Transición energética
América Latina: anticipan una mayor electrificación y piden buenas prácticas regulatorias
La transición energética implica una serie de retos para la calidad de la distribución eléctrica, dado que la infraestructura existente debe adaptarse a nuevas demandas y tecnología.
Entre los principales aspectos de esta transición se encuentran la mayor electrificación, la movilidad eléctrica, la integración de recursos energéticos distribuidos (RED) y, de manera transversal, la resiliencia de las redes frente a eventos climáticos extremos.
Estas nuevas dinámicas plantean la necesidad de nuevas reflexiones sobre las estructuras de mercado y la regulación de la actividad de distribución, principalmente en el ámbito de los incentivos a las nuevas inversiones y su impacto en las tarifas finales a los consumidores.
El tema formó parte de la agenda del webinar organizado por la Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica Latinoamericanas (ADELAT) sobre Calidad de la distribución de energía eléctrica; experiencias y buneas práctricas regulatorias que convocó a las autoriddades y representantes más importantes de la industria.
Los expertos coincidieron en que la electrificación de diversos sectores, desde la industria hasta el hogar, implica un aumento significativo en la demanda de electricidad. Este fenómeno plantea varios desafíos para la red de distribución.
"Las infraestructuras existentes pueden no ser adecuadas para manejar el incremento en la demanda, requiriendo actualizaciones y expansiones significativas. La sobrecarga de la red puede provocar interrupciones y reducir la calidad del servicio. Asegurar un balance adecuado de carga en diferentes momentos del día y del año es crucial para mantener la estabilidad de la red. Y garantizar las autorizaciones la viabilidad para la construcción de nueva infraestructura, como subestaciones de potencia y líneas de transmisión, es crucial para mejorar la confiabilidad de la red eléctrica. Ello requiere de una gestión efectiva por parte de las autoridades locales y nacionales para la obtención de las licencias ambientales y otros permisos necesarios", señalaron.
Durante el seminario también se planteó la importancia del almacenamiento de energía como un factor crucial para gestionar la variabilidad de las renovables, pero también presenta desafíos. Integrar baterías y otros sistemas de almacenamiento a la red que requiere inversiones en infraestructura.
“La transición energética implica una serie de retos para la calidad de la distribución eléctrica, dado que la infraestructura existente debe adaptarse a nuevas demandas y tecnologías. Es necesario desarrollar estrategias eficaces para la carga y descarga de estos sistemas para optimizar la estabilidad y la eficiencia de la red. La adopción de redes inteligentes, el análisis de datos y el mantenimiento predictivo, junto con políticas de sostenibilidad y la participación activa del consumidor, son elementos clave para superar estos desafíos. La capacidad de adaptarse y evolucionar frente a estos retos determinará el éxito de la transición energética, asegurando un suministro de energía fiable, eficiente y sostenible para el futuro. La colaboración entre gobiernos, empresas y consumidores es esencial", sugieren los especialistas.
Y apuntan que la infraestructura de distribución debe ser la plataforma digital que ayude a que el proceso de transformación energética sea parte integral de los cambios económicos, climáticos, sociales, de calidad y cobertura del servicio, que requerimos los habitantes de nuestra región. Esta nueva dinámica exige mejorar los índices de calidad de servicio en forma sustancial y a una mayor velocidad. Para acelerar este proceso se requieren inversiones en infraestructura y digitalización, así como incentivos adecuadamente localizados y en equilibrio con las tarifas a los consumidores finales.
Según los expertos, la región ha visto mejoras significativas en los últimos años gracias a inversiones en modernización de redes, adopción de tecnologías inteligentes y reformas regulatorias.
Sin embargo, persisten desafíos como la cobertura desigual, interrupciones frecuentes y pérdidas de energía. Los esquemas de incentivos y compensaciones están diseñados para alinear los intereses de las empresas de distribución con los objetivos de calidad del servicio. Los marcos regulatorios pueden incluir diversos mecanismos económicos para incentivar a las empresas distribuidoras a realizar inversiones que permitan mejorar su servicio.
En ese sentido consideran que en América Latina, la calidad de la distribución eléctrica es un desafío constante debido a factores como las condiciones económicas, la infraestructura envejecida y la creciente demanda de energía. La calidad del suministro eléctrico es clave para asegurar la continuidad y confiabilidad en el contexto de la mayor electrificación del consumo energético que traerá la transición energética.
"Para mejorar la calidad, se requiere digitalizar y automatizar la red; aumentar el enmallamiento para incrementar las suplencias disponibles para un evento fortuito; aumentar sustancialmente el número de equipos telecontrolados y de actuación autónoma en los diferentes niveles de tensión de la red; asegurar la coordinación de los nuevos elementos que se incorporen a la red, ya sean propios o de terceros y; especialmente, utilizar al máximo la flexibilidad disponible.
Asimismo, debe introducirse el concepto de resiliencia en los sistemas de distribución, de forma que se limite el alcance, la severidad y la duración de la degradación del sistema luego de la ocurrencia de un evento extremo", concluyeron.