Las siete transformaciones estructurales que están redefiniendo el rumbo de la transición energética
La transición energética entró en una nueva fase. Durante los últimos 36 meses, el panorama energético mundial evolucionó significativamente y entre las tendencias más notables se encuentra el creciente énfasis en la seguridad y la asequibilidad energética.
Ambos conceptos pasaron a ser prioridades centrales en un momento en que la transición energética global enfrenta mayores tensiones derivadas de la infraestructura, los costos y los riesgos geopolíticos.
Un nuevo informe de Boston Consulting Group (BCG), titulado The Energy Transition´s Next Chapter, identificó siete cambios estructurales que están transformando el sector y plantea implicaciones y planos de acción concretos para gobiernos, empresas y consumidores frente a un entorno cada vez más volátil, fragmentado y no lineal.
El aumento de las emisiones de carbono asociadas con la satisfacción de las necesidades energéticas mundiales corre el riesgo de socavar los mismos logros.
"La transición energética sigue siendo un cambio secular fundamental. Sin embargo, es poco probable que sea lineal, ya que el camino a seguir está marcado por avances desiguales y ocasionales reveses", se destacó.
En ese sentido se señala que no existe una única transición, sino múltiples transiciones nacionales y regionales que se desarrollan con diferentes ritmos y opciones tecnológicas. Aun así, el entorno cambiante y complejo que se observa hoy no indica un retroceso en la transición energética.
En general, en muchos casos, la seguridad y la asequibilidad energética pueden alinearse con los objetivos de descarbonización. El estudio muestra que la transición no se detiene, pero evoluciona bajo nuevas prioridades.
La cuestión central ya no es si la transición continuará, sino cómo avanzar ya qué ritmo, acelerando la construcción de infraestructura habilitante, reduciendo costos y garantizando el acceso universal a la energía.
Estas redefiniciones se pueden sistematizar en siete cambios fundamentales:
• La seguridad energética se convirtió en el motor a nivel mundial.
• El apoyo público a la transición energética se ve cuestionado, impulsado en parte por los altos precios de la energía.
• La demanda de electricidad ingresó en un superciclo estructural.
• El gas natural y la energía nuclear vuelven a estar en los aviones con fuerza.
• Se pasó de "explotar los activos" a "construir los activos" en el sistema energético.
• La trayectoria de la demanda de petróleo y gas es mayor de lo esperado, pero también cada vez más incierta.
• Las trayectorias de los costos de la tecnología están divergiendo: algunos están cayendo rápidamente, otros se muestran persistentemente más caros.
Así, de acuerdo al análisis de BCG, la demanda eléctrica global entró en un superciclo estructural, impulsado por la digitalización, la expensión de centros de datos de inteligencia artificial y la electrificación de sectores como transporte, edificios e industria.
Pero en paralelo, el gas natural y la energía nuclear experimentan un resurgimiento como fuentes de generación firme (es decir, gestionables y despachables), y las proyecciones de demanda de petróleo y gas se mantienen más robustas de lo previsto, especialmente en sectores de difícil sustitución como aviación, transporte pesado y petroquímica.
En este escenario, los recursos fósiles continúan desempeñando un rol estratégico a nivel global. El informe muestra que, incluso bajo trayectorias de transición acelerada, el consumo global de petróleo en 2040 se mantendrá cercano a los niveles actuales, y que la demanda de gas natural licuado (GNL) crecerá casi un 80% para 2040, impulsada por su papel en la seguridad energética y la diversificación de fuentes.
Para países con capacidad de producción competitiva y potencial exportador, como Argentina, esto plantea una oportunidad estratégica para posicionarse como proveedor energético confiable y atraer inversiones en un contexto de creciente incertidumbre global.
"Argentina cuenta con recursos fósiles estratégicos que, mediante el desarrollo del potencial de Vaca Muerta, generarán inversión, empleo y divisas. El desafío no es elegir entre fósiles o renovables, sino integrarlos de forma inteligente: petróleo y gas como motores de desarrollo económico en el corto y mediano plazo, y renovables complementando un sistema energético más limpio y sostenible en el largo plazo", aseguró Leonardo De Lella, director general y socio de BCG en la presentación del trabajo global.
En América Latina, las condiciones naturales favorables para las energías renovables conviven con recursos relevantes de petróleo y gas. Esta combinación plantea un camino de transición distinto al europeo, más cercano a casos como Indonesia o Texas, donde los recursos fósiles coexisten con renovables de rápido despliegue.
El desafío está en transformar esa riqueza energética, renovable y fósil, en un motor de inversión, desarrollo de cadenas de valor y progreso económico y social, resaltó el estudio en el cual se concluye que la transición energética global avanza hacia una etapa más exigente, marcada por la necesidad de construir una gran escala, contener los costos y asegurar el acceso, adaptando las estrategias al punto de partida de cada país.