2026-03-14

Panorama político de Vaca Muerta

Vaca Muerta en la era de producir más y monetizar mejor

Vaca Muerta entra día tras día en una fase de mayor exigencia. Hoy una clara: la necesidad de seguir bajando costos para ganar competitividad en el mercado mundial. Otra: el cambio de paradigma hacia el no convencional, y la antesala de una nueva dimensión exportadora muestran oportunidades que antes no existían.

Parte del asunto no implica solo crecer en volumen, ese mes a mes que es una habitualidad ya casi dada por hecho. Sino que también radica en qué hacer con los excedentes de producción, qué valor industrial pueden tener, y cómo se sortean las restricciones -en principio coyunturales- de infraestructura.

Es la era del petróleo y, por añadidura, la del gas asociado: en el último año los pozos alrededor de Añelo aportaron un salto en torno al 40% en este recurso, en plena escalada exportadora del shale oil. El anuncio de tgs en Nueva York, que invertirá 3.000 millones de dólares en plantas de procesamiento, almacenamiento y fraccionamiento y un poliducto, es tanto una oportunidad de negocios como una solución para la creciente producción de crudo.

A finales de año, el VMOS permitirá, a la vez, saltos sucesivos por la aceleración de petróleo no convencional, que abrió el año, nuevamente, en máximos históricos. Trepó por primera vez por encima de los 600.000 barriles diarios en promedio. Esto además implica mayor expansión para el gas desde Vaca Muerta. El shale argentino ya probó que puede escalar. Ahora, parte de las soluciones más inteligentes implican monetizar esa frondosa y posible nueva magnitud, en la que abundan números que coqueteaban con la quimera cuando se los pensaba hace diez años.

Lo que también plantea la necesidad de infraestructura: plantas, ductos, terminales y, claro, financiamiento. Hoy es el crudo; pero la llegada del GNL también implicará esfuerzos de esta índole. Soluciones que son ambientales, productivas y que impactan en la balanza comercial argentina.

Neuquén y una advertencia incómoda: el barril alto no resuelve todo

La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán es otra de esas caras del estrago de esta época. Miles de muertos; inestabilidad adicional sobre la inestabilidad global; interrogantes económicos. Un contexto que provoca los efectos consabidos en el mercado energético y el nivel de ingresos a miles de kilómetros.

Neuquén eligió una postura de cautela, de manual en este tipo de escenarios. Ya pasó por ese subibaja -en sentido inverso-, y hace casi nada. Viene de un barril a 59 dólares, en medio de la crisis arancelaria (EE.UU.-China), y llega a este ventarrón de cola en el que abundan números de diverso tenor en el horizonte económico. Así, la provincia que concentra el corazón del desarrollo no convencional eligió enviar una señal política distinta a la euforia que suele acompañar un Brent en alza.

A través de su secretaria de Finanzas y Hacienda, Carola Pogliano, planteó que el repunte recién impactará en regalías de abril y defendió una administración conservadora aun frente a eventuales recursos extraordinarios. Uno más uno a veces no es dos, parece decir Neuquén. Un crudo arriba de 90 dólares, e incluso rondando los 100 dólares este viernes, mejora la recaudación, pero también puede recalentar costos y tensionar variables internas.

El presupuesto neuquino fue proyectado con un barril a 62 dólares. Es un latiguillo: el oficialismo provincial se siente “cómodo” con un crudo a 70. La “volatilidad”, de todos modos, podría implicar mayores ingresos cuyo efecto real se medirá según dure el conflicto.

De todos modos, es uno de esos buenos problemas para tener: los asociados al crecimiento, en este caso, del principal indicador económico de la provincia (el 45% de los ingresos provienen de las regalías).

Claro: el imán neuquino suma presión desde el frente demográfico, lo que impone sostener un plan de obra pública en torno a los 1.000 millones de dólares. La posición de cautela también se explica en el plano político. Una sobredimensión de recursos, en el debate público, puede traducirse en mayores demandas. En la antesala electoral rumbo al 2027, esa postura de prudencia es una arista que sostendrá en la boca de los principales funcionarios a la hora de hablar del precio del barril.

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