2025-12-04

La mayor distribuidora de gas del país busca dar el salto al negocio exportador

Por qué Camuzzi convierte la estacionalidad del gas en su puerta de entrada al negocio del GNL

Durante años, la estacionalidad del consumo de gas en la Argentina fue sinónimo de problemas: picos extremos en invierno, redes y gasoductos sobredimensionados para esos meses y capacidad ociosa durante buena parte del año, sin una salida clara para los excedentes. Sobre ese descalce estructural, Camuzzi Gas Inversora decidió montar su ingreso al negocio del GNL con LNG del Plata, un proyecto de US$ 3.900 millones en el Puerto La Plata que apunta a licuar gas de Vaca Muerta en verano y reforzar el abastecimiento interno en invierno.

En la práctica, el sistema funciona con incrementos y bajas abruptas: la demanda argentina de gas en verano ronda los 110 millones de m³/día, mientras que en invierno supera los 135 millones de m³/día y puede acercarse a 160 millones de m³/día en los picos de frío, lo que implica un incremento estacional cercano al 50% sobre la demanda base.

Producir y transportar gas para ese máximo invernal significó históricamente convivir con gasoductos subutilizados durante largos meses, sin infraestructura firme para exportar el excedente estival. La reversión del Gasoducto Norte, que vincula Vaca Muerta con las provincias argentinas que antes dependían del gas de Bolivia -hoy en crisis por una cruenta declinación- habilitará las exportaciones de baja escala a Brasil .

Pero los grandes rendimientos de los pozos de la era no convencional suman un aditamento esencial ante la falta de mayor infraestructura terrestre hacia el resto del país y la región sudamericana: pozos con picos iniciales de rendimiento que plantean el interrogante de donde colocar el gas.

Esa asimetría llevó a que muchas empresas postergaran proyectos de gas: sin contratos de exportación de largo plazo, sin almacenamiento masivo y regulaciones cambiantes, y falta de infraestructura de transporte, el riesgo de invertir en producción adicional para que luego “sobrara” gas en verano fue siempre un dilema del sector. 

Aun con Vaca Muerta en desarrollo, el cuello de botella invernal reapareció en momentos críticos, como la crisis de abastecimiento de mitad de 2025, cuando se debieron interrumpir suministros industriales y recortar exportaciones para priorizar el mercado interno.

En ese contexto, la posición de Camuzzi es singular. A través de Camuzzi Gas Pampeana y Camuzzi Gas del Sur, la compañía es la mayor distribuidora de gas natural de la Argentina: abastece a más de 2 millones de usuarios en siete provincias y opera un sistema de redes y gasoductos de más de 56.000 kilómetros, que cubre el 45% del territorio. Ese rol le da un conocimiento estratégico de la curva de demanda y de sus desequilibrios: un invierno tensionado y un verano con capacidad de transporte ociosa que hoy no se aprovecha plenamente.

En paralelo, el contexto global y el avance de los campos productores no convencionales reposicionaron al gas como un insumo de la transición a escala regional y mundial. Esa combinación abrió, paulatinamente, la puerta a los proyectos de GNL que empezarán a producir a partir de 2027, con Southern Energy como primer hito del sector en el escalonamiento hacia 2031, objetivo temporal en el que está enfocada buena parte de la industria gasífera argentina.

De problema estructural a modelo de negocio

Es en este escenario donde aparece LNG del Plata, el proyecto con el que Camuzzi busca entrar al mercado internacional de GNL apoyándose justamente en la estacionalidad. La iniciativa prevé una inversión de US$ 3.900 millones en 20 años para montar un esquema de licuefacción flotante en el Puerto La Plata, provincia de Buenos Aires. La lógica es aprovechar el momento de menor demanda doméstica, entre septiembre y mayo, para colocar los excedentes de gas de Vaca Muerta en los mercados externos.

El corazón del proyecto será un barco de licuefacción ( GNL flotante ) amarrado frente a Ensenada, conectado a una plataforma offshore mediante un gasoducto subacuático de unos 10 kilómetros. El gas llegará desde la cuenca Neuquina utilizando la infraestructura existente, que hoy tiene capacidad ociosa durante parte del año. La planta podrá procesar más de 2,4 millones de toneladas anuales de GNL, equivalente a más de 9 millones de m³/día de gas natural.

El diseño se presenta como un esquema doble: exportar en verano y reforzar el abastecimiento interno en invierno. Al contar con una salida asegurada para el gas en los meses de menor consumo, los productores tienen más incentivos para invertir en nueva capacidad, lo que a su vez permite llegar al invierno con más producción disponible, reduciendo la dependencia de combustibles líquidos -la variante más cara y de más impacto ambiental en la generación eléctrica- y de importaciones de GNL spot, un mercado de valores más elevados.

En el plano regulatorio, la compañía adelantó que buscará que GNL del Plata accederá al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), en línea con otros grandes proyectos energéticos. Si se concreta en los plazos previstos, el proyecto sumará un nuevo polo de GNL en la Argentina, complementario de los desarrollos impulsados desde la Cuenca Neuquina en el marco del LNG Argentina: por un lado, Southern Energy, que ya avanza en la construcción de gasoductos de vinculación con el sistema troncal y acaba de cerrar un acuerdo de aprovisionamiento con la SEFE alemana; por otro, el plan de YPF, Eni y ADNOC, en la antesala de salir a buscar financiamiento en el mercado.

Para Camuzzi, el salto implica dejar de ser sólo una distribuidora regulada para pasar a jugar también como actor en la cadena exportadora, apoyándose en aquello que durante años fue visto como un problema estructural: una demanda fuertemente estacional y un sistema sin mercado interno para los excedentes de gas.

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