Los cortes al GNC y las industrias
En el sector energético no se despejan del todo las dudas sobre nuevos cortes de gas
Superada la crisis de desabastecimiento de gas natural que afectó la semana pasada a cientos de industrias y a toda la red de estaciones de Gas Natural Comprimido, en el sector energético se asegura que “el sistema seguirá al límite” por el resto del otoño y todo el invierno, y que cualquier imprevisto climático, técnico o administrativo puede traer nuevamente consecuencias no deseadas.
Las fuentes consultadas vinculadas al sector gasífero explicaron que “desde comienzos de año se venía observando que no se estaba dando una planificación acorde al pico de demanda” que caracteriza a los cuatro meses que se extienden desde mayo a agosto, con alguna variación de pocas semanas según el nivel de temperaturas bajas de cada año.
La situación se hizo más evidente en meses recientes cuando las previsiones meteorológicas ya alertaban sobre un promediar del otoño sensiblemente más frío y se observaba que “las compras de cargamentos de GNL previstas marcaban una estrechez llamativa”, teniendo en cuenta que el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner no iba a estar a toda su capacidad por la falta de finalización de las plantas compresoras y por la caída sensible del aporte de los envíos de gas desde Bolivia.
En el sector se desglosa que el Gobierno nacional a través de Energía Argentina (Enarsa) puso en problemas el abastecimiento haciendo gala de “respetar la premisa de privilegiar el ahorro para sostener el superávit fiscal y no proceder ni por cerca a la licitación de los cargamentos de GNL que se vienen requiriendo en promedio en los último años”.
Como datos se plantea que de acuerdo a las operaciones iniciales, Enarsa licitó primero un bloque de 20 buques de GNL de los cuales sólo tres correspondían a mayo, e incluso uno de ellos tendría inyección efectiva a inicios de junio. Es decir que la previsión de la nueva gestión era prácticamente el 50% del promedio de los cinco a seis cargamentos que se compraron en promedio en los últimos cinco años.
Pero la cifra es mucho más significativa si se tienen en cuenta que el año pasado, incluso con temperaturas que fueron menos frías, llegaron en mayo a la terminal de Escobar ocho cargamentos y otros cuatro que lo hicieron en la de Bahía Blanca, aunque es cierto que por entonces el sistema no contaba con los 11 Mmm2 día del GPNK.
Incluso, a comienzos de este año, la gestión del Secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, rechazó la opción que la empresa estadounidense Excelerate ofreció de traer nuevamente un buque regasificador a la terminal bahiense, como resguardo de lo que pudiera ocurrir con el GPNK y el atraso ya evidente que tenían las plantas compresoras de Tratayen y Salliqueló, las que hubieran aportado según el cronograma original otros 11 MMm3 adicionales diarios.
Las alarmas que encendió el quiebre de flujo registrado en los últimos días motivó que Enarsa saliera a licitar nuevos cargamentos que aún no fueron adjudicados, pero que no logran evitar para los expertos del sector que “el escenario siga siendo de mucha estrechez”, y que “se prioriza la inmediatez del gasto con la decisión de cubrir cualquier faltante eventual con combustibles líquidos, aunque sean más caros”.
La compra de fuel oil o gasoil para abastecer a las centrales generadoras térmicas, si bien tiene un costo superior al GNL, es mucho más ágil en su contratación y llegada al país, mientras que un cargamento spot en el mercado actual normalmente requiere 45 días de planificación, se explicó.
Otro vocero de una empresa vinculada al diseño de la campaña de invierno, explicó que “el cambio de gestión energética está demandando unos meses de aprendizaje que puede tener estas consecuencias y no se tomó en cuenta la magnitud del problema de la falta de planificación adecuada, hasta que se tuvo que salir a buscar de urgencia el cargamento de Petrobras”.
Incluso esa gestión estuvo marcada por demoras burocráticas que impidieron descargar oportunamente el gas licuado que hubiera aliviado el escenario al menos en los clientes industriales y de GNC que tienen contratos en firme, es decir que no son pasibles de interrupción por pagar un costo sensiblemente superior y que ahora deja al Estado expuesto a posibles demandas judiciales por el incumplimiento.
Petrobras, explican las fuentes que habitualmente llevan adelante este tipo de operaciones, es efectiva y clara en toda la gestión y planificación de los acuerdos, pero tiene una burocracia muy grande que cumplen a rajatabla desde que la empresa se vio envuelta en el escándalo del Lava Jato, considerada la secuencia de corrupción más grande de la región. Aquella situación generó aprendizajes y protocolos administrativos contables que no coinciden con las urgencias que representan situaciones como las planteadas por la Argentina.