2025-05-15

El otro mercado para el shale oil procesado

Tras la desregulación, el GLP podrá duplicar su capacidad exportadora con los recursos de Vaca Muerta

El gas licuado de petróleo (GLP) es, después del gas natural, el combustible más usado en Argentina. Según el Censo 2022, lo utiliza más del 46% de la población, unas 20 millones de personas, que requieren de garrafas para cocinar o calefaccionarse, además de ser un recurso esencial para industrias, comercios y campos. Este combustible llega a todo el país, pero, en particular en Corrientes, Chaco, Misiones, Formosa y La Rioja, lo necesita el 80% de su población.

Sin embargo, a pesar de la gran demanda local, Argentina, con una producción de 2,7 millones de toneladas al año, más que duplica el consumo interno, dejando un amplio saldo exportable. Ese gas sale de la separación de líquidos del gas natural y de la refinación del petróleo, los cuales, gracias al crecimiento vertiginoso de Vaca Muerta, van a permitir más GLP disponible.

El GLP es un combustible esencial en Latinoamérica porque es limpio, portátil y versátil, y de ahí su importancia sostenible y económica para la región, que todavía concentra 90 millones de personas en pobreza energética extrema, y para lo cual el GLP permite combatir esa desigualdad social.

A pesar de la desregulación del mercado, que la actual gestión de gobierno decidió al terminar con los precios máximos de la garrafa, los valores no aumentaron significativamente porque el GLP compite dentro de un ámbito nacional con casi 30 fraccionadores y cientos de distribuidores, además de competir con otras fuentes de energía que van desde la electricidad hasta la leña.

El Gobierno estableció, a partir de la Ley de Bases sancionada por el Congreso Nacional, que no va a intervenir en materia de precios en ninguna de las etapas de la cadena de producción, transporte, distribución y comercialización de combustibles, y en particular tampoco del gas licuado de petróleo, en un contexto de negocio reclamado por las empresas hace años.

De acuerdo a estimaciones de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), desde enero 2024 el precio final del gas para el consumidor tuvo incrementos “muy por debajo de la inflación de punta a punta”, al arrancar con un costo de casi $7.000 la garrafa de diez kilos y hoy, según el lugar del país, oscila entre $10.500 y $13.000, con lo cual el incremento estuvo por debajo de la inflación.

Ahora, con una demanda local estancada, el GLP tiene la gran posibilidad de ampliar su potencial exportador a la par del crecimiento de producción no convencional en Vaca Muerta. Para CEGLA, si Argentina consume 1,5 millones de toneladas por año de GLP y destina al exterior otro tanto, con la producción adicional de Vaca Muerta esos saldos exportables podrían duplicarse en dos o tres años.

Aun así, el crecimiento exportador viene siendo sostenido a partir del aumento de producción no convencional tanto de gas natural como de petróleo. Pero en particular, el gas natural trae líquidos asociados —butano y propano— que representan entre un 20% y 30% del total, muy por encima de lo que producen los yacimientos convencionales.

Entonces va a haber mucha más producción de butano y propano, o de GLP para exportar en un futuro cercano, lo que permitirá generar saldos exportables importantes, principalmente para Chile y Brasil, que son actualmente los grandes mercados de demanda.

Pero en paralelo, la cadena de valor local también está buscando la diversificación del negocio ante la abundancia de materia prima, y la expectativa es poder desarrollar otras unidades de negocio como el gas a granel destinado a aplicaciones industriales y comerciales, en particular donde no llegan las redes de gas natural.

También se considera que podría haber un salto en el uso de gas vehicular, que Argentina tiene permitido en todo el territorio, pero muy pocas estaciones de servicio lo ofrecen, a pesar de que el GLP permite cuatro veces más autonomía que un tanque de GNC, además de un costo de conversión menor.

Con un precio hasta un 30% inferior a la nafta y al gasoil, el GLP busca ampliarse a motores náuticos y usos estacionarios, tanto en generación eléctrica como en riego, lo que puede tener un fuerte crecimiento por el ahorro en costos.

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