Análisis energético regional
Bolivia cede su lugar como potencia gasífera, mientras Vaca Muerta marca la agenda regional
Por décadas, Bolivia fue el corazón gasífero del Cono Sur. En 2014, sus exportaciones alcanzaban los 6.011 millones de dólares, con un flujo de 46,5 millones de metros cúbicos diarios, consolidando su protagonismo en el suministro energético regional.
Sin embargo, la combinación de declinación natural de los campos gasíferos y falta de nuevas inversiones ha reducido drásticamente su capacidad de exportación: hoy apenas logra vender 17,6 millones de metros cúbicos diarios, con ingresos que retroceden a niveles de 2006.
Tal es el análisis que hace el Director Ejecutivo Gas Transition Consultant y Codirector del Instituto de Energía de la Universidad Austral, Luciano Codeseira, el trasfondo económico agrava la situación.
Según el reciente Informe Económico de América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Bolivia registrará un crecimiento negativo de -0,5% en 2025, seguido de -1,1% en 2026 y -1,5% en 2027, convirtiéndose en el único país de la región con un ciclo recesivo sostenido.
El déficit comercial alcanzó 845 millones de dólares en 2024, y el Estado se vio obligado a recurrir a créditos internacionales y a permitir por primera vez desde la nacionalización de 2006 que empresas privadas importen gasolina y diésel.
"En este nuevo escenario geopolítico y energético, Argentina emerge como el actor regional dominante gracias al gas de Vaca Muerta, su megayacimiento de shale gas", señala.
En abril de 2025 se concretó un hecho simbólico: el primer flujo de gas argentino hacia Brasil, atravesando ductos bolivianos. Aunque fueron solo 2 millones de metros cúbicos diarios, el volumen proyectado podría alcanzar entre 8 y 9 millones en 2027, y cubrir la demanda brasileña hacia 2030 con entre 12 y 14 millones de metros cúbicos diarios.
Para Bolivia, la ironía es histórica: de ser potencia exportadora, podría transformarse en la arteria por donde circule el gas de sus vecinos, relegando su rol tradicional como proveedor regional. Para Codeseira el cambio no solo refleja la emergencia de Vaca Muerta, sino también la falta de estrategias de inversión y exploración que permitan a Bolivia sostener su producción.
Este giro tiene además implicancias geopolíticas: la dependencia histórica de Brasil hacia el gas boliviano se invierte, y los contratos energéticos de antaño pierden relevancia frente a un mercado regional donde la innovación tecnológica y el shale redefinen el mapa de poder.
Para Bolivia, mantener su posición requerirá políticas audaces de exploración, inversión extranjera y modernización de infraestructura, si quiere recuperar el protagonismo que supo tener en el siglo XXI.