2024-10-17

Estudio

El poder del consumidor puede acelerar la transición energética

El mundo atraviesa un debate en el que se considera prioritario acelerar la transición energética hacia una actividad de la humanidad con menores emisiones de carbono como herramienta principal para la lucha contra el cambio climático. Pero los esfuerzos están mayormente centrados en medidas para reemplazar los suministros de energía con alto contenido de carbono por alternativas con bajas o nulas emisiones, es decir, una estrategia impulsada desde la oferta que ya se advierte no resultará suficiente.

El estudio de Boston Consulting Group (BCG), bajo el título "Impulsar la transición energética impulsando la demanda de los clientes", plantea que hay una gran posibilidad de avanzar de dos a cinco veces más rápido en nuevos bienes y servicios orientados de baja o nulas emisiones orientados a edificios residenciales y comerciales, trasporte e industria, y a la vez tener un impacto más duradero.

La oportunidad dentro de estos sectores cubre el 60% de la demanda mundial de energía y un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. "Las empresas pueden desarrollar productos y servicios que satisfagan las necesidades específicas de los clientes para impulsar una transición impulsada por la demanda. Este enfoque centrado en el cliente puede desbloquear una transición que se desarrolle más rápido y tenga más poder de permanencia", resalta el estudio.

En ese sentido, se detalla que las tecnologías bajas en carbono suministran actualmente un 42% más de energía primaria que en 2015 -el año del Acuerdo de París-, principalmente gracias a factores impulsados por la oferta.

Sin embargo, aunque las medidas centradas en la oferta están teniendo un impacto positivo, el uso de combustibles fósiles aún no está disminuyendo, a pesar de que la energía renovable está aumentando. Para acelerar la transición, las empresas y los gobiernos pueden hacer progresos significativos si se centran por igual en el lado de la demanda de la ecuación.

En los tres sectores que representan el 60% de la demanda ya existen tecnologías escalables, políticas gubernamentales e incentivos establecidos, y cuentan con un camino claro para desarrollar productos y servicios atractivos para los consumidores. Hay ejemplos de estas transiciones centradas en el cliente como los paneles solares fotovoltaicos en India, los vehículos eléctricos en la Unión Europea y Estados Unidos, y las bombas de calor en Europa.

 

Si bien las grandes compañías lideran la transición energética, el enfoque desde la oferta hace más lento ese camino.

La expansión de esas soluciones regionales podrían reducir las emisiones globales relacionadas con la energía en 1.5 gigatoneladas de CO2 equivalente, o un 4%, estima el reporte de la consultora global. Para facilitar un abordaje más local, Leonardo De Lella, Managing Director & Partner de BCG, destacó que "los clientes esperan productos y servicios cada vez más sostenibles", pero buscan ofertas atractivas que traduzcan su compromiso en acciones.

Para aprovechar esta demanda, las empresas están desarrollando productos y servicios que no sólo sean sostenibles, sino que también sean competitivos en costos, que ofrezcan características adicionales y un rendimiento excepcional. Sin embargo, en países en desarrollo y con dificultades económicas que afectan a gran parte de la población, como la Argentina, el aumento en la demanda de productos y servicios sostenibles "podría tardar más en materializarse, dado que el punto de partida está significativamente más rezagado".

"Para que los consumidores argentinos adopten estas alternativas, es fundamental que las soluciones sostenibles sean competitivas en costos antes de observar un cambio significativo en los hábitos de compra", explicó De Lella. Y agregó que esa preocupación por el ambiente debe traducirse en decisiones de consumo.

"En Argentina, por ejemplo, la penetración de paneles solares en los hogares es muy baja, a pesar del alto potencial", indicó el analista al considerar que cambiar esta situación requiere "incentivos y políticas regulatorias claras".

Algunos programas como los de generación distribuida en provincias como Santa Fe y Mendoza, mostraron avances, aunque es necesario seguir mejorando el acceso a subsidios, facilidades de financiamiento, la posibilidad de vender el excedente de energía a tarifas atractivas, y procesos de permisos más ágiles. "Se debe poner mayor énfasis en los beneficios económicos y de rendimiento, como la estabilización de costos y la confiabilidad ante cortes de energía", remarcó.

El reporte, basado en el análisis de más de 65 casos de estudio, identifica cuatro beneficios principales que hacen que los productos sostenibles sean deseables para los consumidores vinculados a ventajas económicas en los costos, un rendimiento mayor del producto, una mejor experiencia del consumidor, y una marca y narrativa sólidas, que generan una mayor conciencia positiva a través de una comunicación clara y accesible.

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