Energía Nuclear
Julián Gadano: "El CAREM es un gran proyecto, pero no es un reactor comercial ni lo va a ser nunca"
El experto analizó el Plan Nuclear de Javier Milei, el nuevo rol del Estado, el futuro de la CNEA, de Atucha III y del reactor que lleva décadas de desarrollo y mil de millones de dólares de inversión.
Los reactores modulares pequeños (SMR, siglas en inglés de small modular reactors) son considerados en el mundo el futuro inmediato de la energía nuclear, y la Argentina tiene en sus manos las capacidades necesarias no solo para no depender de terceros en su desarrollo, sino también para ser proveedor de esa ingeniería y tecnología que para muchos será clave en el proceso de transición energética.
Los SMR, precisamente, son el punto de partida del Plan Nuclear que acaba de anunciar el Gobierno de Javier Milei, que apenas dejó trascender que se avanzará en la construcción de un reactor modular en el Complejo Nuclear de Atucha, en el partido bonaerense de Zárate, pero que dejó los indicios necesarios para entender que no se trata del proyecto CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares).
Julián Gadano, consultor independiente, profesor universitario, Director del Programa de Política Nuclear de la Fundación Argentina Global, analizó las oportunidades que la Argentina tiene como uno de los pocos países con recursos humanos altamente capacitados y reconocidos para llevar adelante una nueva ola de desarrollo del sector, que ya cuenta con 70 años de historia.
"Lo primero que hay que entender es que el Carem no es un reactor comercial ni lo va a ser nunca. Sí, es un gran proyecto por todo el conocimiento que tiene detrás, pero no sólo por diseño es carísimo en la operación, sino que tiene riesgo de indisponibilidad, lo cual también lo vuelve caro, ni tampoco es un reactor modular aunque se lo llame SMR, ni tiene toda la ingeniería resuelta", afirmó el ex secretario de Energía Nuclear, actual consultor y docente de la Maestría en Desarrollo Energético Sustentable del ITBA.
La ausencia del proyecto CAREM en la presentación de Milei junto a Demian Reidel que estará al frente del naciente Consejo Nuclear Argentino, y el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, obliga a preguntarse sobre su futuro.
Para Gadano, este desarrollo que buena parte del sector científico tecnológico local defiende enfáticamente, lleva décadas de trabajos y de financiamiento que ya alcanzan los u$s 1.000 millones afrontados por sucesivos gobiernos, y al que aún le restarían al menos otros u$s 300 millones de inversión y tres años de continuidad en su construcción. "Da la sensación de que con este Gobierno eso no va a pasar", arriesgó el especialista.

"Lo que tiene que ocurrir es que la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) salga a buscar un socio, otro país que no sea competitivo, que no disponga de tecnología nuclear y que esté dispuesto a pagar por eso. Pero hay que estar dispuestos a abrirle totalmente el juego, convertirlo en un socio y compartirle toda la ingeniería que es lo que se les va a estar vendiendo, y sólo así se podría transformar el Carem", manifestó.
Precisamente, el nuevo presidente de la CNEA, Germán Guido Lavalle, pidió un critical review del Proyecto CAREM, cuyos resultados serán confidenciales, pero al mismo tiempo el INVAP presentó en Estados Unidos una patente de un reactor SMR, que está más atrasado pero que es comercialmente atractivo porque se generó en torno del objetivo de hacerlo viable.
Entonces, ¿Cuál es el norte del nuevo plan y de la política que promueve el Gobierno?. Para Gadano primero hay que entender que la lógica del Presidente deja atrás "los proyectos de generación nucleoeléctrica relacionados con financiamiento público y está anunciando es otra cosa que, a través de incentivos, sale a buscar que la Argentina sea atractiva para instalar grandes data centers de inteligencia artificial y prometer alimentarlos con este tipo de generación de energía, sostenido en inversión privada".
"Lo que el gobierno está intentando -analizó en diálogo con Mejor Energía- es que alguna de las 25 empresas que están desarrollando los SMR de nuevo tipo, la gran mayoría de Estados Unidos o de Canadá, vengan a la Argentina con sus diseños, con su capital, con su financiamiento y construyan acá los reactores nucleares para alimentar esos datacenters de inteligencia artificial".
Para ello, el país tiene varias condiciones muy favorables que lo vuelven un lugar atractivo para alguno de los muchos proyectos que se pueden expandir en el mundo: "Por un lado recursos humanos de calidad de clase mundial en ingeniería nuclear, después, una cadena de suministro razonable y una autoridad regulatoria solvente y de prestigio que no todos los países tienen, y con respecto a los que lo tienen es más barata".

Si la promoción de la tecnología nuclear con científicos nacionales puede resultar paradójica con el corrimiento del Estado, para Gadano es necesario aclarar que "una cosa es la actividad nuclear del Estado para la cual a la CNEA hay que darle la financiación correspondiente para que se ponga a la punta de la investigación y desarrollo, y otra es incentivar la inversión para que el privado venga no a vender reactores sino a vender energía con sus reactores".
En consecuencia, "la CNEA no es una institución diseñada para hacer proyectos comerciales, no sabe hacerlo porque no esta pensada para eso. Tuvo buenos spin off, como INVAP que ha sabido ganar mercados y otros casos también como la Conuar para combustibles, pero al frente de proyectos como el Carem llega un momento en el cual se construyó mucho conocimiento, pero a la que le cuesta mucho terminarlo".
"Los desarrollos comerciales los tienen que hacer las empresas privadas -reafirmó-, como pasa en todo el mundo donde la generación nuclear es un negocio comercial. Estaba bien que lo hiciera el Estado en sus comienzos, cuando era estratégico, pero hoy no lo es, y no tiene ningún sentido que lo público invierta en eso. Por eso estoy convencido de que no había que hacer Atucha III porque implicaba gastar una fortuna cuando la Argentina tiene que ofrecer sus capacidades para que haya inversión extranjera, nacional, pero privada, para vender energía eléctrica".
En ese contexto, para el ex funcionario la Argentina puede jugar el partido que permita atraer la inversión internacional en el sector. "En el mundo, las grandes corporaciones tecnológicas -en las cuales hay un poco de fascinación con Milei- están muy deslocalizadas, no están en el mundo central y siguiendo esa lógica, el capital va a ir a buscar los recursos humanos donde sean buenos, donde puedan trabajar y donde al mismo tiempo ofrezcan costos más competitivos", señaló.