Informe de la AIE
La tecnología redefine el mercado energético y obliga al petróleo a acelerar su transformación
La tecnología se convirtió en uno de los principales factores de transformación del mercado energético global y promete modificar durante los próximos años los costos, las inversiones, las cadenas de suministro y la competitividad de la industria, incluido el sector del petróleo y el gas.
Así lo plantea la Agencia Internacional de Energía (AIE) en su informe Energy Technology Perspectives 2026, que analiza la evolución de las tecnologías energéticas, sus perspectivas de despliegue y las condiciones industriales necesarias para sostener su expansión.
Según el organismo, un conjunto de tecnologías asociadas a la denominada “Era de la Electricidad”, entre ellas paneles solares, aerogeneradores, baterías, vehículos eléctricos y electrolizadores, ya representa un mercado global de aproximadamente US$1 billón.
La AIE anticipa que ese valor crecerá con fuerza durante la próxima década, impulsado principalmente por el aumento de la demanda de electricidad.
Una competencia que cambia de eje
El informe advierte que la disputa por el liderazgo energético ya no estará determinada únicamente por la disponibilidad de recursos. La capacidad de fabricar tecnología, asegurar insumos y controlar cadenas de suministro tendrá un peso cada vez mayor en la competitividad de los países y las empresas.
Las tecnologías más maduras, como los vehículos eléctricos y las energías renovables, fueron las principales beneficiadas por la producción a gran escala y la reducción de costos. Al mismo tiempo, otras tecnologías todavía emergentes avanzan con rapidez.
La AIE destaca, por ejemplo, el caso de los electrolizadores destinados a producir hidrógeno de bajas emisiones. Aunque en los últimos meses se produjeron postergaciones y cancelaciones de proyectos, el organismo considera que el crecimiento esperado hacia el final de esta década podría alcanzar un ritmo similar al que tuvo la energía solar fotovoltaica durante su primera etapa de expansión.
Incluso tecnologías todavía incipientes, como la fusión nuclear, comienzan a captar una atención creciente, aunque la AIE remarca que su viabilidad y su impacto comercial todavía deben demostrarse.
El impacto sobre petróleo y gas
Para la industria hidrocarburífera, el avance tecnológico plantea un escenario de transformación más amplio. La electrificación, el desarrollo de baterías, el crecimiento de las renovables y las nuevas tecnologías de producción energética modifican las expectativas sobre la demanda y la inversión.
Pero, al mismo tiempo, la propia industria del petróleo y el gas enfrenta una carrera tecnológica vinculada con eficiencia operativa, reducción de costos, digitalización, automatización y optimización de la producción.
En este contexto, la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de incorporar tecnología y acceder a cadenas de suministro confiables.
La AIE identifica justamente como uno de los principales riesgos las vulnerabilidades de las cadenas globales de suministro de tecnologías y materiales. Las políticas industriales y comerciales, incluyendo el aumento de aranceles, podrían elevar los costos promedio para los consumidores, aunque el impacto será diferente según cada tecnología.
La carrera por las cadenas de suministro
El organismo sostiene que los países están buscando asegurar su posición en un mercado tecnológico de rápido crecimiento mediante incentivos a la producción local y políticas destinadas a proteger industrias estratégicas.
Sin embargo, la AIE advierte que las tecnologías energéticas seguirán teniendo un papel importante en el comercio internacional. La estrategia no pasará solamente por fabricar puertas adentro, sino también por construir alianzas con otros países y empresas.
La cooperación internacional puede permitir reducir costos, diversificar proveedores y disminuir riesgos, un factor que el organismo considera clave para fortalecer la seguridad energética.
Para el sector energético, el mensaje es claro: la transición tecnológica no solo modifica qué fuentes de energía ganarán participación, sino también cómo se producen, cuánto cuestan y quién controla las cadenas industriales necesarias para desarrollarlas.
En ese nuevo escenario, petróleo y gas seguirán formando parte del sistema energético, pero deberán competir en un mercado donde la tecnología, la escala industrial y el acceso a cadenas de suministro estratégicas tendrán cada vez mayor peso.