Producción local y escenario global

La Argentina frente a dos crisis globales: del déficit energético de 2022 al superávit comercial en 2026

La expansión de la producción de hidrocarburos y de la infraestructura de transporte modificó la posición de la Argentina frente a una nueva crisis internacional. El país pasó de un déficit comercial energético en 2022 a un escenario de superávit en 2026.

La Argentina frente a dos crisis globales: del déficit energético de 2022 al superávit comercial en 2026
El petróleo neuquino superó los 600l.000 barriles diarios en el 2026.
El petróleo neuquino superó los 600l.000 barriles diarios en el 2026.

El crecimiento de la producción de hidrocarburos en Vaca Muerta y la expansión de la infraestructura de transporte permitieron enfrentar la actual crisis internacional con escenarios totalmente distintos a cuatro años atrás, ofreciendo un blindaje local inédito.

La coyuntura energética global de marzo de 2026, marcada por restricciones operativas en el estrecho de Ormuz y riesgos logísticos en el estrecho de Bab el-Mandeb, generó en marzo una fuerte escalada en las cotizaciones del crudo Brent y el gas natural de referencia TTF. Sin embargo, la posición de la Argentina ante este escenario difiere estructuralmente de la registrada durante la crisis por la invasión a Ucrania en 2022.

Ante la crisis desatada por el ataque de Rusia hace cuatro años, el shock derivado del conflicto en territorio europeo resultó en un déficit comercial energético de u$s 4.386 millones para la Argentina. Durante ese ejercicio, el incremento en los costos de importación de Gas Natural Licuado (GNL), gas natural por ductos, naftas y gasoil provocó un salto en las compras externas de u$s 7.132 millones respecto a 2021. Las exportaciones del sector apenas aumentaron u$s 3.305 millones en el mismo período.

Tal como reseña un reciente informe de la consultora especializada Economía y Energía, aquel escenario de 2022 obligó a una erogación fiscal en concepto de subsidios a la energía que superó los u$s 12.000 millones. La dependencia del fluido importado para cubrir los picos de demanda invernal y la generación eléctrica expuso la vulnerabilidad de las reservas internacionales ante la volatilidad de los precios en el mercado spot.

De la dependencia importadora al superávit

Cuatro años después, la configuración de la balanza comercial energética presenta indicadores inversos. Las exportaciones de petróleo de la Argentina se triplicaron en la comparación interanual, con un crecimiento del 182% respecto a los niveles de 2022. Los despachos al exterior pasaron de 110 kbbl/d en aquel año a una media de 309 kbbl/d durante el último trimestre de 2025.

En el mercado del gas natural, las ventas externas pasaron de un promedio de 6,9 MMm3/d en 2022 a 8,7 MMm3/d en 2025, lo que representa una expansión del 27%. Este incremento de la oferta local permitió reducir drásticamente la dependencia de los proveedores regionales y globales para el abastecimiento del sistema troncal de transporte.

La sustitución de importaciones de gas natural es uno de los datos más significativos de la transformación sectorial. Mientras que en 2022 la Argentina importó 10,8 MMm3/d desde Bolivia, en el último año el registro de ingresos desde ese origen fue de 0,1 MMm3/d, consolidando la reversión del flujo en el norte del país.

Respecto al GNL, las compras externas se contrajeron un 42% en el trienio analizado. El volumen importado descendió de 6,2 MMm3/d en 2022 a 3,6 MMm3/d en 2025. Asimismo, la importación conjunta de combustibles líquidos —naftas y gasoil— experimentó una reducción del 65%, impulsada por una mayor capacidad de procesamiento y disponibilidad de crudo liviano local.

Esto permitió que la suba internacional de los derivados del petróleo no se trasladara de forma directa al sistema de transporte y logística nacional. Esta sustitución fue posible gracias a la mayor disponibilidad de crudo liviano proveniente de la cuenca neuquina, que optimizó la carga de las refinerías instaladas en la Argentina.

Bajo las condiciones actuales de mercado, con un precio del crudo Brent proyectado en torno a los u$s 100 por barril, el saldo de la balanza comercial energética de la Argentina alcanzaría un superávit de u$s 12.100 millones. Este excedente financiero contrasta con el saldo negativo acumulado en otros subsectores, como el biodiésel, que registra un déficit externo de u$s 3.309 millones desde 2010.

La baja incidencia del gas importado sobre el costo total de abastecimiento de energía eléctrica y gas natural determina un impacto limitado en el esquema de tarifas y subsidios internos. A diferencia de 2022, el sistema energético nacional cuenta con una base de producción propia que amortigua las oscilaciones de los precios internacionales para el consumidor final.

Impacto local ante la crisis global

El informe de la consultora que dirige el economista Nicolás Arce, en un escenario de máximos precios internacionales, las proyecciones indican que los usuarios residenciales de ingresos altos percibirían un incremento del 5,1% en las facturas de energía eléctrica. En el servicio de gas natural por red, el ajuste derivado del contexto global se limitaría al 3,6% mensual.

Los subsidios a la energía en este contexto de crisis global 2026 tendrían un incremento del 8% en relación con 2025. Esta variación mantendría la incidencia del gasto energético sobre el Producto Bruto Interno (PBI) en el orden del 0,6%, una cifra significativamente inferior a la verificada durante el ciclo 2022-2023.

La infraestructura desarrollada en el último cuatrienio permitió que la mayor producción de hidrocarburos no convencionales se traduzca en una posición de fortaleza externa. El crecimiento de la capacidad de transporte desde las cuencas productivas hacia los centros de consumo y terminales de exportación es el factor que explica la desvinculación parcial del costo local frente al shock externo.

Los datos de la balanza comercial confirman que la Argentina pasó de ser un importador neto de energía en contextos de crisis a un exportador con saldos crecientes. La reducción del 77% en el volumen conjunto importado de gas natural y GNL entre 2022 y 2025 constituye el eje de la sostenibilidad macroeconómica del sector ante la inestabilidad en Medio Oriente.

La transición hacia una balanza comercial superavitaria se consolidó en el último trimestre de 2025. La capacidad de respuesta del sector energético ante el aumento de precios en 2026 demuestra que la producción doméstica logró cubrir la brecha que, hace cuatro años, requirió un auxilio financiero del Tesoro Nacional superior a los u$s 4.000 millones para el comercio exterior.

Te puede interesar
Últimas noticias