2025-07-04

Un servicio afectado en plena ola polar

Cinco claves para entender por qué se interrumpió el suministro de gas a pesar de Vaca Muerta

La ola de frío extremo que cubrió todo el territorio argentino y provocó serias dificultades en el abastecimiento de gas en distintos sectores, no difiere de lo que ya se asume como el severo pico estacional de demanda que el sistema registra en estas épocas del año, y que obliga a medidas de restricción como se viene registrando en las últimas dos décadas. En todo eso, nada nuevo.

Pero en esta oportunidad los interrogantes son mayores cuando se advierte que si algo no tenía discusión en la Argentina era el poder de Vaca Muerta de dar por finalizado el proceso exitoso de abastecimiento interno y convertirse en un proveedor de escala global. Pero cuando todos –desde lo público y lo privado– pensaban que estaba todo listo para salir a comerse la cancha, algo falló.

Las temperaturas de dos dígitos bajo cero que llevaron el promedio a los registros más bajos de los últimos 30 años, son la primera explicación al corte de suministro que hubo que imponer a usuarios con contratos interrumpibles de gas como estaciones de servicio de GNC, industrias, usinas de generación eléctrica y hasta (otra vez) las exportaciones a Chile.

Un repaso de lo ocurrido en los últimos días, realizado con distintas fuentes, permite plantear al menos cinco claves para entender qué ocurrió con el sistema gasífero, pero sobre todo pensar qué hay aún por hacer para que en los próximos inviernos la situación no sea más extrema.

 

Picos de demanda

El consumo de gas en Argentina, especialmente el domiciliario prioritario para calefacción, se dispara drásticamente durante los meses de invierno. Cuando se presentan olas de frío polar tempranas o de intensidad excepcional, la demanda puede llegar a multiplicarse por cinco respecto de la demanda de verano y supera la capacidad de producción y transporte actual.

Más aún, en estos días de frío extremo se registró un consumo inédito del segmento residencial, al pasar los 100 MMm³/d, obligando a volver a las restricciones y cortes en el suministro a industrias, estaciones de GNC y, también inédito, incluso a hogares.

 

Capacidad de transporte

A pesar de que Argentina posee una de las mayores reservas de gas no convencional en Vaca Muerta, la infraestructura de gasoductos y plantas compresoras no ha crecido al ritmo necesario para transportar eficientemente todo el shale gas producido a los centros de consumo.

Obras clave como la segunda etapa del Gasoducto Néstor Kirchner, las obras complementarias de la reversión del Gasoducto Norte o el trazado de un nuevo ducto paralelo al centro-oeste desde la Cuenca Neuquina, que permitirían transportar más gas desde el sur hacia el centro y norte del país, han sufrido retrasos o paralizaciones, generando cuellos de botella.

 

La oferta puede fallar

Más allá de las grandes obras, pueden surgir problemas técnicos en las plantas de producción, en los puntos de inyección o en las propias transportadoras de gas. Y ejemplos no faltaron estos días, con bloques gasíferos importantes que estuvieron por debajo del nivel requerido para esta etapa del año, ya sea por el impacto del clima como por cuestiones operativas, según explicaron.

Las fallas y problemas técnicos en la cadena de suministro llevan a las bajas de presión en la red, como acaba de registrarse, y pueden generar interrupciones o reducciones en el caudal de gas, impactando la distribución final.

 

Importaciones sí o no

Aunque Argentina es un país gasífero, aún necesita importar gas, principalmente Gas Natural Licuado (GNL) que se inyecta al sistema a través del buque regasificador amarrado a la terminal de Escobar, en el norte bonaerense. Su rol en la actual crisis fue indispensable al aportar unos 20 MMm³/d, pero a pesar de los cuestionamientos por costos y consideraciones políticas, su presencia es clave.

El GNL –basta mirar los casos de Brasil y España– no solo es mucho más económico que el gasoil y el fuel oil con que pueden funcionar las centrales termoeléctricas, sino que es un sistema más flexible y económico que construir infraestructura adicional solo para el pico de días.

 

Planificación energética

El gran ausente de la actual situación es la mirada de largo plazo. Sectores de la industria y analistas critican la falta de una política consistente que anticipe las contingencias futuras y, en particular, una discusión sobre seguridad energética mediante reservas gasíferas estacionales, la ampliación del suministro de base para reducir los picos o la disponibilidad, incluso, de un segundo regasificador en las semanas de mayor riesgo.

Por el contrario, la discontinuidad en la planificación de obras de infraestructura energética contribuye a que el sistema opere al límite y sea vulnerable ante estas coyunturas imprevistas.

Estas cinco claves, a las que se pueden sumar otras según las miradas desde la oferta o la demanda, desde lo público o lo privado, hablan de un problema multicausal y estructural del sistema energético y gasífero del país, a pesar de lo cual todos coinciden en que el potencial productivo está intacto. Es solo cuestión de seguir acomodando variables y trazar escenarios realistas sobre las complejidades en discusión.

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