El avance del sector extractivo en la balanza comercial

Combustibles y minería alcanzan su mayor peso en las exportaciones desde 2007

Un informe del IIEP UBA-Conicet destaca que ambos sectores explican el 18% de las ventas externas, duplicando su relevancia respecto a 2016. El impulso de Vaca Muerta y el potencial del litio proyectan un cambio estructural.

Combustibles y minería alcanzan su mayor peso en las exportaciones desde 2007
Vaca Muerta impulsa el superávit de la balanza comercial.
Vaca Muerta impulsa el superávit de la balanza comercial.

El perfil exportador de la Argentina atraviesa un desarrollo significativo traccionado por los sectores de hidrocarburos y minería, aunque no resulta inédito en el país, ya que ambas industrias tuvieron un desempeño más protagónico en otros períodos. Según el último Informe Trimestral de Exportaciones Argentinas del IIEP UBA-Conicet, el conjunto de combustibles y minerales representa actualmente el 18% del total exportado. Esta cifra no solo es el valor más elevado desde 2007, sino que significa aproximadamente el doble de la participación registrada en 2016.

Pese al salto reciente, el estudio advierte que la incidencia de estos sectores aún se ubica por debajo de los niveles de comienzos de los años 2000, cuando explicaban en torno al 20% del total. Es más, durante todo el primer quinquenio del siglo, esa participación osciló entre el 19% y el 21%, para luego iniciar un declive sostenido, en particular por la intervención estatal en los mercados tras la crisis de 2001 y la caída de la inversión en exploración y desarrollo.

El nuevo paradigma energético y el rol de Vaca Muerta

Ahora, en un nuevo paradigma energético dominado por los hidrocarburos no convencionales, el crecimiento se apoya mayoritariamente en el desempeño del complejo de combustibles, con un rol central de la infraestructura en Vaca Muerta, mientras que la minería presenta un escenario de contrastes entre la estabilidad de los metales preciosos y la expansión del litio, pero con un claro consenso hacia una nueva ola de desarrollo de la gran minería.

Más aún, el análisis técnico del IIEP revela que el incremento observado en los últimos años se explica casi exclusivamente por el complejo de combustibles, cuyo crecimiento viene siendo sostenido y significativo. Este dinamismo permitió que el sector energético no solo registrara su mayor superávit histórico —con un saldo récord de u$s7.815 millones en 2025—, sino que comenzara a redefinir la estructura de la balanza comercial argentina.

De acuerdo con datos oficiales, el sector energético cubrió casi el equivalente al 70% del saldo positivo total del comercio exterior. Este resultado se fundamentó en exportaciones por u$s11.086 millones (un alza del 12,8% interanual) y una caída del 18% en las importaciones, gracias a la mayor infraestructura para el transporte y la distribución de gas local.

Minería, litio y el desafío de la concentración exportadora

En el caso de la minería, el IIEP describe una dinámica heterogénea. Las exportaciones de oro y plata se mantuvieron relativamente estables en cantidades, por lo que el crecimiento del rubro respondió principalmente a mejoras en los precios internacionales. En contraste, el litio exhibe una expansión muy marcada en volúmenes exportados, aunque el impacto en el valor final fue atenuado por la caída de los precios globales.

Aun con estos matices, la minería cerró un ciclo histórico con ventas al exterior por u$s6.037 millones, un 27% más que el año anterior. Actualmente, el sector representa el 7% del total de las ventas externas del país, la participación más alta registrada. El oro y la plata concentran el 81% del valor exportado, mientras el litio se posiciona como el segmento de mayor crecimiento porcentual por la puesta en marcha de nuevas plantas en el NOA.

Un punto central del informe del IIEP es la advertencia sobre la concentración sectorial. Si bien el auge de los recursos naturales es una oportunidad, apoyarse en un número reducido de complejos productivos aumenta la exposición a shocks externos.

“Para que este proceso no derive en una mayor concentración potencialmente problemática, es importante que el resto de las exportaciones acompañe con una dinámica de crecimiento robusta”, señala el documento. En este sentido, 2025 mostró señales positivas: las exportaciones de servicios aumentaron un 7% interanual —impulsadas por un salto del 13% en Servicios Basados en el Conocimiento— y los bienes diferenciados crecieron un 4%, a pesar de la reconfiguración del sector automotor.

Hacia adelante, la hoja de ruta del Ministerio de Economía establece una evolución ambiciosa. El objetivo es que la sinergia entre energía y minería permita escalar desde los actuales u$s13.852 millones hasta un flujo neto de u$s75.000 millones en la próxima década.

El cronograma oficial estima que la balanza combinada de 2026 dará un salto a u$s16.000 millones, con u$s10.000 millones aportados por la energía y u$s6.000 millones por la minería. La tendencia continuará en 2027, con u$s21.000 millones, ya con la puesta en marcha de una mega plataforma exportadora de crudo como Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que se estima estará operativa hacia fines de ese año.

Para 2028, desde el Palacio de Hacienda se proyectan u$s25.000 millones, año en el cual el sector energético generaría u$s19.000 millones por sí solo, con las primeras exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL). El despegue más pronunciado se espera a partir de 2029, cuando la balanza conjunta alcance los u$s32.000 millones, y ya para la década de 2030 la Argentina proyecta cifras que transformarían definitivamente su perfil exportador.

En 2030 se prevé un saldo de u$s45.000 millones, en 2031 la cifra subiría a u$s55.000 millones, y hacia 2032 y 2033 los ingresos se estabilizarían en torno a los u$s63.000 millones anuales. El tramo final de la proyección muestra un cierre de década extraordinario, con u$s71.000 millones en 2034 y un pico de u$s75.000 millones en 2035.

En ese último período, la energía contribuiría con u$s44.000 millones y la minería con u$s31.000 millones, lo que permitiría reducir la brecha histórica con competidores regionales como Chile y consolidar a la Argentina como actor clave en la provisión de recursos estratégicos para la transición energética global.

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