2026-01-07

Energía y geopolítica regional

Vaca Muerta empuja a la Argentina al top petrolero de Sudamérica

Argentina volvió a jugar fuerte en el mapa energético sudamericano. En 2025, la producción de petróleo alcanzó niveles históricos y posicionó al país como el cuarto mayor productor de crudo de Sudamérica, superando a Colombia y quedando a tiro del podio regional. El motor de este salto tiene nombre propio: Vaca Muerta.

El crecimiento acelerado del shale oil en la cuenca neuquina no solo revirtió años de estancamiento productivo, sino que reconfiguró el peso relativo de la Argentina en el tablero energético regional. Con volúmenes en alza sostenida y nuevas inversiones en marcha, el horizonte que asoma para 2026 es aún más ambicioso.

Detrás de este avance hay un entramado de decisiones políticas, reglas de juego estables e infraestructura que permitió transformar potencial geológico en producción real. Neuquén, epicentro del desarrollo, se consolidó como el corazón del nuevo ciclo petrolero argentino.

Uno de los pilares fue la previsibilidad. La provincia sostuvo un marco de seguridad jurídica y estabilidad fiscal que resultó clave para atraer inversiones de largo plazo, incluso en un contexto nacional marcado por vaivenes económicos.

“En Neuquén la energía es una política de Estado”, repite el gobernador Rolando Figueroa en foros internacionales, un mensaje que encontró eco en operadoras locales y globales.

Esa consistencia normativa se tradujo en continuidad de permisos, concesiones y contratos, y en una autoridad de aplicación con capacidad técnica y conocimiento territorial.

La planificación energética dejó de ser una consigna para convertirse en gestión cotidiana, con metas claras y evaluación permanente de resultados.

En ese esquema, Gas y Petróleo del Neuquén (GyP) jugó un rol estratégico. La empresa estatal provincial se afianzó como articuladora entre el Estado y el capital privado, con participación en áreas productivas y más de 100 bloques reservados para exploración y desarrollo.

Su presencia permitió ordenar el proceso, impulsar licitaciones competitivas y acompañar la transición desde el convencional hacia el no convencional.

La infraestructura fue otro factor decisivo. Sin rutas, logística y servicios, Vaca Muerta no despega. Por eso, la provincia avanzó en obras clave para reducir costos y mejorar la competitividad, con proyectos emblemáticos como el bypass de Añelo y una mayor inversión en redes viales, energéticas y de transporte.

El crecimiento, además, llegó acompañado de una agenda ambiental más exigente. Neuquén fortaleció los mecanismos de control, promovió sistemas de monitoreo de emisiones —especialmente de metano— y avanzó en políticas de gestión responsable del agua. La licencia social se volvió un activo tan relevante como la productividad de los pozos.

Con estos elementos en juego, la Argentina no solo consolidó su lugar entre los principales productores de petróleo de Sudamérica, sino que empezó a disputar espacios de liderazgo. Vaca Muerta dejó de ser una promesa: hoy es el factor que empuja al país a recuperar peso energético y a pensar, otra vez, en grande.

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