Informe de la Secretaría de Minería

La Argentina ante la promesa del Uranio: se estima que la demanda crecerá más de 140% al 2050 en el mundo

El país busca reactivar su minería de uranio ante un mercado global que duplicará su capacidad nuclear a 2050. Con 21 proyectos en cartera y recursos identificados en Chubut, Mendoza y Río Negro, se podría lograr autoabastecimiento y exportación después de tres décadas.

La Argentina ante la promesa del Uranio: se estima que la demanda crecerá más de 140% al  2050 en el mundo
Argentina posee 34.250 toneladas de uranio en recursos identificados recuperables a costos inferiores a 130 USD/kgU.
Argentina posee 34.250 toneladas de uranio en recursos identificados recuperables a costos inferiores a 130 USD/kgU.

En un escenario energético global embarcado en una transición energética considerada irreversible, la energía nuclear es una de las principales alternativas para el desarrollo hacia una matriz de bajas emisiones.

El uranio, insumo fundamental para la fisión nuclear, cobra una relevancia estratégica y se proyecta que la demanda mundial de este mineral podría incrementarse un 141,7% hacia el año 2050 en un escenario de máxima capacidad.

Según el último informe de la Secretaría de Minería sorbe el Mercado del Uranio, esta proyección se sustenta en las estimaciones de laAgencia de Energía Nuclear (NEA) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), que prevén que la capacidad de generación nucleoeléctrica global pasará de los 371 GW de 2022 a unos 890 GW para mediados de siglo.

Esa expansión implicaría que el consumo de uranio (U3O8) escale desde las 58.714 toneladas actuales hasta alcanzar las 142.631 toneladas anuales. Camilo Hereñú, director de Economía Minera y uno de los responsables del documento, destaca el potencial que esto representa para el territorio nacional.

“La Argentina cuenta con el potencial de desarrollar la minería de uranio tanto para su autoabastecimiento en su uso en las centrales nucleares de potencia, como también para generar saldos exportables de este insumo básico a los países que lo demanden”, explicó el funcionario, subrayando la oportunidad de revertir el déficit comercial en este rubro.

Actualmente, la Argentina forma parte del selecto grupo de 30 países que operan centrales nucleoeléctricas, ocupando el puesto 25 a nivel global en generación de megavatios por esta vía. Es, además, la nación con mayor cantidad de reactores en Latinoamérica, con Atucha I, Atucha II y Embalse en funcionamiento.

Sin embargo, a pesar de contar con esta infraestructura y una trayectoria histórica en la materia, el país no produce uranio desde 1997.

La historia de la actividad en la Argentina se remonta a finales del siglo XIX, con el primer registro mineralógico en San Luis en 1874. El desarrollo económico real llegó en la década de 1950 de la mano de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), logrando una producción acumulada de 2.582 toneladas de uranio hasta finales del siglo pasado.

Aquella etapa de autoabastecimiento terminó cuando la caída de los precios internacionales hizo que la producción local dejara de ser competitiva frente a la importación.

Sobre este punto, Hereñú señaló que las condiciones del mercado cambiaron drásticamente. “La dinámica de la cotización siguió siendo positiva durante los últimos años, con un promedio de 70,55 USD/lb en 2024. Este nivel es todavía muy superior al promedio histórico de la última década, lo que devuelve el interés sobre los recursos que tenemos en el subsuelo”, afirmó el director.

A nivel internacional, la oferta primaria está fuertemente concentrada. Kazajistán lidera la producción mundial con el 38,8%, seguido por Canadá y Namibia. En cuanto a recursos identificados, Australia encabeza el ranking con el 28% del total global.

La Argentina, por su parte, posee 34.250 toneladas de uranio en recursos identificados recuperables a costos inferiores a 130 USD/kgU, distribuidos en siete proyectos principales.

La Cartera de Proyectos 2025 de la Secretaría de Minería identifica un total de 21 iniciativas vinculadas al uranio en distintos estados de avance, desde la prospección hasta la factibilidad.

Estos se localizan en distritos uraníferos clave de provincias como Chubut, Mendoza, Salta, La Rioja y Córdoba, donde históricamente se detectaron depósitos asociados a rocas sedimentarias, volcánicas y graníticas.

Esta cartera de 21 activos atraviesa diversas etapas de desarrollo, desde la prospección inicial hasta estudios de factibilidad, configurando la base para una eventual reactivación. Ese portfolio se sostiene sobre proyectos estratégicos que ya cuentan con recursos identificados.

Entre ellos sobresalen Sierra Pintada en Mendoza, con 10.010 toneladas de uranio (tU), y Cerro Solo en Chubut, que suma otras 8.180 tU. A estos se añaden iniciativas de relevancia como Meseta Central (5.290 tU) y Laguna Salada (2.980 tU) en la Patagonia, junto con el histórico yacimiento Don Otto en Salta y los proyectos de Laguna Colorada e Ivana, este último en Río Negro.

“La CNEA recientemente tomó la decisión de comenzar a avanzar en la reactivación de las minas sobre las que tiene derechos, como la mendocina Sierra Pintada y la de Cerro Solo en Chubut, mediante acuerdos con empresas mineras”, detalló Hereñú sobre la hoja de ruta oficial para recuperar la soberanía productiva en el sector. Estos proyectos son vitales, considerando que el país requiere 220 toneladas anuales de uranio solo para abastecer sus tres reactores de potencia actuales.

La necesidad de uranio será aún mayor con la proyección de nuevas obras. Por ejemplo, una hipotética incorporación de Atucha III sumaría 1.200 MWe de potencia bruta a la red eléctrica nacional, incrementando la participación de energías limpias en la matriz.

No obstante, este nuevo reactor demandaría uranio enriquecido, lo que plantea un desafío adicional en la cadena de valor tecnológica y productiva del país.

Además de la generación eléctrica, la industria nuclear argentina mantiene un fuerte desarrollo en investigación y medicina. Se espera que para finales de 2026 entre en funcionamiento el reactor RA-10 en Ezeiza, destinado a la producción de radioisótopos medicinales.

Este avance consolida la demanda interna del mineral no solo como recurso energético, sino como insumo para la salud y la ciencia.

El contexto geopolítico actual también juega a favor de la reactivación minera. La inestabilidad en zonas productoras tradicionales y la búsqueda de autonomía energética en Europa tras la guerra en Ucrania impulsaron los precios y los presupuestos de exploración a nivel mundial.

La Argentina, con su potencial geológico, busca posicionarse como un proveedor confiable en un mercado que ya no depende exclusivamente de stocks secundarios o el reprocesamiento de combustible.

En términos de inversión, durante 2022 el país destinó 7,8 millones de dólares a la exploración de uranio. Si bien es una cifra marginal comparada con los líderes como Canadá o China, marca el inicio de una tendencia que busca capitalizar el ciclo alcista del mineral. La minería de uranio se presenta hoy como una pieza indispensable para el cumplimiento de las metas de descarbonización global.

Hereñú remarcó que “en un contexto de incertidumbre global, el uranio es un insumo clave. Argentina cuenta con la trayectoria y el recurso para dejar de ser un importador neto y transformarse en un actor relevante de la transición energética mundial”.

El desafío para los próximos 25 años será transformar esos recursos identificados en producción efectiva no sólo para el abastecimiento local sino como recurso de exportación.

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