2026-06-04

Volanta
Energía nuclear

Todos los detalles de la iniciativa privada por US$120 millones para reactivar la Planta de Agua Pesada de Neuquén

La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), en la provincia de Neuquén, se encuentra nuevamente en el centro de una propuesta que busca revertir casi una década de inactividad de este gigante de la infraestructura nuclear. Las firmas Saesa, especializada en la comercialización de gas natural y energía, y Spark Energy, dedicada a soluciones técnicas de ingeniería, presentaron ante el Gobierno nacional un proyecto de iniciativa privada para la reactivación de la planta.

La propuesta contempla una inversión de capital netamente privado que asciende a los US$120 millones, orientada al reacondicionamiento, modernización técnica (revamping) y posterior operación comercial de la planta de agua pesada más grande del planeta, tal como destacó el presidente de Saesa, Juan Bosch.

La propuesta formal ingresó bajo los lineamientos que regulan los regímenes de iniciativa privada a nivel nacional, un mecanismo que abre un período de evaluación por parte de las carteras técnicas del Gobierno, incluyendo las áreas de energía y minería, así como los organismos de control técnico e industrial competentes. De obtener el visto bueno técnico y legal, se procederá al diseño de los pliegos licitatorios, donde el iniciador suele contar con prerrogativas para la adjudicación.

Un activo estratégico para el sector

La PIAP representa un activo de magnitud singular para el sector energético. Su construcción demandó en su momento una inversión pública cercana a los US$1.000 millones, inició sus operaciones comerciales en 1993 y registró su pico histórico de producción en 1998. Sin embargo, desde 2017 la instalación permanece paralizada, sin producir un solo kilogramo de insumo, lo cual genera un costo de mantenimiento vegetativo estimado en más de 12 millones de dólares anuales.

Mantener la PIAP demanda 12 millones de dólares anuales.

La propuesta empresaria apunta a transformar este pasivo financiero e industrial en un polo exportador de alto valor agregado que prescinda de los desembolsos o subsidios por parte del Estado nacional que hoy apenas alcanzan para el mantenimiento mínimo. El marco operativo del proyecto se fundamenta en un esquema de financiamiento privado y un horizonte de ejecución de 36 meses a partir del momento en que se otorguen las aprobaciones regulatorias correspondientes.

El plan de negocios contempla no solo la puesta a punto de los reactores de intercambio isotópico, sino también una profunda reingeniería de procesos para acoplar la operación a los estándares contemporáneos de eficiencia energética y seguridad industrial. Para ello, el suministro de gas natural de la cuenca neuquina se consolida como el insumo crítico y vector principal del proceso productivo.

La localización de la PIAP otorga una ventaja competitiva de carácter estructural debido a la proximidad con la formación Vaca Muerta. El proceso de obtención de agua pesada de alta pureza requiere de un consumo intensivo de gas natural y energía eléctrica. De acuerdo con las especificaciones técnicas preliminares del proyecto, la planta procesará un volumen estimado de hasta 600.000 metros cúbicos diarios de gas natural.

Para asegurar la viabilidad del suministro, Saesa estructuró acuerdos preliminares (MOUs) con productores de gas natural que operan en la cuenca neuquina, garantizando el flujo continuo del insumo clave para la operación ininterrumpida de las instalaciones.

El diseño original de la planta destaca por su escala: dos líneas de producción con una capacidad nominal conjunta de 200 toneladas anuales de agua pesada de grado nuclear (pureza superior al 99,7%). La modernización propuesta prevé la optimización de los sistemas de compresión, la actualización de los instrumentos de control analítico y el reemplazo de componentes críticos que sufrieron el desgaste propio del cese prolongado de operaciones.

Mercados externos y nuevos usos

La reactivación de la infraestructura neuquina proyecta reinsertar a la Argentina en un selecto grupo de proveedores globales de alta tecnología. Con la planta operativa, el país ingresa al grupo de los cinco principales productores mundiales de agua pesada, un segmento actualmente liderado y disputado por naciones como Canadá, la India, Rumania y China. Todo lo que produzca permitirá abastecer a las centrales nucleares Atucha I y II y Embalse, y los excedentes ser exportados para atender un mercado de alta demanda.

Para respaldar el flujo de ingresos que justificará la inversión, Saesa selló entendimientos preliminares con compradores internacionales de diversas regiones. Estos preacuerdos comerciales pretenden asegurar la colocación de la producción desde el inicio de la nueva fase comercial, minimizando el riesgo de inventario y garantizando un ingreso genuino de divisas a la economía argentina.

Bosch destacó que el mercado internacional exhibe una demanda sostenida debido a que funciona como el moderador y refrigerante indispensable para los reactores nucleares de tecnología de uranio natural y agua pesada, comúnmente conocidos bajo el diseño CANDU (Canadian Deuterium Uranium). Estos reactores se encuentran activos y operativos en países como el propio Canadá, la India, Rumania, Corea del Sur y China.

Más allá del sector estrictamente nucleoeléctrico, el plan comercial diseñado por los proponentes contempla una diversificación hacia mercados industriales no convencionales de muy alta rentabilidad. En las últimas décadas, el agua pesada cobró una relevancia creciente en la industria farmacéutica para el desarrollo de compuestos deuterados.

La introducción de este insumo en lugar de hidrógeno en determinadas moléculas farmacéuticas ralentiza el metabolismo de los medicamentos en el cuerpo humano, lo que permite extender la eficacia de las dosis y reducir los efectos secundarios. Asimismo, es demandado en la investigación científica avanzada, la biotecnología y la industria manufacturera de semiconductores y microchips de última generación, donde se utiliza para mejorar la resistencia de los componentes ante la degradación térmica.

Las empresas que conforman el consorcio complementan sus perfiles comerciales y técnicos para dar respuesta a este desafío. Por un lado, Saesa aporta su experiencia de dos décadas en el mercado de comercialización energética local, además de contar con oficinas operativas en Europa desde las cuales coordina el comercio de materias primas e insumos estratégicos con clientes de escala global.

Por el otro lado, Spark asume la responsabilidad del soporte técnico, la ingeniería de detalle, la construcción, y el posterior mantenimiento de la planta. La compañía cuenta con experiencia específica en la ejecución de contratos bajo las modalidades EPC, EPCm y esquemas integrales de operación y mantenimiento (O&M) para corporaciones en el segmento del petróleo y el gas, con anclaje en los yacimientos no convencionales.

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