Transición energética y sostenibilidad

Créditos de carbono: la nueva estrategia del Oil & Gas para producir y descarbonizar

El sector energético enfrenta presiones crecientes por reducir emisiones sin perder competitividad. Argentina podría generar más de U$S 9.000 millones con el mercado de carbono, según estimaciones privadas.

Créditos de carbono: la nueva estrategia del Oil & Gas para producir y descarbonizar
Los créditos de carbono ganan espacio como herramienta clave para la transición energética.
Los créditos de carbono ganan espacio como herramienta clave para la transición energética.

El sector Oil & Gas, responsable de cerca del 15% de las emisiones globales de carbono, atraviesa un dilema que combina urgencias ambientales, presiones regulatorias y demandas energéticas crecientes.

Reducir su huella sin afectar la competitividad se ha convertido en una ecuación compleja, especialmente en países como Argentina, donde los costos de producción y financiamiento son altos y la infraestructura para energías limpias aún se encuentra en desarrollo.

En este contexto, los créditos de carbono se consolidan como una herramienta estratégica de transición. “Son una forma de actuar ahora mientras se avanza hacia la descarbonización estructural”, explica Lucas Peverelli, director de Nullaexitus, empresa especializada en gestión ambiental corporativa.

Según datos del Banco Mundial, este mercado mueve alrededor de 100.000 millones de dólares anuales y ya es utilizado por dos tercios de las grandes compañías del mundo con compromisos de emisiones netas cero.

El mecanismo es simple: una empresa que no puede eliminar por completo sus emisiones puede compensarlas invirtiendo en proyectos que capturen gases de efecto invernadero, como reforestación o restauración de ecosistemas. Cada crédito equivale a una tonelada de COâ‚‚ absorbida o evitada.

Oportunidades para Argentina

Un informe de la consultora Sylvera estima que el mercado argentino de carbono podría generar ingresos por más de U$S 9.000 millones, gracias a su biodiversidad, extensión territorial y capacidad de captura natural de carbono. En particular, los ecosistemas forestales y agrícolas representan una ventaja comparativa clave.

Además, comienzan a surgir mecanismos locales de verificación y certificación, como el programa lanzado por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que valida proyectos bajo estándares internacionales con costos significativamente menores a los de las plataformas globales. Esta innovación amplía el acceso de pymes y proveedores del sector energético, tradicionalmente excluidos por los altos costos de certificación.

El desafío no se limita a las grandes productoras. Cada vez más, las empresas líderes del Oil & Gas y la minería exigen a sus contratistas medir su huella de carbono, adoptar estándares ESG y participar de esquemas de eficiencia energética. Esto abre la posibilidad de que las pymes generen sus propios créditos de carbono a partir de proyectos locales, integrándose a las cadenas de valor sostenibles.

Adoptar políticas de neutralidad de carbono no solo mejora el desempeño ambiental, sino que facilita el acceso a financiamiento, mejora la reputación corporativa y atrae inversores con criterios sostenibles. También permite anticipar futuras regulaciones y acceder a nuevos mercados que privilegian la trazabilidad y la reducción de emisiones.

“En última instancia, el dilema del carbono no se resuelve eligiendo entre producir o reducir, sino aprendiendo a hacer ambas cosas mejor”, concluye Peverelli. “La sustentabilidad no es un freno al desarrollo, es la única manera de garantizar que siga siendo posible”.

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