Geopolítica y Energía
El salto del petróleo mejora exportaciones, pero la guerra podría encarecer el crédito
La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente desató un shock de oferta que, tras la interrupción parcial en el Estrecho de Ormuz, disparó la cotización del crudo a niveles que no se registraban desde hace más de tres años. Con el barril de petróleo Brent flotando en una franja superior a los US$ 100, el mundo enfrenta un incremento superior al 16% en un raid que puede escalar al ritmo de la virulencia militar.
Para la Argentina, este escenario presenta una naturaleza doble, según explica el consultor senior en Oil & Gas Nicolás Taiariol, especialista en Regulación, Asuntos Gubernamentales y Energía. Mientras el superávit energético ofrece un viento de cola a las cuentas externas, la presión inflacionaria y el ruido financiero amenazan con complicar la macroeconomía.
El impacto más inmediato se registró en el denominado canal financiero, donde el shock externo modificó de forma abrupta el apetito por el riesgo a nivel global. Hasta antes de la profundización de las hostilidades, la Argentina, diversas provincias petroleras y las mismas empresas operadoras aprovechaban una ventana de oportunidad para captar financiamiento internacional.
Mercados y acceso al crédito
En ese período previo, se logró colocar deuda por una cifra superior a los u$s 10.000 millones, reflejando una confianza que hoy podría entrar en otra fase, de perdurar el conflicto, ante el cambio de escenario internacional y la volatilidad geopolítica.
El giro bélico alteró el humor de los mercados de manera drástica, fortaleciendo al dólar y provocando una suba en las tasas de interés en Estados Unidos. Esta reacción de la Reserva Federal buscó contener la inflación importada generada por la energía, pero tuvo consecuencias directas sobre las economías emergentes.
En su análisis, Taiariol sostiene que este contexto puso en pausa los beneficios del escenario previo, encareciendo de forma sensible el costo de cualquier nueva emisión de deuda necesaria para sustentar los planes de desarrollo de infraestructura energética.
Informes de entidades como Wells Fargo y Citi, en sus informes públicos recientes, coincidieron en señalar la vulnerabilidad de la Argentina ante este cambio de tendencia. Estos bancos de inversión ubican al país entre los más expuestos al shock externo debido a su limitada acumulación de reservas y su dependencia del crédito internacional.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional advirtió recientemente que un conflicto prolongado en Medio Oriente restará dinamismo a la actividad económica mundial, lo que dificulta cualquier intento de refinanciación de pasivos soberanos y corporativos en el corto plazo.
En términos de indicadores locales, el riesgo país, que logró perforar los 500 puntos en el primer trimestre, rebotó hacia los 600 puntos básicos, siguiendo la tendencia de salida de capitales de mercados emergentes, y luego acomodarse en un punto intermedio, pero con riesgos de alta volatilidad por la aversión al riesgo global.
Vaca Muerta afronta otro año bisagra, con obras de infraestructura multimillonarias por construirse. El mundo se debate entre un conflicto que afectó de un modo histórico la cadena de suministros en Medio Oriente, con las amenazas y ataques a cargueros en el Estrecho de Ormuz; esto, en Argentina, al mismo tiempo, podría tener el color de una oportunidad para posicionarse con el enorme potencial de sus recursos de petróleo y gas.
En ese escenario de tensiones, Vaca Muerta requiere de una inversión intensiva y constante para superar los cuellos de botella de transporte y procesamiento.
Para que la formación no convencional logre dar su próximo gran salto de producción, resulta imperativo el financiamiento de proyectos de gran escala que dependen de tasas competitivas. Sin crédito accesible, el ritmo de perforación y la finalización de obras y ductos estratégicos podrían sufrir demoras que afecten la capacidad exportadora de la Argentina en el mediano plazo.
Presión interna y oportunidad exportadora
Actualmente, proyectos de infraestructura de gas y petróleo demandan miles de millones de dólares que no pueden cubrirse únicamente con el flujo de caja interno de las operadoras. La necesidad de financiamiento externo es vital para transformar el potencial geológico en una realidad comercial, pero el encarecimiento del crédito internacional puede actuar como un freno para estas inversiones de largo aliento.
Por otro lado, el encarecimiento persistente de la energía a nivel mundial puede ralentizar el crecimiento económico de los principales socios comerciales del país. Taiariol advirtió que, si el conflicto se prolonga, la Argentina se verá afectada por una menor demanda de commodities: si bien el petróleo sube, una recesión global podría frenar la demanda y el precio de los granos, que representan el otro pilar fundamental de las exportaciones nacionales.
En el mercado interno, el aumento del crudo impactó de forma directa en el bolsillo de los consumidores a través del precio de los combustibles. Taiariol puntualizó que cada salto en la cotización del Brent influyó en el 40% del precio final de la nafta y el gasoil, lo que encareció la logística de toda la economía. Este fenómeno generó un efecto multiplicador que se trasladó a los productos básicos y puso en jaque los planes de desinflación previstos.
A nivel fiscal, el Gobierno enfrenta la disyuntiva de permitir un traslado total de los precios internacionales a las tarifas o aumentar los subsidios energéticos. Ambas opciones presentaron riesgos: la primera alimenta la espiral inflacionaria y la segunda presiona el gasto público en un contexto de búsqueda de déficit cero.
El análisis de Taiariol señaló que el aumento del petróleo encuentra a la Argentina en una posición estructuralmente más sólida que en crisis pasadas. La capacidad de ser exportador neto de petróleo permite que, por cada suba de u$s 10 en el barril, ingresen divisas adicionales estimadas entre US$ 1.300 y US$ 1.700 millones anuales. No obstante, este flujo de ingresos por exportaciones convive con el encarecimiento del GNL que la Argentina todavía debe importar en invierno.
Según el informe, la prolongación de la guerra sugiere que las condiciones de financiamiento restrictivas podrían mantenerse durante un tiempo mayor al esperado originalmente. Sin una normalización del acceso al capital, la Argentina deberá depender exclusivamente de sus propios recursos y de la eficiencia operativa de sus empresas energéticas líderes.