Energia nuclear
Reactores modulares: la Argentina busca sostener su lugar mientras avanzan los proyectos globales
El mercado internacional de la energía nuclear experimenta una gran reconfiguración tecnológica y comercial impulsada por los Reactores Modulares Pequeños (SMR, por sus siglas en inglés). Estas centrales, caracterizadas por una potencia eléctrica de hasta 300 MWe por módulo, surgen como alternativa a los reactores tradicionales de gran escala, condicionados históricamente por elevados costos de capital y prolongados plazos de construcción.
El valor de los SMR no radica en la escala de potencia por sí misma, sino en el cambio de paradigma de construcción y financiamiento. El modelo tradicional requiere grandes inversiones iniciales y enfrenta riesgos de sobrecostos debido a la gestión de obra en sitio. Los SMR mitigan estas variables mediante la modularidad de sus componentes, los cuales se fabrican de manera estandarizada en instalaciones industriales controladas para luego ser transportados por vía ferroviaria, marítima o terrestre hasta el emplazamiento definitivo.
La posición histórica de la Argentina en el sector nuclear, fundamentada en sus capacidades de diseño y exportación de reactores de investigación, tuvo como eje central en el segmento de potencia al proyecto CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares). Concebido por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el CAREM 25 es un prototipo de reactor de agua a presión modular de 32 MWe que comparte los criterios de diseño de los SMR globales avanzados.
El freno del CAREM 25
A pesar de su ventaja cronológica en el diseño conceptual, el proyecto CAREM 25 atraviesa una situación de parálisis estructural en su fase de construcción civil y montaje electromecánico en el sitio de Lima, provincia de Buenos Aires. Las discontinuidades en las partidas presupuestarias, las reconfiguraciones técnicas y contractuales, más una decisión política energética coyuntural ralentizaron el cronograma oficial de finalización.
Frente a las restricciones operativas, el sector privado local busca articular alternativas para capitalizar el conocimiento científico existente. En este ámbito se destaca la empresa Meitner Energy, que impulsa el desarrollo del proyecto ACR 300 (Advanced Compact Reactor). Este reactor modular de 300 MWe se basa en propiedad intelectual y transferencia tecnológica originada mediante una patente de INVAP SAU, la sociedad del Estado rionegrino reconocida internacionalmente por el desarrollo de sistemas tecnológicos complejos.
El surgimiento de iniciativas basadas en licenciamiento privado y patentes tecnológicas compartidas representa la vía de continuidad operativa para evitar el desplazamiento definitivo de la Argentina de un mercado de alta tecnología valorado en miles de millones de dólares.
La proliferación de empresas con proyectos en fases avanzadas de ingeniería y licenciamiento en Estados Unidos, Europa y Asia evidencia que el mercado de los SMR se encuentra próximo a la fase de despliegue industrial masivo. La Argentina dispone del capital humano y el desarrollo tecnológico base para participar en esta cadena de valor global; sin embargo, el estado embrionario neutraliza los esfuerzos históricos de inversión estatal.
Los diseños que compiten
La evolución tecnológica actual se divide en dos vertientes principales: la optimización evolutiva de reactores de agua ligera y el desarrollo de arquitecturas avanzadas encuadradas en la denominada Generación IV (Gen IV) que representa la próxima frontera tecnológica en el desarrollo de reactores nucleares civiles. No es un modelo específico de reactor, sino una iniciativa internacional (coordinada por el Foro Internacional Generación IV o GIF) que define los criterios para los sistemas nucleares que se prevé desplegar comercialmente hacia la década de 2030 y 2040.
En la primera de las vertientes tecnológicas (que son en su mayoría de Generación II y III/III+ basados en agua ligera a alta presión), la firma estadounidense NuScale Power lidera el posicionamiento comercial mediante el diseño de módulos conceptuales de tipo reactor de agua a presión (PWR) integral. Este modelo, que obtuvo hitos de certificación ante la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NRC), opera con una potencia de 77 MWe por módulo.
De manera simultánea, consorcios tradicionales e innovadores compiten en el vector comercial de agua ligera. GE Vernova Hitachi Nuclear Energy impulsa el BWRX-300, un reactor de agua en ebullición (BWR) de 300 MWe que utiliza circulación natural para el enfriamiento del núcleo, prescindiendo de bombas de recirculación activas y sistemas asociados de soporte.
En el continente europeo, el consorcio británico liderado por Rolls-Royce SMR avanza en la fase de licenciamiento de su propia plataforma modular de agua ligera. Se trata de un diseño de reactor de agua a presión (PWR) optimizado para entregar una potencia neta de 470 MWe por unidad, lo que sitúa su capacidad en el límite superior de la categoría de reactores medianos y pequeños.
Por su parte, Holtec International desarrolla el SMR-300, un diseño PWR compacto enfocado en la flexibilidad operativa y la resiliencia ante eventos sísmicos. Asimismo, Westinghouse Electric Company introdujo el AP300, un SMR de 330 MWe derivado directamente de la plataforma tecnológica del AP1000, lo que permite aprovechar una cadena de suministro existente, componentes probados y un marco regulatorio ya maduro.
Más allá de las tecnologías basadas en agua ligera, un grupo de empresas privadas y estatales financia el despliegue de conceptos disruptivos orientados a cerrar el ciclo del combustible y operar a mayores temperaturas de proceso. TerraPower, respaldada por capitales privados, avanza en el proyecto Natrium, que combina un reactor rápido refrigerado por sodio con un sistema de almacenamiento de energía térmica en sales fundidas, optimizando la integración con fuentes renovables intermitentes.
En el ámbito de los reactores de gas a alta temperatura (HTGR), X-energy desarrolla el Xe-100, un reactor de lecho de guijarros que utiliza combustible TRISO, diseñado para proveer calor de alta temperatura a procesos industriales además de generación eléctrica.
La categoría de reactores rápidos también incluye propuestas como las de newcleo, que proyecta unidades refrigeradas por plomo líquido destinadas a utilizar óxidos mixtos (MOX) a partir de residuos nucleares reprocesados, y la sueca Blykalla, enfocada en materiales avanzados para mitigar la corrosión por plomo en microreactores comerciales.
Compañías como Oklo Inc. se enfocan en reactores rápidos compactos de muy baja potencia (microreactores) concebidos para emplazamientos remotos o centros de datos, operando de forma autónoma durante períodos prolongados sin necesidad de reabastecimiento frecuente de combustible.