El complejo industrial en Arroyito

La Nación reactiva la PIAP y encomienda a la CNEA una licitación para recuperar la producción de agua pesada

Tras ocho años de parálisis, la Secretaría de Asuntos Nucleares decidió avanzar con el revamping de la planta, para recuperar una actividad clave, sustituir importaciones y generar ingresos a la CNEA con exportaciones.

La Nación reactiva la PIAP y encomienda a la CNEA una licitación para recuperar la producción de agua pesada
El agua pesada de la PIAP es un refrigerante de reactores nucleares.
El agua pesada de la PIAP es un refrigerante de reactores nucleares.

El Gobierno nacional decidió reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), lo que de concretarse marcará el cierre de un ciclo de inactividad que se extendía desde 2017. A través de la Secretaría de Asuntos Nucleares, se instruirá a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para que convoque de manera inmediata a una licitación pública internacional.

El proceso busca ejecutar el revamping necesario para devolver la operatividad a la infraestructura situada en Arroyito, en la provincia de Neuquén, que hoy representa un costo de mantenimiento cercano al millón de dólares mensuales sin generar producción, además de reactivar una instancia central del ecosistema nuclear argentino.

El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, fue el encargado de hacer el anuncio tras una visita a la planta industrial, junto al presidente de la CNEA, Martín Porro, organismo del cual depende la PIAP y que tendrá a su cargo la recuperación operativa, la cual —aseguró— “por falta de inversión y abandono de los gobiernos anteriores, está fuera de operaciones desde 2017”.

Desde ese entonces, explicó el funcionario, “el costo mensual de su conservación y mantenimiento llegó a alcanzar el millón de dólares. Un costo inaceptable por una planta que está parada hace casi nueve años, y en vez de generarle ingresos a la CNEA, le cuesta millones”.

Así, ante la ausencia de un contrato de operación vigente, desde la Secretaría se instruyó a la CNEA a que “convoque un proceso licitatorio abierto para realizar el revamping necesario y retomar las operaciones de la planta: queremos que la PIAP desarrolle un modelo comercial viable que genere ingresos para la CNEA y no sea un lastre para el bolsillo de los argentinos”, aseguró Ramos Nápoli.

Durante la reunión, a la que también asistieron autoridades del Gobierno provincial, se resolvió que la CNEA asumirá las tareas de mantenimiento de la PIAP con personal propio. En paralelo, y bajo la instrucción de la Secretaría de Asuntos Nucleares, la Comisión iniciará la preparación del proceso licitatorio para reactivar la producción de un insumo crítico para las centrales nucleares argentinas.

Los trabajadores, como antecedente previo, pusieron en agenda el tema cada vez que pudieron en la última década. El contexto global abre hoy una puerta para una mayor demanda, también aseguran los empleados que pugnan por la puesta en funcionamiento.

El proceso de actualización

El revamping consiste en un proceso integral de modernización, actualización tecnológica y recuperación de una instalación industrial. La intervención de la CNEA en el mantenimiento permitirá preservar los activos críticos de la planta y evitar el denominado “punto de no retorno”, en el que la degradación mecánica podría dificultar significativamente su futura reactivación.

El anuncio, motorizado por la visita de autoridades nacionales a las instalaciones en las últimas horas, busca revertir una situación que los técnicos califican de insostenible. Mientras la planta permanecía inactiva, la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) se vio obligada a importar agua pesada de la India para abastecer a las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse.

Esta operación demanda una salida de divisas de US$18 millones por año, un gasto que el nuevo esquema administrativo pretende eliminar mediante la sustitución por producción local. El plan técnico deberá contemplar una etapa crítica inicial que demandará una inversión de entre US$50 y US$60 millones para poner en marcha la primera línea de producción, con capacidad para 100 toneladas anuales.

Posteriormente, se plantea necesario el reemplazo de sistemas de control y electrónica que quedaron obsoletos tras casi una década de parálisis, un proceso que demandaría al menos 24 meses de obra, todos aspectos que deberán ser debidamente detallados en el llamado a licitación abierta que deberá realizar la CNEA para el revamping.

A tono de intentos previos, como el memorándum de entendimiento firmado en mayo de 2025 con Candu Energy, la actual gestión apuesta a un modelo donde el financiamiento surja de contratos de exportación firmes. La empresa canadiense ya había manifestado la necesidad de adquirir al menos 1.000 toneladas de agua pesada para sus reactores de nueva generación.

Según registros de la planta, en los últimos dos años delegaciones de cinco países han inspeccionado las instalaciones, validando que el know-how argentino sigue siendo un activo estratégico en un mundo que vuelve a apostar por la energía nuclear para cumplir las metas de descarbonización, con un combustible esencial para la actividad nuclear.

La transición de un esquema de “mantenimiento y guardia” a uno de “producción” también busca normalizar la situación de los trabajadores. En septiembre de 2025, el personal denunciaba atrasos salariales y falta de recursos básicos para el traslado a la planta debido a la irregularidad en el envío de fondos nacionales.

Con la licitación, la CNEA asumirá un rol más activo en la gestión directa, buscando que la PIAP deje de ser un “lastre” presupuestario para convertirse en una unidad de negocios exportadora. La escala de la PIAP es única, ya que es considerada la planta de mayor capacidad de producción de agua pesada del mundo.

La PIAP es una instalación estratégica para el sector nuclear argentino, inaugurada en 1993 y considerada un establecimiento de referencia internacional. Las centrales nucleares en operación en la Argentina (Atucha I, Atucha II y Embalse) utilizan agua pesada como refrigerante y como moderador de neutrones durante el proceso de fisión nuclear, lo que convierte a este insumo en un componente esencial.

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