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La seguridad energética ya no se mide en barriles, según la Agencia Internacional de Energías Renovables
En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, proteccionismo, guerras comerciales y crisis climáticas, la energía se consolida como uno de los factores estratégicos más determinantes para el poder mundial. Así lo advierte Francesco La Camera, director general de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), en su reciente informe titulado “El papel poderoso en la geopolítica es gestionar la transición energética”.
“El concepto de seguridad energética ya no puede definirse solo por el acceso a combustibles fósiles. Debe incluir la capacidad de producción renovable y la resiliencia tecnológica”, plantea La Camera.
Según el análisis, la transición hacia energías limpias no solo es inevitable, sino que se ha transformado en el nuevo campo de disputa geopolítica, donde el control de materiales críticos y la innovación tecnológica serán clave para asegurar el liderazgo.
Solo en 2024, el mundo sumó un récord de 585 gigavatios de nueva capacidad de energías renovables. A este ritmo, IRENA proyecta que para 2050, el 90 % de la electricidad mundial deberá provenir de fuentes renovables si se quiere cumplir con el objetivo climático de 1.5°C.
Sin embargo, esta transformación no está exenta de desafíos. La concentración del acceso a minerales críticos como litio, cobalto, níquel y tierras raras en pocos países genera vulnerabilidades.
La competencia por estos recursos podría escalar en forma de guerras comerciales, restricciones a la exportación o manipulaciones de mercado, encareciendo y ralentizando el proceso de transición energética.
“Si bien no hay escasez de reservas de materiales críticos, por ejemplo, hay 560 millones de toneladas de litio estimadas globalmente y la demanda proyectada al 2030 es de solo 2 millones por año, lo que falta es inversión y diversificación geográfica de las cadenas de suministro”, enfatiza el informe.
La transición energética exige colaboración global. Ningún país domina por completo todas las etapas de las tecnologías limpias. Por eso, IRENA hace un llamado urgente a la cooperación internacional para desarrollar nuevos yacimientos, especialmente en regiones como África, fomentar la innovación tecnológica (como baterías más eficientes o sustitutos de materiales escasos) y asegurar que los países en desarrollo también se beneficien de sus recursos naturales.
En paralelo, la organización remarca la necesidad de repensar los modelos de gobernanza. “Las viejas reglas del juego no aplican a esta nueva era energética. Se requiere un enfoque más inclusivo y sostenible, con mercados transparentes, acuerdos equitativos y una visión compartida del desarrollo”, sostiene La Camera.
En 2018, IRENA creó la Comisión Global sobre Geopolítica de la Transformación Energética. Hoy, la agencia redobla la apuesta y propone relanzarla con una nueva mirada, que integre los impactos de las renovables en el comercio, la política, el ambiente y la economía global.
“La energía ha sido históricamente una fuente de poder. Hoy, el verdadero liderazgo se encuentra en la capacidad de guiar con éxito esta transición energética. Es ahí donde se jugará el futuro geopolítico del planeta”, concluye La Camera.