrollar fuentes cercanas a los yacimientos, aunque el desafío pasa por alcanzar escala, asegurar calidad y sostener el abastecimiento.
El crecimiento del fracking en Vaca Muerta abrió un nuevo frente para la cadena de proveedores: garantizar el abastecimiento de arena para las fracturas y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de los cargamentos que llegan desde otras provincias.
Neuquén ya cuenta con producción local, aunque todavía en una escala inicial. La posibilidad de desarrollar nuevas fuentes cerca de los yacimientos aparece como una alternativa para reducir los costos logísticos, aliviar el tránsito pesado y darle mayor previsibilidad a una operación que requiere un flujo permanente de insumos.
"Hay todo un ecosistema alrededor de la arena", señaló Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage. El especialista estimó que el consumo podría crecer desde unos 6,7 millones de toneladas hasta alrededor de 9 millones, aunque esas proyecciones deben ser contextualizadas según el período al que corresponden.
Actualmente, buena parte de la arena utilizada en Vaca Muerta llega desde Entre Ríos. El traslado hasta Neuquén puede alcanzar unos 1.200 kilómetros, convirtiendo al transporte en un componente relevante del costo final.
Una oportunidad para proveedores neuquinos
El desarrollo de arena de cercanía podría convertirse en un nuevo eslabón de la cadena de valor de Vaca Muerta. La ventaja principal es logística: producir cerca de los bloques permitiría reducir kilómetros recorridos y exposición a posibles restricciones de transporte.
En Neuquén, la actividad todavía es incipiente. Fucello mencionó a Aluvial, vinculada con Vista Energy y ubicada en las cercanías de Cutral Co, como una de las experiencias de producción local de arena para fractura. Según los datos aportados en la entrevista, su producción rondaría las 20.000 toneladas anuales.
El potencial, sin embargo, es mayor. Existen áreas bajo exploración para determinar la calidad y características del recurso, un proceso clave antes de avanzar hacia una producción a escala industrial.
Para que la arena neuquina pueda competir con la que llega desde otras provincias no alcanza con estar más cerca. También debe demostrar que puede cumplir con las especificaciones que requieren las operaciones de fractura.
La arena cumple una función esencial en el fracking: se inyecta junto con agua a alta presión para mantener abiertos los canales generados durante la fractura y permitir el flujo de hidrocarburos hacia el pozo.
Por eso, características como la composición, resistencia, forma y tamaño de los granos son determinantes. Una arena que no soporte adecuadamente las condiciones de presión puede deteriorarse y afectar el comportamiento del pozo. De allí que las operadoras evalúen no sólo el costo del material y del transporte, sino también su desempeño esperado durante la vida productiva del yacimiento.
En este punto aparece uno de los principales desafíos para el desarrollo de proveedores locales: demostrar mediante ensayos y resultados comparables que la producción neuquina puede alcanzar las especificaciones requeridas.
Menos kilómetros, más previsibilidad
La discusión sobre la arena también está vinculada con la escala que está alcanzando Vaca Muerta. A medida que aumentan las etapas de fractura y la cantidad de pozos, crece el volumen de insumos que debe movilizarse hacia los yacimientos. La logística se convierte así en un factor estratégico para evitar cuellos de botella.
Pero el beneficio logístico deberá medirse contra el costo de extracción, procesamiento, acondicionamiento y transporte dentro de la propia provincia. También será determinante la capacidad de mantener un suministro estable frente al crecimiento de la demanda.
El desarrollo de nuevas canteras suma además una dimensión ambiental. La extracción requiere planificar la recomposición de los terrenos una vez finalizada la explotación y establecer controles sobre los impactos de cada proyecto.
En el caso de la extracción de arena desde cauces, también resulta necesario evaluar los volúmenes removidos y sus efectos sobre los ambientes donde se desarrolla la actividad.
El desafío para Neuquén será, entonces, doble: transformar un recurso disponible en una fuente industrial competitiva y hacerlo con controles que permitan sostener la actividad en el largo plazo.
Con Vaca Muerta aumentando su escala, la arena dejó de ser un insumo secundario para convertirse en un componente estratégico de la operación. Para Neuquén, la oportunidad está en acercar ese recurso a los pozos y convertir la ventaja geográfica en una nueva cadena de valor local.